Del partido del rumor al partido del golpe

Cuando se conspiraba en 2002, Búsqueda se callaba la boca

El destacado periodista Claudio Paolillo, editor del semanario Búsqueda, ha pegado el batacazo del año con un ensayo seudoperiodístico y seudohistórico que ha sido motivo de comentarios elogiosos y a menudo ditirámbicos en cuanto medio radial, escrito y televisivo difunde noticias en nuestro bendito país. Sorprende el talento de este destacado profesor de periodismo (¡dios nos libre!) que agotó una tras otra las ediciones que la editorial Fin de Siglo puso a merced del insaciable mercado, para regocijo de los bolsillos del autor. Yo he dado una primera lectura al texto antedicho y, más allá de algunas estupideces ideológicas que son el pago del arrepentimiento, la misma me ha abierto muchísimas interrogantes y algunas certezas, que hoy quiero cautelosamente compartir con los lectores.

Pretendo hacer tales reflexiones sin entrar a considerar las dudas que me merece la honestidad intelectual del autor de «Con los días contados», no por él, a quien casi no conozco, sino, como dicen los pronósticos hípicos, ‘por la monta’.

Hace muchos años, un coronel de la KGB, de cuyo nombre no debo acordarme, me enseñó que para enfrentar un interrogatorio lo ideal era engañar al interrogador ofreciendo muchos y muy precisos datos. Las mentiras deben ser exactas para ser más engañosas. A juzgar por el volumen de datos exactos e imposibles de verificar, Paolillo debe de tener un talento natural para la mentira o debe de haber hecho el mismo curso en la academia de la CIA.

Hay miles de datos y conversaciones casi exquisitas, y entre ellas hay media docena de informaciones «novedosas» sobre las que se construye la historia. Una supuesta conversación entre un interlocutor desconocido y Sanguinetti en que el desconocido sugiere el desplazamiento del presidente de la República, Jorge Batlle, y el ex presidente lo saca «como escupida en plancha»; una conversación entre Sanguinetti y Luis Hierro en que el primero le pregunta sutilmente al lugarteniente cómo se encuentra para asumir la Presidencia; una conversación entre Lacalle y Batlle en que el líder blanco le sugiere aplicar Medidas de Seguridad; otra conversación entre Batlle y Atchugarry en que el primero monta un «show de viejo» en el que amenaza a Atchugarry con renunciar si éste no acepta el Ministerio de Economía; otra conversación entre Lacalle y Batlle en que Lacalle sugiere el nombre de Talvi para ministro de Economía.

A mí me conmueve que todos los personajes de esta historia son «buenos», salvo los Röhm. Ninguno le hace una zancadilla al otro, nadie se manda a la puta que lo parió, ninguno se equivoca y apuesta al caballo perdedor, nadie da un portazo ni pega un grito. Todos son bien educados. La novela termina bien y el historiador cuenta la conspiración sin que nadie pregunte siquiera quiénes son los malos. Al periodista, que es muy celoso en su prerrogativa de no revelar las fuentes y a quien sorprendentemente nadie ha desmentido ni preguntado sobre las circunstancias relatadas, tampoco le resulta sorprendente que Sanguinetti le haya preguntado a Hierro  haciéndose el inocente  «cómo se sentía para sustituir a Batlle» o que Atchugarry le haya creído a Batlle la historia verdaderamente «infumable» de que iba a renunciar.

Pero lo que más me llama la atención es que yo, que soy un lector escrupuloso de Búsqueda, nunca haya leído nada sobre estas noticias que en su momento adquirían la dimensión de un golpe de Estado. Es más: siempre me sorprendió que un semanario tan bien informado y tan cercano ideológica y materialmente a los sospechosos de conspirar no estuviera informado ni dijera nada de lo que estaba pasando.

O acaso estaban informados y no decían nada por algún extraño motivo ubicado más cerca de la complicidad que de la prudencia. La única mención a estos hechos en Búsqueda es una oportuna entrevista al doctor Alberto Brause, en la cual el senador quincista  curiosamente  resta toda veracidad a la conspiración que había denunciado Caras y Caretas.

 

EN LA EDICIÓN DE BÚSQUEDA DEL 13/02/2003, PÁGINA 4, EL PERIODISTA ANDRÉS DANZA PREGUNTA Y BRAUSE RESPONDE:

 ¿A USTED LE PARECE QUE EXISTE UNA CONSPIRACIÓN PARA DERROCAR AL PRESIDENTE, COMO SOSTUVO LA SEMANA PASADA LA REVISTA ‘CARAS Y CARETAS’?

 NO CREO QUE ESO SEA POSIBLE. ESO ES PROPIO DE UNA IMAGINACIÓN FEBRIL, DE LOS ESCENARIOS DE FANTASÍA QUE SE CREAN.

 ES EL TERCER ‘ESCENARIO DE FANTASÍA’ AL QUE SE REFIERE Y TODOS SURGIERON EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS. ¿ESO NO ES SEÑAL DE NADA PARA USTED?

 ABSOLUTAMENTE NO. LOS QUIERO RECHAZAR ENFÁTICAMENTE».

 

La ‘historia oficial’ que Paolillo escribe es congruente con la ‘teoría oficial’ (y electoral) para la crisis del año 2002: la crisis vino de afuera y fue muy bien manejada por el gobierno, pese a que se dijo alguna pavada.

Hasta Jorge Batlle parece un fenómeno. Hiperactivo, sigue los acontecimientos como una máquina. Piensa, habla por teléfono, sigue la crisis argentina como un experto, opera en la madrugada, está atento a todas las alternativas, mantiene reuniones en las que comparte secretos con varios interlocutores a la vez, y a veces hasta llora. Uno no logra entender la mala suerte de este monstruo genial cuya inteligencia domina todos los escenarios y cuya gestión nos permite hacer un horroroso balance en el que los números en rojo nos deslumbran hasta contar el doble de pobres, 100.000 emigrados y un cincuenta por ciento más de deuda externa.

El único que queda medio mal parado es Tabaré Vázquez, que va de aquí para allá pensando solamente en ganar la próxima elección, un poco errático, oscilando entre unos y otros dentro del Frente Amplio, pivoteando entre renovación y radicalismo, y manteniendo únicamente un dogma que parece recomendado por ‘el Loco Vinagre’, «no joder cuando no hay que joder», según las palabras de Arbilla en el prólogo.

El papel que la antojadiza versión de Paolillo atribuye a Lacalle es el de un duro derechista y liberal, decepcionado primero por la ingratitud y luego por la debilidad de Batlle, que en la búsqueda de la salvación de la patria deriva entre la búsqueda de algún acuerdo suprapartida-rio y la aplicación de medidas brutales como la eliminación de los plebiscitos o las Medidas Prontas de Seguridad. Semejante papel elimina de un plumazo a Lacalle como fuente principal. Es particularmente llamativo que no desmienta su trama, pero más me sorprendería que Lacalle fuera tan facho.

A Atchugarry lo pintan como una víctima un poco bobalicona a quien le preparan una trampa en la que inocentemente cae confiando en un huracán omnipotente que, asumiendo un papel de padre, lo engatusa para hacerle caer en la más miserable trampa con la promesa de que conquistará la gloria. Atchugarry no es la fuente, por tres razones: primero, porque en la obra le toca un papel de mierda; segundo, porque no quiere más lío; y tercero, porque yo sé que, pese a que Paolillo escribió un capítulo entero sobre él, Atchugarry nunca recibió de Paolillo una sola llamada telefónica.

