Los sueños del ministro (*)
El ministro del Interior de la dictadura, Néstor Bolentini, soñaba con un sindicalismo adicto al régimen y para ello convocó el 26 de julio de 1973 a una reunión de «militantes sindicales» de clara tendencia amarillista, excluyendo a todos aquellos que él consideraba de definiciones marxistas.
Como los convocados resultaron muy pocos, se le ocurrió cursar una invitación a viejos anarquistas con la esperanza de crearles la ilusión de una central sin comunistas.
El llamado se hizo público por medio de prensa escrita y audiciones radiales y la reunión se haría en las Sala Verdi. En su discurso de presentación, hizo hincapié en que el gobierno estaba dispuesto a librar a los trabajadores de la nefasta presencia de los comunistas en los sindicatos y anunció que ese acto era el puntapié inicial de la creación de una «central sindical democrática» y por lo tanto el gobierno llamaba al diálogo.
Cuando le ofreció la palabra a los allí reunidos el primero en hablar fue un obrero de Funsa, el gallego Miguel Groimaz, quien con su fuerte acento castizo afirmó que allí faltaban cantidad de representaciones obreras y que no se podía hablar de diálogo si los sindicatos estaban cerrados y había cantidad de trabajadores presos y perseguidos. Para terminar agregando: «Esto es una pantomima. El proyecto que trae el gobierno no puede ser aceptado por ningún obrero decente del mundo, este es un proyecto para carneros y guampudos», le señaló a un pálido Bolentini, que no alcanzaba a entender cómo el tiro le había salido por la culata. La organización sindical de la dictadura murió antes de nacer.
(*) Del libro «José D´Elía, memorias de la esperanza».
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