El ex presidente cerró anoche su campaña electoral con un acto en Montevideo

"Somos el cerno del nacionalismo que no se corrompe", afirmó Lacalle

En un estrado ubicado a escasos metros del monumento al general Aparicio Saravia, el discurso de Lacalle se centró en un «pasar revista» a la historia del Partido Nacional y el rol de los caudillos Luis Alberto de Herrera y Wilson Ferreira. En un pasaje de su alocución, el precandidato herrerista, volvió a emocionarse y con lágrimas en los ojos reconoció el rol de Wilson en la salida de la dictadura y sostuvo que en 1990 «se merecía ser el estadista que recibiera la banda presidencial».

El acto se caracterizó por la presencia de las diferentes listas que acompañan a Lacalle tanto en Montevideo como en lo nacional, así como de dirigentes extrasectoriales como Arturo Heber y Alvaro Ramos.

Apelando al general Saravia sostuvo que «algunos intentan utilizar su nombre, pero usted lo dijo: ‘con postes podridos no se construyen mangas’. Y por si tiene que quedar más claro: la cáscara se va pero el cerno queda. Nosotros representamos el cerno del nacionalismo, lo que no se corrompe porque no se puede corromper, lo que es puro por definición».

Críticas a la izquierda

«No hace mucho tiempo hubo quienes se levantaron con bombas y terror contra los gobiernos elegidos, y especialmente contra el gobierno blanco, de su partido, elegido en 1962″, señaló en otra parte de su discurso.

Según Lacalle, «ya en 1963 empezó la subversión a intentar destruir las instituciones democráticas, y nosotros queremos recordar para repudiar el levantamiento anticonstitucional e ilegítimo».

«Fue el atentado, la tortura, el secuestro y el robo, no la revolución. No manchemos la palabra revolución para mencionar lo que fueron delincuentes», enfatizó el ex mandatario.

Posteriormente recordó que los blancos tuvieron compasión con Tomás Berreta, quien llegó a ser presidente por el Partido Colorado, mientras que los tupamaros asesinaron a Pascasio Báez. «Â¡Qué diferencia con Pascasio Báez! Al que mataron simplemente porque había descubierto a unos cajetillas metidos a revolucionarios», indicó.

Banda presidencial

En ese pasaje simbólico de revista frente a Saravia, Lacalle recordó el plebiscito sobre la Ley de Caducidad, «en donde verdes y amarillos sabíamos que algo de razón nos asistía a ambos. Algunos no podían tolerar que ciertas conductas no fueran castigadas. Otros creíamos que la paz entre los orientales valía un poco de olvido. Lo decidimos en las urnas, pero Wilson Ferreira no pudo estar a la hora de cruzar la banda presidencial en su pecho como hubiera correspondido».

Asimismo, «hemos observado estrictamente en lo que a hechos a nosotros respecta la condición de mantener la dignidad arriba para que hubiera regocijo abajo».

«Como dijera el otro, el anterior, el jefe de los Orientales (José Artigas), si en algún gobierno fue verdad lo que él pidió de que los más felices sean los más privilegiados, fue durante el gobierno del Partido Nacional», indicó. Para Lacalle «nunca hubo política social más generosa, nunca hubo más manos que acariciaran a los que necesitan la caricia colectiva». *

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