Talvi, en cambio, es un fenómeno. Generoso, inteligente, astuto, está en todas partes sin que nadie lo vea. Cuesta creer que un conferencista tan modesto piense con semejante claridad en las circunstancias más terribles y hable con semejante locuacidad. Viene a ser como Dios y, según Paolillo, lo llamaban hasta de la Casa Blanca para pedirle consejos. «Ernesto», como lo llamaba el presidente hasta altas horas de la madrugada, satisfacía la glotonería de Batlle, preparándole improvisadas picaditas cuando lo visitaba en su casa. Me cuesta creer que Talvi no sea una de las principales fuentes. Es que inocentemente Paolillo fue dejando, como Hansel y Gretel, pequeñas migajas de p
an que permiten a quien va comiéndoselas seguir su camino. Y Talvi, que en esos meses nunca aparecía en las páginas de Búsqueda, estaba en la misa y en la procesión, como lo denunciara una y otra vez Caras y Caretas. Talvi es, al final de esta historia, ‘el muchachito’ y semejante protagonismo lo delata.

Al cuerno, entonces, con lo de «fuentes de primer nivel que preservaron su identidad». La historia de Paolillo es funcional a la historia oficial. Es más: es la historia oficial.

Que hubo una conspiración para desplazar al Presidente de la República lo han confirmado los doctores Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle. El País publicó el pasado sábado 28 que «el presidente Jorge Batlle dijo que sabe quiénes son los que querían que renunciara en plena crisis». «Los leo de vez en cuando en la prensa de nuestro país», sostuvo. Consultado acerca de si son periodistas, respondió: «Averigüe, usted pregúntele al que los recibió, yo no los recibí». Y agregó: «Visitaron al doctor Sanguinetti (que) los sacó como escupida en plancha». Todas las semiindicaciones apuntan a gente como el doctor Ramón Díaz, el contador Juan Carlos Protasi y sus amigos.

Sus razones tendría Sanguinetti para rechazar el recambio  entre otras la de dejar que Jorge se comiera el desenlace de una crisis que empezó mucho antes de su gobierno  pero a mí me parece que si Sanguinetti le preguntó eso a Hierro, no los sacó tan «del culo» como sugiere Batlle. No sabemos  porque los libros que andan por ahí no lo cuentan  si esa buena gente anduvo golpeando las puertas de los cuarteles, como sí ocurrió en 1973, cuando colocaron a Alejandro Végh Villegas en el Ministerio de Economía.

Caras y Caretas denunció, con mi firma, que teníamos versiones de que un grupo de ciudadanos querían sustituir al presidente Jorge Batlle. Eso lo denunciamos cuando Búsqueda y Paolillo lo ocultaban en un gesto que no sabemos si es omisión o delito.

Ese grupo, o su centro, estaba constituido, según las versiones, por el doctor Ramón Díaz y sus discípulos más cercanos: Javier de Haedo, Nicolás Herrera, Gustavo Licandro y Ernesto Talvi. Ello explica los artículos que Díaz escribió en El Observador (que Caras y Caretas comentó desde su aparición en el año 2002) y la negativa de Talvi al ofrecimiento de Jorge Batlle de ser ministro de Economía tras la caída de Bensión, aunque Paolillo sostiene que Batlle sólo le ofreció la Presidencia del Banco Central, y ello sin esperanzas de que aceptara. El economista esperaba un momento mejor por partida doble: una autoridad más nueva y más fuerte que le permitiera realizar las reformas neoliberales  básicamente el desguace del Estado  que Batlle no se había animado o no había podido hacer.

 

EN EL NÚMERO 78, APARECIDO EL 3I DE ENERO DE 2003, PUSIMOS EN NOTA DE TAPA: «ERNESTO TALVI, EL MINISTRO DE ECONOMÍA DESPUÉS DEL DEFAULT»

