Bancada femenina del Parlamento: La democracia no avala la mala intención
Comisión Especial de Género y Equidad desde 19 de mayo de 2004
Señora
Percovich – Nos ha preocupado lo expresado en «Zona Urbana» sobre China Zorrilla y Sonia Breccia, que nos parece absolutamente descalificador con relación a dos mujeres que abrieron caminos en carreras que no son tradicionalmente femeninas. Nos parece que se ha hecho un manejo público que hace años venimos combatiendo.
Entonces, me gustaría que también nos expresáramos al respecto. Yo redacté una nota, pero no sé sí puede ser tomada por la Comisión o sólo firmada por las legisladoras.
Señora
Rondán – Mi problema es el siguiente. Yo no vi el programa, ni escuché la radio. Por la información de que dispongo, hay algo que se dijo en la televisión y otra que se expresó por la radio. Me llamaron de AM LIBRE para relevar mi opinión y les dije la verdad: no escuché el programa. Después, leí el titular de LA REPUBLICA y honestamente me parece mal que se haya involucrado a Ligia Almitrán, no porque tenga amistad con ella -que no la tengo- sino porque ser la directora de programación de una radio no hace que sea responsable por lo que la gente dice.
Por lo tanto, quisiera contar con la grabación para saber exactamente qué fue lo que dijeron. No es que no crea en la señora diputada Percovich porque ella es como yo misma, pero yo necesito ver eso que firman o la declaración para referirme al tema.
Señora Percovich – No me parece bueno que una cosa como la que se dijo -aparentemente- se reitere y, todavía, se ponga en letras de molde, y así se lo dije a la gente del programa que me llamó, igual que a la señora Diputada Rondán.
Yo redacté algo que es muy general, que es como una especie de alerta -al igual que hicimos con el Embajador- a los medios de comunicación y a los periodistas sobre las descalificaciones. Este caso nos preocupa porque lo consideramos proveniente de una cultura machista, del estereotipo que venimos combatiendo, pero hubiera sido igualmente descalificador si se hubiera tratado de hombres. De todas maneras, en este caso están en juego una notoria representante del ámbito cultural, como es China Zorrilla, y una de las buenas periodistas que tenemos, por lo que no podemos dejar de señalar que no compartimos las descalificaciones realizadas y que no estamos dispuestas a que este tipo de cosas pase desapercibida.
Me parece buena la idea de la señora diputada Rondán de contar con las grabaciones para hacer las evaluaciones pertinentes. Yo hablé sólo de lo ocurrido en la televisión y no de la radio.
Señora
Presidenta (Barreiro) – Si no hubiese estado este planteamiento de la señora diputada Percovich habría planteado algo similar porque era lo que tenía pensado hacer. Yo ni siquiera vi la tapa del diario LA REPUBLICA, pero escucho la radio todas las mañanas y oí asombrada lo que había sucedido porque ayer lo transmitían prácticamente en todas las emisoras. Me parece que habría que tener la grabación, por más que figura en Internet -a mí me la bajaron- de la conversación entre estos dos pseudoperiodistas, diría yo, porque a eso no lo llamo periodismo. Un día hablaron en Radio Sarandí, otro, en «Zona Urbana» y, luego, una vez más se expresaron por la radio. Es decir que reiteraron la situación, y esto no ocurrió sólo contra estas dos mujeres, pues en otras oportunidades, lo había hecho contra otras personas de la cultura uruguaya que merecen todo el respeto.
Tengo una historia en el periodismo, y respecto a este caso particular quiero señalar que, hasta ahora, nunca se habían efectuado este tipo de manifestaciones. Precisamente lo hacen con dos mujeres. No es casualidad. Para mí, China Zorrilla es una institución y hablar de esa forma de ella y a los descalifica de plano. Lo mismo digo de Sonia Breccia, que es una periodista seria y responsable, que no se merece una afrenta de este tipo. Lo que ha hecho esta gente es una barbaridad, y trabajan en medios muy importantes como Radio Sarandí y Canal 10. Me pareció insólito.
Por lo tanto considero que como Comisión, tendríamos que tener alguna reacción.
Señora
Argimón – Por supuesto, estoy de acuerdo con lo expresado. Es de estilo de las Comisiones Parlamentarias -tal como hicimos con la carta de Embajador Valles para ver si, efectivamente, fue así o no- chequear cada tema que se plantea o se trae a consideración, porque nos puede dar más elementos para hacer nuestras evaluaciones. Comparto totalmente la filosofía respecto a este tema. Nosotros no vamos a entrar en lo que refiere a estilos periodísticos los hay de los más diversos y eso forma parte de la libertad de expresión, pero también es cierto que en este país hay una cultura de un periodismo que investiga, agresivo en su accionar, pero no el que descalifica, y siempre terminamos en lo mismo: es mucho más fácil descalificar a mujeres. Entonces, en lo personal, enmarco esto dentro de lo que ha sido una preocupación histórica que todas y todos hemos sentido pero que en los últimos tiempos parece que está teniendo un manejo mucho más burdo que antes, que era un poco más solapado, ahora ya golpea los ojos. Por lo tanto, me parece que este tema forma parte de lo que ha sido la lucha que desde esta Comisión y en tanto mujeres políticas, hemos sostenido durante tiempo. Me parece importante emitir una señal de preocupación no solo en este caso, sino en varios otros, de pronto no con tanto traslado a la sociedad, en virtud de que se trata, precisamente, de estilos de medios de comunicación que nosotros no estamos para cuestionar. Estas son evaluaciones que podemos hacer como ciudadanos televidentes u oyentes, porque uno se «engancha» con los estilos que quiere.
