Hace 31 años la clase trabajadora resistía el embate del autoritarismo cívico militar
La posibilidad de enfrentar un golpe de Estado con la medida extrema de una huelga general fue un tema de preocupación constante entre los dirigentes sindicales, desde comienzos de la Central de Trabajadores del Uruguay (CTU) cuando se constituyó en 1961.
A comienzos de esa década, nuestro país vivía bajo permanentes rumores y veladas amenazas de golpe de Estado. La sucesión de quiebres institucionales se fueron manifestando en países vecinos como Bolivia, Brasil, Argentina y Perú y en todos ellos, con altibajos, errores y deficiencias, la respuesta a todos estos atropellos fueron llevadas adelante por los trabajadores organizados sindicalmente.
Ante este permanente estado de inquietud en la región, a la que se agregaban las declaraciones amenazantes, dentro de nuestro país, por sectores de rancio abolengo reaccionario, reafirmaron la idea de profundizar entre los trabajadores la convicción de adoptar medidas de lucha, ante el caso en que presiones del exterior o del interior llevaran al planteo de un golpe de Estado.
Todo se fue dando en forma gradual. Medidas Prontas de Seguridad, durante el gobierno del Partido Nacional, en 1965. Nuevamente se implantan en 1967, durante el gobierno del general Gestido y luego una sucesión permanente de Medidas de Seguridad, desde 1968 hasta 1971, bajo el gobierno de Jorge Pacheco Areco. Todas ellas dirigidas contra el movimiento sindical, que llevó a infinidad de trabajadores detenidos a diversos cuarteles del interior de nuestro país.
Uno de los más lúcidos dirigentes sindicales, Héctor Rodríguez, declaraba, años después: «Por supuesto que estas medidas afirmaban la convicción de que era necesario estar listos para darle una apropiada respuesta a cualquier posibilidad de golpe de Estado, de desconocimiento de las libertades públicas y de los derechos sindicales: A tal punto que en los estatutos de la CTU, se establecía un artículo que decía que en el caso de ataque grave a las libertades públicas, las autoridades de la Central, quedaban facultadas para declarar, automáticamente paros e inclusive la huelga general. Y esa norma estatutaria pasó por todas las asambleas de los trabajadores, quedó refrendada y le dio un poder de presión a la dirección del movimiento sindical, sumamente importante».
Esto se reafirmó cuando el histórico Congreso del Pueblo en 1964 y con la unificación de todo el movimiento sindical, cuando éste se agrupa dentro del marco de la Convención Nacional de Trabajadores, CNT.
Declaran la huelga
Cuando en la madrugada del 27 de junio comenzaron a ocuparse las fábricas y otros centros laborales, los trabajadores de este país se transformaron en protagonistas de uno de los hechos más relevantes y conmovedores de la historia uruguaya del siglo XX.
La actitud de resistencia y tenacidad de los trabajadores, siendo desocupados y vueltos a ocupar sus centros de trabajo, afirmaron el carácter de disciplina, de adhesión a su gremio y a sus dirigentes y demostraba, con hechos, que eran una fuerza capaz de defender, con firmeza, la democracia y las libertades ante los desbordes autoritarios. La huelga comenzó un miércoles y el sábado comenzaron los primeros desalojos, varios realizados con mucha violencia. En algunos casos se ocuparon centros de trabajo hasta en seis oportunidades, ya que se desalojaba un día, se convocaba a trabajar al siguiente, se volvía a ocupar y sobrevenía otro desalojo.
Muchos trabajadores eran detenidos y llevados al Cilindro Municipal, lugar que sirvió de reclusión durante un buen período de tiempo. Se cuentan por miles los que estuvieron detenidos en los fríos meses del invierno de 1973 en este escenario deportivo. Uno de los momentos más patéticos que se vivieron allí, sucedió la noche del 9 de julio cuando llegaron centenares de trabajadores que habían sido detenidos, en el correr de esa tarde, cuando millares de personas, desafiando a la flamante dictadura, se habían volcado a 18 de Julio en una marcha convocada por la, ya clandestina, central obrera y que fue reprimida con saña por las fuerzas de la Guardia Republicana.
En el Cilindro se organizó una olla popular, los familiares de los detenidos, en sus visitas, suministraban comida, yerba, ropa, artículos de higiene. De esta forma se podía soportar una situación de intenso frío y humedad como la que se vivía, en un local donde había que dormir debajo de las gradas de cemento que circundaban la cancha.
La resistencia
Durante quince días, la CNT estuvo bajo la responsabilidad de un comando de huelga, integrado por cinco de sus más notorios dirigentes, José D´Elía, Ignacio Hughes, Félix Díaz, Gerardo Cuesta y Wladimir Turiansky. Ellos llegaron a vivir en la clandestinidad y hasta mantuvieron una muy dura entrevista con Néstor Bolentini, uno de los más encumbrados personajes de la flamante dictadura, quien los citó para intentar convencer a los dirigentes gremiales de un posible levantamiento de la huelga. Un hecho que éstos rechazaron de plano.
También tres integrantes de este comando, D´Elía, Hughes y Cuesta participaron de una reunión con el general Líber Seregni en la casa del coronel Carlos Zufriategui, momentos antes de que éstos fueran detenidos. Se salvaron escondiéndose en uno de los dormitorios de la vivienda de Zufriategui, siendo protegidos por la esposa de este militar.
A medida que fueron pasando los días y ante una represión que a cada momento se hacía más dura, se hizo evidente el desgaste, el cansancio y comenzó el desaliento de muchos trabajadores. Varios gremios decidieron su retorno al trabajo y plantearon otras instancias de lucha.
Ignacio Hugues recuerda este hecho acaecido en una reunión, dentro de la clandestinidad: «Los dirigentes gremiales nos reunimos, el 11 de julio, en el Sanatorio de Impasa. Entrábamos y nos íbamos poniendo en la cola de quienes venían a visitar a los enfermos. En determinado momento, algún compañero del sanatorio, que ya estaba avisado, nos llevaba hasta un salón donde tuvimos la decisiva reunión en que decidimos levantar la huelga.
A esa altura ya varios sectores públicos, los obreros de Ancap habían sido militarizados, y los trabajadores del transporte comenzaban a retornar al trabajo».
Aquella huelga general significó quince días de sacrificio en que los trabajadores mantuvieron una resistencia ahincada, con un ejemplo de solidaridad entre ellos como nunca se había visto y contribuyó a que la dictadura naciera aislada de todo respaldo popular.
Los años oscuros
La ola represiva contra las libertades comenzó disolviendo el Parlamento, la CNT, la Universidad, los partidos políticos marxistas o etiquetados como tales.
Si en algún momento alguien alentó, inocentemente, la ilusión de «a mí no me toca», pronto se daría cuenta de que se trataba de sacar de circulación todo lo que molestara a los objetivos de Bordaberry y la Fuerzas Armadas. Algún mando militar llegó a manifestar:
«En la medida en que tengamos unos cuantos adentro, los miles restantes se aquietarán. Siempre que sea necesario golpearemos, para recordar que seguimos controlando la situación».
Los años que siguieron a estos dichos demostraron que llevaron adelante esa práctica, ejerciendo con soberbia y arrogancia, también contando con el apoyo de varios civiles, un poder político que usurparon el 27 de junio de 1973 y mantuvieron a sangre y fuego por más de una década. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad