Con Jorge Saravia, bisnieto del caudillo revolucionario

"Los verdaderos blancos no pueden votar ni a Lacalle ni a Larrañaga"

Jorge Saravia sostuvo que se interesó en la actividad política desde «que tengo uso de razón» y recordó a LA REPUBLICA que su primera participación activa fue en las elecciones de 1971, en las que todavía no tenía la mayoría de edad. «Voté por primera vez en el plebiscito de 1980, pero participaba de antes en las organizaciones de jóvenes que se movilizaban contra la dictadura. Tengo una militancia dentro del Partido Nacional de toda la vida».

Posteriormente, en el año 1999 sobrevino su «enganche» con el MPP, cuando su línea renovadora fuera derrotada en la interna de su partido. En el año 1992 un sector del Partido Nacional llevó adelante lo que se denominó «El grito de arbolito», en el cual se proclamaban todas las diferencias que se mantenían con la administración «absolutamente neoliberal» del entonces presidente Luis Alberto Lacalle, en el entendido de que marchaba en contra de los conceptos fundacionales del nacionalismo.

«No tolerábamos el manejo de las tierras por medio de la Ley de Sociedades Anónimas, cuando siempre fue un principio revolucionario de Saravia y de Wilson. Después vino el atraso cambiario que destruyó el aparato productivo, también planteamos que la baja de los aranceles externos terminaría con la industria y el comercio y no nos equivocamos porque levantamos las fronteras y nos mataron», expresó Jorge Saravia.

Consultado en cuanto a los motivos para la separación del Partido Nacional de esas banderas históricas, el dirigente señaló que a partir del momento en que Luis Alberto Lacalle tomó las riendas de la colectividad «lo dominó una concepción profundamente neoliberal. Si hasta Sanguinetti es más progresista que él. Decían que el agro ya era historia, que este debía ser un país de servicios, pero cuando se le desinfló la burbuja financiera tuvieron que recurrir de nuevo al agro.

A eso hay que sumarle la creación de una elite para repartir cargos, completamente alejada del pueblo».

En esa coyuntura política es que decidió seguir los pasos del entonces diputado José Mujica, ayudando a impulsar su figura hasta convertirse en la figura descollante de hoy en día.

Saravia indicó que «entendimos que el proyecto del Encuentro Progresista era más similar al que tenía Wilson Ferreira que el que presentaba el Partido Nacional. A partir de ahí se desarrolló una situación de gente que había votado al partido para después darse cuenta de que estaban equivocados y yo comencé a juntarlos», dando lugar a lo que sería la Columna Blanca y su inclusión en el Espacio 609, que además integran batllistas independientes, figuras como Daniel Díaz Maynard y Víctor Vaillant o el dirigente de San Carlos «Toto» Núñez.

«Hay cosas que no podemos aceptar, en su momento Aparicio decía que estaba enfrentado a una oligarquía centralista y doctoral que respondía a los intereses de la banca internacional, la holandesa y la inglesa, que comercializaba con el negocio de los productores. El Partido Nacional se transformó en una oligarquía doctoral funcional a un modelo neoliberal, enquistada en la Ciudad Vieja y el doctor Ignacio de Posadas es el más claro ejemplo. Pero también es el caso de Jorge Larrañaga, porque si uno ve su entorno, son los mismos que votaron todo esto. No es diferente a Lacalle, están entrelazados entre ellos. Nadie que se considere blanco puede votar al Partido Nacional actual, ellos no tienen a nadie que defienda la tierra ni la producción nacional.

La Columna Blanca es el verdadero partido blanco, es el verdadero partido de Oribe», aseveró el dirigente, que también mantiene una intensa actividad gremial relacionada al agro.

«No sé si el país agropecuario es la solución a los problemas del país, pero es lo que tenemos», reconoció.

En opinión de Jorge Saravia, a medida que transcurra más tiempo sin un gobierno progresista «los cambios serán más difíciles de instrumentar» y puso énfasis en que «vamos a poner a la economía al servicio del ser humano para que no existan más los 180 mil uruguayos que viven en asentamientos irregulares o los 20 mil productores que están por debajo de la línea de pobreza». Para ello será necesario «un gran respaldo popular para que no sea un fracaso», estimó Saravia. *

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