ENTREVISTA FERNANDO VALDERRAMA Y DE PAREJA (EMBAJADOR DE ESPAÑA)

"A Uruguay le falta una sola asignatura: que gobierne la izquierda y cumpla sus turnos"

Usted asegura que le ha tocado el destino más interesante en América Latina. ¿Su afirmación abarca el advenimiento de la izquierda al gobierno nacional?

–En pocos países de Latinoamérica se está tan cerca de la posibilidad de un cambio histórico como en Uruguay. Digo en vísperas de la posibilidad, pues como soy un diplomático tengo que decirlo así.

–Si el cambio ocurre, ¿qué es lo que podemos esperar de ahí en más del gobierno de izquierdas en España?

–Nuestra relación no es ya estratégica, sino histórica; no ya política, sino cultural. Siempre va a haber una magnífica relación entre los dos países. Pero independientemente de esa relación que siempre va a ser de primera categoría, entre otras cosas porque los uruguayos son muy receptivos a esa relación, ahora, como pasa en astrología, cuando hay una relación astral favorable, esa relación puede optimizarse. Y el actual gobierno en Madrid sintoniza en términos naturales con lo que hoy en Uruguay es la oposición. La relación es histórica, cultural y lo antedicho; pero sin alguna actitud se puede esperar de un gobierno en España ante un cambio político en Uruguay, es siempre una actitud tremendamente favorable.

–En lo teórico: casi perfecto. En la realidad: beneficios otorgados por los últimos gobiernos uruguayos a capitales españoles han generado, generan, no pocas rispideces con la población. ¿Hay una suerte de neocolonialismo español? ¿Qué cambio puede haber realmente con Zapatero para los intereses de los uruguayos?

–Sé que el neocolonialismo es un término periodísticamente exitoso. Personalmente me resisto a todos los neos, lo he dicho muchas veces: me resisto a hablar de neocolonialismo, de neoliberalismo porque no le veo el neo por ningún lado. No veo necolonialismo, ni colonialismo, porque la actitud de los gobiernos españoles no va en esa dirección. Además, aunque algún gobierno tuviera la tentación, no tendría los medios. Lo que sí es cierto es que hay una presencia activa de empresas españolas en los mercados latinoamericanos que se ha intensificado en los últimos años, porque la capacidad económica española ha crecido. También porque una serie de capitales del resto de Europa han utilizado sus cabezas empresariales en España para la inversión en Latinoamérica, con lo cual ya no estamos hablando de capital genuinamente español, sino alemanes, franceses, que emplean a España como cabeza que tiene los recursos humanos ejecutivos adecuados para canalizar la inversión en Latinoamérica. eso ha podido producir esta sensación. Creo que hay que separar nítidamente lo público de lo privado. Los agravios que puede haber por parte de ciudadanos uruguayos, contra actividades de corte privado en Uruguay, tienen en principio todos mis respetos si están bien fundados, pero no pueden involucrar al gobierno ni al Estado español.

–En ese marco cabría preguntarse qué certidumbre tienen los fantasmas agitados por la derecha uruguaya, afirmando que los inversores se irán del país o no vendrán si hay un gobierno de izquierda. ¿Usted ve eso?

–No lo creo en absoluto. El inversor se guía por parámetros de rentabilidad y no por otros. Partiendo de esa base al inversor lo ahuyenta: la falta de rentabilidad por un lado y un panorama indefinido que le impida cualquier decisión estratégica. Partiendo de la base de que exista una rentabilidad y que existan reglas de juego definidas, el inversor no tiene por qué retraerse. Hablando en la hipótesis del gobierno de izquierda, sobre la que usted me había preguntado, esa hipótesis puede contribuir a una consolidación del valor-país de Uruguay. Porque hasta que no haya ganado la izquierda, haya gobernado la izquierda de manera estable y dentro de la normativa constitucional y haya perdido las elecciones algún día y haya vuelto la derecha, Uruguay no habrá hecho todos los ejercicios normales de un país democrático. Uruguay tiene antecedentes superiores, como en el caso del sufragio universal, a países emblemáticos como Francia por ejemplo. Falta sólo esa asignatura: que gobierne la izquierda, que gobierne de manera estable y que cumpla sus turnos en el poder. Si todo va bien, lo que puede suponer la victoria de la izquierda es incluso una consolidación del valor-país de Uruguay.

–¿Usted no tiene miedo de que mañana la derecha uruguaya considere esto una «tendenciosidad» de su parte?

–No. Creo que estoy siendo objetivo. He dicho que puede suponer hasta eso. No se necesita ser un politólogo para corroborar lo que he dicho. Yo no estoy diciendo que si gana la izquierda las elecciones va a suponer eso: he dicho que eso es una asignatura pendiente en Uruguay, que Chile ha cumplido a su manera. Y que si se produce de manera estable, indudablemente es un plus: lo afirmo y lo sostengo porque eso es una verdad objetiva, que cualquier persona objetiva debe reconocer. Añado otra verdad objetiva: si ese requisito se cumple y opera de manera estable, será un plus añadido a favor de los inversores, de los que hablamos.

Uruguayos en España

–Usted seguramente está al tanto de las «invasiones» uruguayas a España, la mayor corriente emigratoria de nuestra historia…

–A priori hay una realidad: la emigración uruguaya es de las mejor recibidas. No quiero hacer comparaciones con otros países, pero a priori, eso es una realidad por muchas razones. Ahora, como no sabemos la dimensión exacta, el gobierno español ha pedido al uruguayo que intente a través de asociaciones, consulados, discernir la cifra aproximada de uruguayos en situación irregular en España: las estimaciones más razonables oscilan entre los 20.000 y los 35.000. Hay un planteamiento del nuevo gobierno eminentemente pragmático y también dirigido a erradicar la explotación: quien tenga contrato de trabajo tendrá su situación regularizada. Con ese planteamiento se van a beneficiar más uruguayos que de otras nacionalidades, porque la capacitación media del uruguayo que ha emigrado a España está por encima de la media latinoamericana, lejos ya de otros países. Creo que la evolución de los próximos diez meses va a confirmar este planteamiento.

Además no debemos olvidar la baza que significa para gran cantidad de uruguayos el tener antepasados españoles recientes, algo que no ocurre en otros países de Latinoamérica. Creo que más de un tercio de la población de Uruguay, y con seguridad más de un 25 por ciento, tiene un abuelo español por lo menos.

–Han existido sin embargo cambios radicales en el trato a emigrantes uruguayos, muchos de los cuales han sido devueltos sin más ni más, desde el aeropuerto de Barajas a Montevideo. Acá nos recordó incluso a la «migra» estadounidense; el nuevo gobierno socialista en su país, ¿ha hecho algo al respecto?

–Hay un debate en marcha que a raíz de un acto de voluntad política del nuevo gobierno que ha puesto sobre la mesa un proyecto de reglamentación distinta. Reglamentar de manera distinta la extranjería, que en los últimos años había sido orientada por el gobierno anterior hacia una aplicación práctica de la norma que favorecía la explotación. Ahora buscamos que el permiso de trabajo esté supeditado al contrato de trabajo.

–Sin «papeles» no hay contrato y sin contrato no hay papeles…

–Ahora los llamados papeles van a quedar subordinados al contrato de trabajo.

–¿Los empresarios van a poder librar un contrato de trabajo sin que el emigrado tenga sus papeles en regla?

–Vamos a tener que esperar a que termine la discusión de este proyecto, porque aunque el gobierno tiene la capacidad regla
mentaria para aprobar el reglamento sin más hay una idea política detrás del proyecto de reunir un consenso, por lo que no puedo ahora mismo definir el final. Pero la idea directriz es articular todo, en torno al contrato de trabajo.

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