ENTREVISTA - JOSE VIEGAS FILHO (MINISTRO DE DEFENSA DE BRASIL)

"La frontera entre seguridad y defensa no está definida y nunca podrá estarlo"

–¿Cuál es para usted, la frontera entre seguridad y defensa; las FFAA deben intervenir en asuntos de seguridad interior?

–Esta frontera no está definida. No creo que nunca pueda estarlo. No hay una línea donde se diga aquí termina la defensa y aquí empieza la seguridad. Hay sí una intersección, hay una estrecha interrelación entre ambos conceptos. Se puede decir que defensa es un conjunto de acciones o preparaciones esencialmente militares de un gobierno. Seguridad es más bien una percepción. Tiene un elemento subjetivo innegablemente y tiene un elemento de oposición: seguro es aquel país que no se siente amenazado. Para hablar de seguridad hay que hablar de amenaza, para hablar de defensa no es necesario hablar de amenaza. Entonces, nunca habrá una frontera clara entre seguridad y defensa. Ahora, cada país define esta dicotomía, defensa-seguridad, a su manera. Entonces, en Colombia, es de determinada manera, en Brasil, claramente es otra, en Uruguay, otra. En Chile, la policía es parte del Ministerio de Defensa. En Brasil, la policía no es parte del Ministerio de Defensa. En Colombia, las Fuerzas Armadas tienen mandatos policiales; en Brasil, no. O sea, cada país tiene su mezcla entre defensa, seguridad, mandato militar, mandato policial, porque cada país tiene que responder a su situación específica. Desde el punto de vista de Brasil, la regla fundamental es que cada país pueda disponer libremente de las prerrogativas de atribuir funciones a sus Fuerzas Armadas, sin que haya una necesidad de adoptar sistemas que sean comunes a todos. Las realidades de cada país son distintas, las tradiciones de cada país son distintas y hay que respetarlas y tomarlas en cuenta.

–Pero tradicionalmente las Fuerzas Armadas no están básicamente entrenadas para asumir tareas de seguridad

–Tradicionalmente, países como el Brasil tienen el orgullo de que sus Fuerzas Armadas sean destinadas a la defensa, a la integridad de la república. Tomemos el ejemplo de Brasil: en Brasil las Fuerzas Armadas no tienen competencia policial. Y no la quieren tener. La competencia es de la policía. Sin embargo, nosotros tenemos unas fronteras amazónicas donde no hay presencia policial y entonces, por pragmatismo, por sentido de realidad, nuestras Fuerzas Armadas tienen alguna atribución policial en las fronteras donde no hay policías; pueden operar con acciones preventivas o acciones represivas, no así en situaciones urbanas. Entonces, ocurre un delito, la fuerza armada va en defensa de la ley y del orden, hasta que el Ministerio de Justicia pueda hacerse cargo.

Biopiratería, narcotráfico, contrabando, las Fuerzas Armadas no están indiferentes a la comisión de delitos.

–Sin embargo, las Fuerzas Armadas de Brasil han sido convocadas para atender directamente situaciones de narcotráfico en algún centro urbano.

–Ahí también está previsto en la Constitución brasilera, en el artículo 142, que cuando haya una determinación específica del presidente las Fuerzas Armadas a su pedido pueden actuar por un período de tiempo limitado, y en una extensión geográfica limitada, para garantizar el cumplimiento de la ley y del orden.

–¿Las Fuerzas Armadas deben participar en la lucha contra el terrorismo?

–Mire, la amenaza del terrorismo es a nivel mundial. No es un fenómeno latinoamericano ni felizmente sudamericano. Actualmente, tiene una magnitud que lleva a que ningún país pueda sentirse que esté libre de manifestaciones terroristas. Requiere una actitud permanente de vigilancia, de atención. El terrorismo no es un problema militar. Es un problema de otra naturaleza. El terrorismo afecta a la sociedad civil. Los típicos blancos del terrorismo no son cuarteles o guarniciones militares sino más bien lugares que son frecuentados por la gente del pueblo. La manera de enfrentarlo no es un asunto de naturaleza militar. Tiene que ser resuelto fundamentalmente con acciones de inteligencia, y la inteligencia requiere la coordinación entre distintos servicios. En Brasil nosotros tenemos una agencia federal de inteligencia vinculada al Ministerio de Justicia. Las Fuerzas Armadas también tienen sus servicios de inteligencia. Entonces, se construye una convergencia, una coordinación de los servicios que es la manera más eficaz de prevenir. La lucha contra el terrorismo es fundamentalmente una lucha preventiva. Es detectar en tiempo e impedir que ocurran acciones terroristas. Por tanto, la participación de las Fuerzas Armadas es casi indirecta. Por supuesto que hacen parte del combate al terrorismo no tanto como vanguardia, pero como parte integrante de esta lucha.

