DOCTOR LUIS ALBERTO LACALLE (EX PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, LIDER DEL HERRERISMO)

Lacalle: "Demostré que se puede perder y seguir perteneciendo al Partido Nacional"

–Al repasar LA REPUBLICA de noviembre de 1989, antes que usted ganara las elecciones, aparecen temas vitales en pugna: el plebiscito de la reforma jubilatoria, deuda externa, evasión fiscal, injerencia militar en el gobierno. Quince años después, parece que la carrera electoral es bastante menos analítica en asuntos de fondo.

–Creo que hemos avanzado en un camino que no es bueno, que es descalificar al que piensa distinto. Y segundo decir que una persona no tiene razón simplemente por ser blanco, frentista o colorado. A partir de eso, es que empieza el contenido de campaña electoral a perder sustancia. Por eso el Partido Nacional está empeñado en que se retomen los debates. Y esto no es una compadrada, una «mojada de oreja»: es simplemente el hecho biológico de dos personas enfrentarse ante el público televisivo, dos personas de bien, dos personas educadas, que van a levantar su nivel, por el solo hecho de ponerse a discutir educación salud, economía, lo que sea… se pondrá medio áspero, podrá haber una crítica fuerte, pero eso es importante: porque uno ve cómo reacciona el individuo. Así, nos estamos comiendo la lechuga en vez de comer el plato central.

–Disculpe, pero mistifica el show televisado: quien quiere analizar propuestas las consigue en cualquier esquina y las analiza con detención. De ahí a pensar que el debate televisivo cambia las cosas, hay un abismo…

–Yo no le doy al debate televisivo poderes taumatúrgicos o mágicos. Es que el simple hecho de tener enfrente a Larrañaga o a Vázquez, hace que yo tenga que levantar el nivel, porque me voy a estar levantando el nivel ante la gente y tengo que ir a la sustancia. Porque si yo le digo en un debate a mi contrincante: así que en el año tal o cual usted firmó un documento… ¡No mi viejo! Yo tengo un grave problema de desempleo y me habla de año tal o cual… entonces: eso sirve, porque yo me veo obligado a levantar el nivel. Creo que ha sido una campaña donde ha habido varias propuestas del doctor Larrañaga, alguna de Vázquez… pero a esta campaña le hago el símil de un duelo de artillería: usted no lo ve al otro y acá está con su pieza de 75 mm y les tira un cañonazo… y a los dos días viene otro cañonazo. ¿Por qué? Porque Larrañaga estaba en Bella Unión y Vázquez en Maldonado. Vamos a ponerlos frente a frente en el buen sentido de la palabra. Además, porque tenemos que recuperar para la gente joven el sentido de que discutir no es pelear, ni criticar es insultar, que son cosas distintas.

–¿Usted refiere a insultos y situaciones que nadie esperaba en la campaña?

–Yo pregunto: el lunes siguiente a que esto se termine, sea cual sea ese lunes, ¿nosotros le vamos a regalar al país, dos pedazos de país, crispado el uno con el otro, sellados, cerrados, amurallados, con resentimientos, heridas, cosas personales. O vamos simplemente a mostrar dos caminos y cuando se produzca el laudo, inmediatamente hacer algo en conjunto? Por eso yo le doy una gran importancia al librito azul nuestro que decía: la primera semana de diciembre convocatoria nacional por la deuda externa, porque el país necesita el lunes siguiente un mensaje de coincidencia. Y si no coincidimos en la deuda externa que es un tema fundamental, no coincidimos en nada.

–Cabría calificar hasta de inéditas algunas de estas declaraciones… pero más por su ausencia que por su presencia en esta carrera. Sanguinetti se cargó el partido al hombro en esta final… Usted ¿no se carga el fardo?

–Creo que lo estoy haciendo. Yo creo haber aportado modestamente a la vida política del país, en dos circunstancias recientes. Primero: la noche del 27 de junio. El salir a decir: ¡viva el doctor Larrañaga candidato único del Partido Nacional!, para mí fue algo que hacía falta. Para demostrar que se puede perder y seguir perteneciendo al Partido Nacional. Creo que es una cosa que a los blancos les hizo bien y contribuyó al sentido que tenemos de partido unido. Y la otra, es que yo, sin ser candidato estoy haciendo campaña como si lo fuera: estoy yendo a todos los departamentos, a todos los pueblos, como cuando fui candidato. ¿Que no salgo en los diarios? No sé, porque no dan noticias que estoy… pero yo estoy haciendo más de 150 asambleas de acá al fin de la campaña, mostrando que no hace falta ser candidato para estar interesado en la vida política.

El color de la corrupción

–La peor crisis financiera de la historia uruguaya marcó un antes y un después de 2002 en este país. ¿Cree que el nuevo gobierno deberá seguir profundizando la búsqueda de responsabilidades de este hito?

–El país tiene contralores y controles buenos, que no siempre son tenidos en cuenta. Y en el ajuste político, lamentablemente nos hicieron la jugada del outsider al Herrerismo, porque no lo quisieron discutir: nosotros fortalecíamos al Tribunal de Cuentas como tiene que fortalecerse. Porque si no es una función totalmente literaria la que cumple. Entonces, si está la Auditoría General de la Nación, está el Tribunal de Cuentas, pongamos en sus debidos términos lo que puede y debe hacer un gobierno cuando accede al poder. ¿Cómo recibo el negocio? Como se hacía en los almacenes: explicar por qué estamos en rojo estamos en tal o cual situación. No hay que hacer de esto carne de opinión pública. Hay que tomar una decisión que es muy legítima: yo quiero saber cómo encuentro el país cuando accedo a un nuevo gobierno. Eso me parece perfecto. Cuando ya se asoma por el lado de lo que no son errores administrativos, de lo que puede haber sido inconveniente e inoportuno, cuando entramos en la tipificación de conductas delictivas… si las hay, que rápidamente lo resuelva el Poder Judicial, pero tampoco hacer de esto una especie de circo.

