El nuevo Uruguay
Montevideo, Oct (IPS) – Se suele afirmar -concepto que comparto- que un país es una tradición y un proyecto. Es una tradición porque el mismo representa circunstancias y hechos que marcaron a un pueblo asentado en un territorio dado; en definitiva, se trata de una historia en común que se traduce en unos valores y en una cierta mirada compartidos por la sociedad a través del tiempo.
Un país es, por sobre todo, el sentido de pertenencia a una comunidad espiritual. Este concepto de tradición, o de lo mejor de la misma, no puede ser desconocido sino que más bien debe ser integrado a cualquier proceso social y, en especial, a un proceso de cambio.
La República Oriental del Uruguay atravesó una de las peores crisis de su historia, la cual puso en cuestión a valores que representaron los cimientos sobre los que se asienta nuestra sociedad y que, trabajosamente, las generaciones anteriores fueron edificando. Esta situación se tradujo en el desempleo, la inseguridad, la paralización del sistema productivo nacional, la ruptura del sistema de salud, la marginalización y la fractura de la familia, así como la emigración de miles y miles de compatriotas. Ello generó a su vez, y como no puede ser de otra manera, un sentimiento de profunda desesperanza en el futuro del país. Ante este estado de cosas el próximo gobierno, que asumirá sus funciones el 1 de marzo de 2005, deberá, de manera inaplazable, aplicar políticas públicas activas para recomponer o sentar las bases de un nuevo proyecto de convivencia para la recuperación de nuestra identidad nacional. Dicho programa deberá ocuparse, prioritariamente, del empleo, de la descentralización administrativa, de la recuperación del sistema productivo nacional, de la educación, de la integración regional y de la inserción internacional de la República.
Una empresa de esta envergadura no admite propuestas voluntaristas sino proyectos razonables y posibles. Es en ese marco que hemos presentado a la opinión pública el programa de gobierno del Partido Nacional, el que ha sido complementado con propuestas como, a título de ejemplo, el Consenso Uruguay 2005, Ciencia, Tecnología e Innovación, la Propuesta de los Jóvenes para los Jóvenes, el Plan de Desarrollo Integral y la Nueva Educación.
Por otra parte, un compromiso electoral con este alcance y contenido debe explicitar los principios rectores que orientarán las políticas públicas que impulsaremos desde el gobierno, las que consistirán en:
a) la reafirmación del principio de igualdad de oportunidades de todos los compatriotas;
b) el otorgar prioridad a las demandas sociales de los sectores más desvalidos de la sociedad;
c) el restablecimiento de la solidaridad intergeneracional; y
d) la actuación pública basada en la transparencia y la honradez administrativa.
Un proyecto colectivo de esta naturaleza debe ser necesariamente incluyente de todos nuestros compatriotas y requiere de la credibilidad del convocante. El Partido Nacional, partido que nació con la patria misma y representó y representa la verdadera modernización de la Republica Oriental del Uruguay, tiene las credenciales suficientes para llevar adelante esta verdadera ola de esperanza compartida. Sabré estar a la altura de las circunstancias. (FIN/COPYRIGHT IPS)
(*) Jorge Larrañaga, candidato a la presidencia de Uruguay por el Partido Nacional.
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