El riesgo es real, la única manera de hacer frente es tener una atención permanente. En Sudamérica nos sentimos menos vulnerables y más unidos ante esta situación.

–¿Cuáles son las amenazas que enfrenta Brasil para su seguridad?

–Nosotros felizmente no sufrimos ninguna amenaza externa. No hay hipótesis de guerra en el caso de Brasil. Se habla mucho de nuevas amenazas que son las acciones delictivas del crimen transnacional, el narcotráfico, el contrabando. El terrorismo ya dije requiere una atención de inteligencia. Y sobre todo, no es una amenaza, es un desafío, la construcción de un país más justo, más integrado, con más inclusión social. Las amenazas a que me refiero, crimen transnacional, narcotráfico, contrabando, violaciones transfronterizas, luchas por el desarrollo y el ascenso social, en algún grado, todos los países de la región las comparten. No hay amenazas convencionales, externas, lo que sí hay son problemas comunes, que nos unen y que nuestras armadas ven que tienen que ser resueltos en común. Ese es el horizonte que yo veo para América del Sur.

–¿En ese horizonte vislumbra una integración militar?

–No necesariamente. La integración militar ya existe. Yo estoy aquí hablando con mi colega y amigo, Yamandú Fau. Estuve el lunes hablando con los ministros de Defensa del Cono Sur. Estuve en Lima conversando con los ministros de Perú, Ecuador, Colombia. Ya existe un grado de coordinación bastante amplia, por ejemplo, en la participación significativa en Haití bajo mandato de Naciones Unidas. O sea, tal como estamos hoy, ya nada nos impide tener una efectiva coordinación de las Fuerzas Armadas de nuestra región. Con el tiempo, si es que se considera necesario, se podrá construir alguna institución internacional, pero no es urgente.

–¿Puede haber también integración a nivel de industrias militares?

–Sin duda. La integración de industrias de defensa es algo deseable. No hay que olvidar que históricamente tienen un grado muy grande de inventos que son beneficiosos a la sociedad civil: el nailon, la Internet, los motores de reacción, el alcohol como combustible. Además, la integración de las industrias de defensa permite la generación de empleos, permite que trabajemos con mercados más amplios, permite que haya más previsibilidad en la producción y grados mayores de confianza mutua entre los países. En la medida que nos abastezcamos de manera similar, más fácil será, y más tranquila será la compra y venta de materiales militares entre nuestros países.

–¿Cómo observa el papel de Estados Unidos en la región y en el continente?

–Lo que hagamos en beneficio del progreso económico social y de la seguridad de América del Sur, no es para nada reñido con los objetivos que podamos imaginar que tengan los Estados Unidos para el área. Yo creo que Estados Unidos cuando se dirige a Latinoamérica busca estabilidad, busca ausencia de conflictos, una relación tranquila basada en la paz y en la confianza, y esto es exactamente lo que nuestra región puede ofrecer al mundo
. Otro punto de convergencia de nuestras políticas es que somos defensores con gran claridad del multilateralismo y no del unilateralismo en las soluciones internacionales.

–¿Qué opina acerca de la propuesta de Estados Unidos de crear guardias nacionales?

–Yo creo que la norma es el bienestar. Cada país tiene que preservar su autonomía para atribuir las funciones que defina apropiadas para sus Fuerzas Armadas. Cada país tiene su solución. No hay ni puede haber una solución que sea común para todos los países. Cuando hablo yo de guardia nacional en Brasil hablo de la posibilidad de que haya una policía federal con fuerza armada, lo que no necesariamente tiene mucho que ver con la Policía de Uruguay o de Chile o de Colombia, las funciones son otras. Cada país tiene su justa medida de organización interna y respetar esa autonomía es fundamental y es el paso correcto en el sentido de armonización de políticas regionales. *

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