"Entregar o no a la mujer", el "memo" que condena a Alvarez, Lupinacci y Salomón
En el libro «Secuestro en la Embajada – El caso de la maestra Elena Quinteros», Raúl Olivera y Sara Méndez detallan la maniobra ideada por el gobierno uruguayo para «enfriar» el conflicto diplomático con Venezuela y lo ocurrido dentro del ministerio que conducía el procesado, entonces canciller, Juan Carlos Blanco.
«… el mismo 2 de julio Juan Carlos Blanco intercambia ideas con sus más allegados colaboradores, el director para asuntos de política exterior Alvaro Alvarez; el vicecanciller Michelín y el embajador Lupinacci, y les encomienda la elaboración de un memorando sobre ‘la conducta a seguir frente al caso Venezuela desde el punto de vista de las relaciones internacionales’, que sería presentado al Cosena para su consideración».
«En la embajada había ocurrido un secuestro. Este hecho delictivo no fue nunca considerado en ese intercambio preliminar entre el ministro, de profesión abogado, y sus colaboradores, también egresados de la Facultad de Derecho. No ponderaron jamás estos abogados que ‘no entregar a la mujer’ los convertía, de acuerdo a las leyes, en por lo menos cómplices de un delito, y que no entregar a Elena significaba –aún en la hipótesis de no reconocer la comisión de un acto ilícito– mantener eternamente desaparecida a ‘la mujer’. Nada de eso debía aparecer en el informe a las autoridades de la dictadura. Sólo había que buscar la fórmula que permitiera al régimen salir mejor parado, ante una imagen deteriorada por sus continuas violaciones a los derechos humanos, y actuar en consecuencia».
«Se pusieron de acuerdo en que los únicos elementos que se tendrían en cuenta para resolver qué se hacía con ‘la mujer’ eran, por un lado la nota del embajador de Venezuela del 29 de junio en la que denuncia los hechos y exige que ‘tan flagrante violación de nuestra soberanía no tiene para mi gobierno otra reparación que la inmediata entrega de la mencionada señora’, y por otro, la respuesta de Blanco a ese reclamo, en la que deslinda toda responsabilidad del gobierno en el incidente».
«En un despacho del Ministerio, Alvaro Alvarez redacta de puño y letra un borrador de lo que sería un documento de carácter secreto».
«El 3 de julio se reúne el Cosena y decide no entregar a Elena. Los militares habían escuchado ya todo lo que creían necesario; no había nada más que hablar.»
«La suerte de Elena estaba echada»
«Con esa decisión ya tomada, Blanco, con la complicidad del Ministerio de Defensa y el del Interior, comienza a urdir una trama para inculpar al gobierno de Venezuela del rompimiento de relaciones, considerando la actitud de la embajada venezolana como parte de las campañas contra la dictadura».
«El 5 de julio de 1976, la Embajada de Venezuela comunicó al gobierno uruguayo la suspensión de las relaciones diplomáticas».
«Naturalmente, no celebramos en la embajada el 5 de julio –conmemoración de la independencia venezolana–, pero como a las 7 de la noche platiqué por teléfono ese mismo día con el presidente Carlos Andrés Pérez y luego llamé al canciller Juan Carlos Blanco y le dije que según el presidente de Venezuela había reunido el gabinete en el palacio y que la misma noche se resolvería romper las relaciones diplomáticas con el Uruguay. Y entonces la reacción del canciller uruguayo, creyendo tal vez que yo mentía, consistió en (…) redactar enseguida una absurda nota declarándonos personas no gratas al consejero Becerra y a mí, y concediéndonos 72 horas para abandonar el país. Becerra y yo lo abandonamos en la mitad del plazo que se nos concedía, por estar rotas las relaciones con Venezuela».
«El 6 de julio la dictadura uruguaya llega a negar hasta que Elena estuviera en Montevideo, afirmando en un comunicado que ella había salido por el puerto de Colonia en enero del 75 con destino a Argentina, no registrándose su regreso a Uruguay.»
«Días después, en Buenos Aires, Tota pide a los compañeros para ver a Sara, quien el 22 de junio había dado a luz. Cuenta la madre de Simón: ‘Estábamos muy compartimentados porque se había desatado una represión brutal en Argentina, pero ella igual quiso verme. Recuerdo que me trajo una lámpara para la mesa de luz, que era un payasito. Elena había desaparecido unos días antes. Tota me abrazó y me dijo: ‘Este va a ser el nietito que con seguridad no voy a tener’. No dramatizó, habló como de algo que iba a suceder».
«A esa altura, estaba planeado continuar con otra etapa de la operación que dejaría decenas de desaparecidos en una de las fuerzas que aún desafiaba al régimen. La suerte de Elena estaba echada. Quedaba librada a sus propias fuerzas para resistir la tortura y esperar que las relaciones sólo se restablecieran luego de su entrega a Venezuela…», narra el libro. *
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