Comenzó la invasión de los e-mails, que acordaron dos conspiradores en Pocitos
«Tomamos el libro y obligamos a Tabaré Vázquez y a los gradualistas, así denominó a los moderados, a que digan por qué apoyaron a la URSS, a Cuba Comunista y a la guerrilla», agregó, para luego acotar que «ya no sirve agredirlos como lo hace Alexander Torres Mega, quien ve las cosas en blanco y negro». «Quiero que ellos reconozcan sus errores, pero como no lo van a hacer los dejamos pegados, ¿me entiende?», enfatizó, ante la mirada atenta de Gabriel, el de saco azul y de lentes.
El hombre calvo se identificó, ante una consulta de un parroquiano del bar, con el nombre de Gonzalo Guimaraens, quien lucía en su solapa el símbolo de Tradición, Familia y Propiedad.
El jueves 30 de noviembre llegó a 1410 AM LIBRE y a LA REPUBLICA el siguiente mail que ofrecía una nota de análisis con los siguientes títulos: «Elecciones uruguayas: ‘nueva’ izquierda y cordón umbilical. Politólogos uruguayos de izquierda, en libro recién lanzado, constatan que el Frente Amplio se abrió a sí mismo un ‘flanco polémico’ al no haber ‘reconocido públicamente sus errores’ con relación al apoyo al viejo socialismo, a la violenta guerrilla tupamara y a Cuba comunista, perdiendo hasta el momento ‘la oportunidad de hacer un ejercicio de sinceramiento histórico'; todo lo cual levanta interrogaciones cruciales que sería importante que el FA aclarase, a pocas semanas de las elecciones». Y agregaba: «Algunos tópicos del editorial: * Maquillaje político * Alergias saludables * Candidato frentista elude debates * Reacciones nerviosas * ¿Cambió el lobo rojo uruguayo? * Reconocimiento de errores * Condiciones de credibilidad * Cordón umbilical». La invasión, con ese mail que ingresó por miles al país, ya estaba desatada.
El grupo de Guimaraens
Gonzalo Guimaraens Acquistapace nació en Mercedes, departamento de Soriano. Siendo muy joven fue integrante de la Juventud Uruguaya de Pie (JUP), pasando luego a integrar el grupo utraderechista católico Tradición Familia y Propiedad (Ver: su autobiografía), que en 1999 adquirió un nuevo nombre: Tradición y Acción por un Uruguay Auténtico Cristiano y Fuerte. Compañeros de estudios aseguran que su fanatismo lo llevaba a realizar demostraciones extrañas para demostrar su fortaleza física y espiritual , como pasarse una aguja a través de la mano.
Vinculado a la extrema derecha cubana, opera desde Miami. En noviembre de 1999, pocos días antes del balotaje en nuestro país, escribió desde el sitio «cubadeste»: «El ‘cambio a la uruguaya’ que propone la izquierda no es una adaptación o adecuación, sino la eliminación del régimen político institucional vigente y su sustitución por otro profundamente opuesto, inspirado en una concepción de la vida, del individuo, de la familia atea, materialista e igualitaria».
En esos mismos días sus amigos de TFP publicaron en El País un aviso, que se presentó como pago: «Está en las manos de los blancos impedir una catástrofe para el país. Dios y la Patria les piden que actúen con generosidad y altura de miras en esta hora en que está en peligro no sólo el futuro de Uruguay sino que el de todo el continente… Que la Virgen de los Treinta y Tres, Patrona del Uruguay, ayude a cada uruguayo a cumplir su deber en esta hora, salve a la Patria de la tiranía comunista y apresure el esplendoroso Triunfo de Su Inmaculado Corazón prometido en Fátima», fue su expresión de Fe.
En setiembre el responsable de otra publicación digital donde también escribe Gimaraens, de nombre Javier González, dejó en claro el grado de fanatismo de este grupo «salvador de las democracias» en el mundo. Su amplitud de miras lo llevó a identificar a John Kerry con las izquierdas latinoamericanas, en un artículo publicado en «Destaque Internacional»: «El candidato John Kerry está recurriendo a la indefinición, al tono anestesiante y al estilo seudoespontáneo para no tener que reconocer públicamente su posición izquierdista delante de temas delicados de orden político, moral y religioso. Es indesmentible que Kerry se ha transformado en la «niña de los ojos» de las izquierdas. En América Latina, éstas ya comprendieron la eficacia desmovilizante de la anestesia psicosocial, para poder avanzar en la conquista de las mentalidades, al tiempo que evitan sobresaltos incómodos por parte de una opinión pública bastante adormecida». *
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