–Hagámoslo extensivo a otras áreas… porque connotados directores blancos participaron en negocios públicos incluso desastrosos, como el caso de Ancap en Argentina, el Correo, y más…

–Todo eso ya está en trámite. Entonces no vamos a llover sobre mojado. Hay un principio de derecho (y tenemos que regirnos por el derecho en una sociedad civilizada), que no dos veces en lo mismo: hay investigación parlamentaria y hay investigación judicial. Está.

–Aún así, ¿la credibilidad de estos directores no afecta la credibilidad del Partido Nacional en esta hora?

–Puede afectar la credibilidad de los directores, en la medida en que hayan actuado ellos solos, o en la medida en que hayan actuado mandatados por el partido. Hay dos formas de estar en un directorio autónomo: usted está consultando y recibe respaldo para tomar tal decisión, es el partido a través suyo, después está lo que es la actividad individual, un tema totalmente distinto.

–Y los directores blancos, ¿cómo han actuado?

–Mandatados. Cuando yo era presidente del directorio, todas las medidas: Banco Central, Ancap, UTE, Antel, siempre fueron los directores y recibieron del cuerpo un mandato.

Herrerismo diferencial

–¿Qué debe volcar a los indecisos, los que definirán esta elección a votar por los blancos, y en ese caso, listas del Herrerismo?

–Creo que en el Partido Nacional, el diferencial lo hacen dos o tres puntos. Primero: una unidad más sólida que la del Frente Amplio, que es una coalición a la que se le notan los puntos de sutura. Por eso ya hay intentos de oposición a Astori, aun antes de haber ganado las elecciones; o sea, la unidad es una virtud del Partido Nacional, donde lo único que tenemos de diferencia es en el plebiscito por el agua. Segundo: creo que el equipo del Partido Nacional es muy bueno. Con la experiencia del 90-95 tenemos una cantera reciente
de algo que fue un buen gobierno. Porque fue un gobierno reconocido como el mejor de los últimos tres. Y además, Larrañaga me tiene a mí, en lo que me quiera preguntar. Estoy dispuesto a darle algo que no se puede comprar en la botica que es la experiencia. Es decir: cuidado por acá, esto es así; un derecho de piso que pagué yo, y todos los primeros presidentes…

–¿Qué diferencias enfrentará Larrañaga de asumir con respecto a las que enfrentó usted cuando asumió?

–El país ha cambiado mucho. Hay temas que desaparecieron y otros que emergieron. Con la deuda externa, después de nuestro gobierno se pagó el 30% y se renegoció a 30 años. Hoy de nuevo es un tema, pero en el 94 no, porque estaba solucionado. Creo que el tema financiero, tributario, salud y educativo, deberían ser hoy los ejes de la campaña. Y creo que en todos el Partido Nacional tiene posiciones buenas, originales. El Herrerismo en algunas incluso más concreto: yo sigo defendiendo la importación de combustible e insisto en que es un error no decir que sí al gasoil barato. Pero el partido está encaminado a eso.

–¿Cree que será en el campo del razonamiento o de las pasiones donde decidirá su voto el porcentaje de indecisos, y de eventuales pases de votantes, que definirán la elección?

–Los blancos somos blancos y los frentistas frentistas. Pero hoy, somos piso para que un 8, un 10 por ciento, elija. Y creo que si se hace una campaña de razonamiento el Partido Nacional puede llegarle, exhibiendo una mejor opción (a mí me gusta mucho la palabra mejor: no decir que el otro es malo, lo mío es mejor). A veces puede sonar a vanidad pero hay que hacerlo con modestia. Me parece que lo mío es mejor: resuelva usted.

–Ese 10 por ciento parece acosado por problemas laborales, que podrían condicionarle ese razonamiento…

–Acá el empleo lo genera la actividad privada: si alguien cree que los puestos de trabajo los van a generar intendencias, ministerios, los entes, está en otro país. Gracias a la Ley de Puertos, uno de los grandes logros del gobierno del Partido Nacional, se dio libertad a toda la logística el movimiento de cargas, que ahora, ocupa 30.000 personas. Para el año 2010, pasado mañana en términos históricos, generará 30.000 puestos más: ahí está el camino, que no es frentista, blanco, ni colorado. Es generar a partir de la logística, trabajo genuino, como lo hacen Chile, España, China, o Estados Unidos.

Por la vuelta

–Medio millón de uruguayos en el exilio miran estos días como nunca hacia acá, y cierto es que buena parte desearía volver.

–Creo que con la «patria peregrina», como bauticé a esos compatriotas que encontré en Caracas, en Madrid, en Toronto, tendremos que generar dos cosas. Yo también tengo dos hijos fuera del país y estar fuera de la patria es horrible. Pero puede tener un sentido positivo: el estar en países desarrollados, porque nadie emigra a Cuba ni a Norcorea, puede encontrar una utilidad a su experiencia. Y nosotros a su vez fomentar una operación retorno, que comenzamos durante el gobierno nacional sin ponerle nombre, facilitando que trajeran cosas para explotar en Uruguay. Y creo que están dadas las condiciones para aprobar un decreto «operación retorno»: la experiencia que tenés; los contactos que tenés, lo que sabés hacer, vení a hacerlo a Montevideo que te damos un changüí , para que empieces.

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