Es motivo de esta Comisión levantar la voz en lo que tiene que ver con la descalificación que se hace a dos mujeres. Además, no veo que esto se haga a los hombres en cese caso, podría callarme la boca porque hay equidad.
Me parece bien que la señora Diputada Percovich haya traído este tema a la Comisión y poder contar con la grabación.
Señora Percovich – Voy a leer el comunicado que redacté. Dice lo siguiente: «Las legisladoras abajo firmantes» -también puede ser en nombre de la Comisión – «expresamos nuestra preocupación por el manejo descalificador a nivel público de figuras femeninas de notoriedad en el ámbito artístico y periodístico. La libertad de prensa, en su democrática expresión, no puede avalar la insinuación malintencionada sobre la vida privada de las personas pero mucho menos abonar una cultura machista que juzga con dureza la sexualidad femenina y disculpa las actitudes sexuales masculinas, aunque ellas signifiquen una agresión hacia las mujeres. Hace mucho tiempo que las mujeres políticas, legisladoras nacionales y departamentales, reclamamos que la mujer no sea utilizada como objeto sexual en los medios de comunicación. Tampoco queremos que se nos estereotipe en el único rol de madre o ama de casa. Por ello, cuando a notorias uruguayas que se han destacado por abrir espacios en carreras que no son tradicionalmente femeninas se las descalifica en forma soez, hacemos explícito nuestro disgusto porque la televisión -puse sólo esto, porque no sabía que también lo habían hecho en la radio- que llega a todos los hogares, siga manteniendo una cultura, que ya no admitimos más y que seguiremos combatiendo».
Señora presidenta (Barreiro). Debemos decidir si este comunicado lo hacemos en nombre de la Comisión o de la bancada femenina.
Si algo positivo pudiera salir de algo tan repugnante, es la reacción que ha
generado
Como todos los sectores sanos de la sociedad, expresé públicamente mi indignación ante el momento que tuvieron que vivir China Zorrilla y Sonia Breccia. Pero si la agresión de que fueron objeto hubiera sido lanzada contra la gente que no gozaran, como ellas gozan, de mi aprecio y estima personal, hubiera reaccionado de la misma manera. De eso se trata. Seamos francos, este episodio no es nuevo. No es la primera vez que ocurre. Si es que algo positivo pudiera salir de algo tan repugnante, ello es la reacción que ha generado. Ojalá esa reacción impida que vuelva a ocurrir.
Cuando el periodismo incursiona en la vida personal de las figuras públicos (políticas, artísticas, periodísticas, o lo que fuera) plantea un problema moral de fondo que deja totalmente indefenso a aquel o aquella que ha sido lesionado o lesionada en su honorabilidad y además en su intimidad. Si, como en el caso de marras u otros tan indignantes como este, la versión que toma estado público es falsa, desmentirla no deja de ser una forma de legitimar el derecho de entrometerse en la vida personal de los demás. Veamos: yo periodista digo que dos figuras públicas: fulano es amante de sutana. Resulta que no es verdad. ¿Qué hacen fulano y sutana? Desmienten. Tendrían para ello que demostrar que no son amantes (¿?) Pero aún cuando pudiera hacerlo, demostrarían la verdad pero habrían legitimado el derecho del periodista de opinar sobre qué hace cada uno con su vida personal.
Hace unos días vi en televisión la película Conspiracy. Trata de una imaginaria vicepresidenta de EEUU a quien acusan de prostitución durante sus años de estudiante. Ella no se defiende. El Presidente le avisa que encontró pruebas de su inocencia y ella le dice que no las use. Ella siempre las había tenido, pero consideraba que usarlas era admitir que su vida personal pudiera discutirse en público. Prefería la duda pública sobre su conducta que ceder al principio fundamental: no se legitima lo que está mal.
Como lo dice magistralmente Rodrigo Borja en su Enciclopedia Política: «Cada persona es dueña de una esfera de actividad privada que no tienen por qué ser conocida fuera del ámbito de su privacidad».
La vida de Sonia y China son un ejemplo. Pero ni aún sus mejores virtudes, en lo que se refieran a la órbita de lo privado, merecen discutirse en público. Sobro lo otro: el insulto grosero y soez, prefiero ni opinar.
Juan Raúl Ferreira (Extractos de su columna de ayer en El Observador)
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