«UN AS EN LA MANGA» «UNA MISIÓN ECONÓMICA DE INTEGRACIÓN FORISTA NEOLIBERAL FUE A NEGOCIAR A WASHINGTON LA MANERA DE PUENTEAR AL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL. AHORA QUE ES EVIDENTE QUE NO PODRÁN PAGARSE LAS MULTIMILLONARIAS OBLIGACIONES DE LA DEUDA EXTERNA, LLEGÓ EL MOMENTO DE ELEGIR A QUÉ ACREEDORES SE LES PAGARÁ PRIMERO. JULIO DE BRUN QUEDÓ EN URUGUAY A LA ESPERA DEL DEFAULT. JORGE BATLLE CONFÍA EN LA AMISTAD DE BUSH Y AGUARDA EL SEGUNDO MILAGRO EN SEIS MESES. INSISTENTES RUMORES EN LA CIUDAD VIEJA Y EL AUMENTO DE LOS RETIROS EN EL SISTEMA BANCARIO HABLAN DE LOS DEPÓSITOS Y DE INMINENCIA DE UN FERIADO BANCARIO».

EN EL NÚMERO 79 DEL 7 DE FEBRERO DE 2003, PUSIMOS EN LA TAPA:

«LA CONSPIRACIÓN» «NO CREO EN BRUJAS, PERO QUE LAS HAY, LAS HAY» «LAS BRUJAS ESTÁN DE FIESTA. POR QUÉ BATLLE Y ATCHUGARRY RESISTEN EL DEFAULT. ENTRE LAS BRUJAS CONSPIRAN EL OBSERVADOR, EL PAÍS, LOS PEIRANO, RAMÓN DÍAZ, JAVIER DE HAEDO, ERNESTO TALVI, CONRADO HUGHES, IGNACIO DE POSADAS Y JUAN CARLOS PROTASI, AFILIADOS AL PARTIDO DEL DEFAULT» «QUIÉNES QUIEREN ESPECULAR, QUIÉNES EMBARRAR EL TERRENO. QUIÉNES DEBILITAR A BATLLE Y QUIÉNES SUSTITUIRLO. TABARÉ VÁZQUEZ VIAJA, APOYADO POR BATLLE, A RECLAMAR NEUTRALIDAD DEL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL EN EL TRÁNSITO POLÍTICO Y ECONÓMICO HACIA UN GOBIERNO FRENTEAMPLISTA. EN WASHINGTON, VÁZQUEZ VA A PISAR UN CAMPO MINADO POR DAVRIEUX Y LA MISIÓN FORISTA NEOLIBERAL, PENSANDO EN INICIAR SIN TRAMPAS NI SORPRESAS LA TAN ESPERADA TRANSICIÓN».

 

En el artículo de portada de nuestra edición del viernes 7 de febrero, «Conspiración en Uruguay. El partido del default ¿es el partido del golpe?», donde entre otras tantas cosas que podrían transcribirse íntegras, dijimos «Lo que está fuera de toda duda  hemos escuchado al Ec. Ernesto Talvi y ahora escucharemos al Ec. Javier de Haedo, compañeros de ruta de Gustavo Licandro  es la acción concertada de operadores económicos con fuertes vinculaciones políticas.

En estos días, a derecha e izquierda ha ganado terreno la expresión «el partido del rumor». Pues bien, sorprende que tanto calificado observador no se haya percatado que lo que existe es de un «partido del golpe».

Porque no otra cosa que un golpe de Estado es lo que a veces parecen buscar algunos poderosos con la ridiculización sistemática del presidente de la República».

Dijo en esa misma nota Caras y Caretas: «Desde la divergencia absoluta con la política económica y social del Poder Ejecutivo, Caras y Caretas ratifica su confianza en las instituciones democráticas, encarnadas en la institución Presidencia de la República, cuyo titular electo es el Dr. Jorge Batlle».

Cuando este ejemplar de la revista ganó la calle tuvimos llamadas del Parlamento y de integrantes de las Fuerzas Armadas que, al interesarse por más detalles, confirmaron las afirmaciones. Mientras tanto Búsqueda, Arbilla y Paolillo guardaban absoluto silencio.

Fuimos nosotros los que hablamos, y los que estuvimos públicamente del lado de la institucionalidad democrática. Mientras tanto Búsqueda que dice que sabía todo, callaba todo. Que conste. Porque colorín colorado, esta historia no ha terminado. *

(*) Director de la revista «Caras y Caretas»

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