ENTREVISTA - MARIA LOURDES URBANEJA (EMBAJADORA DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA) "Chávez no tiene presos políticos, no tortura"

Embajadora aseguró que Chávez respaldará a aquellos gobiernos "con aliento transformador"

Y si la mención de Venezuela trae a muchos uruguayos el agradecido recuerdo por exilios, de económicos a políticos, lo cierto es que las proyecciones de ese gobierno hacia el próximo nuestro, seguramente aparejará nuevos agradecimientos. Porque desde el vamos, el apoyo de los «chavistas» al futuro gobierno de izquierdas uruguayo está garantizado.

«Estamos obligados como gobierno y como embajadora de la República Bolivariana de Venezuela a fomentar todos los espacios para que la integración se produzca. Pero no se puede producir integración abstracta: ésta se hace en función de actores políticos económicos, sociales, culturales… Este gobierno bolivariano esta empeñado en fortalecer todos aquellos espacios que hagan ese acercamiento, esa integración que es un mandato constitucional. Y porque para nosotros esa es la plena vigencia del pensamiento bolivariano. A Bolívar no hay que momificarlo, hay que reivindicar el pensamiento de Bolívar, a quien Artigas le escribió una carta en 1819 sobre este sueño y necesidad de integración», explica.

«Los procesos de América Latina han venido señalando un camino de acercamiento y de momento se impone fortalecer los vínculos y la solidaridad. Como hicimos ahora con Argentina, en el marco de esta crisis energética en el Cono Sur, tiene que llegar el momento en que nos sentemos todos a analizar estos problemas en forma conjunta. Venezuela tiene estas riquezas, tiene estas posibilidades de contar con una riqueza energética muy grande y tiene disposición y compromiso para fortalecer la solidaridad en todos los campos en el continente. Es el mandato que tenemos como Constitución, el mandato que ha desarrollado el presidente Chávez. Ya lo hizo con Argentina; con Lula estamos en acuerdo, ya tenemos acuerdo energético, paso de energía en la frontera con Brasil. Yo digo que las necesidades del continente nos harán fortalecer las redes, que esas mismas necesidades nos están imponiendo».

Específicamente en cuanto a los compromisos que asumiría esta revolución bolivariana, con un gobierno frenteamplista, la embajadora entendió que ello existe, en la medida que su gobierno tiene compromiso «con los gobiernos con aliento de transformación, de compromiso con los pueblos, con los derechos, con la ciudadanía, con generar ciudadanos con derechos, con la dignidad de la vida en nuestro continente: pues allí no hay ninguna discusión, ese gobierno bolivariano continuará fortaleciendo y avanzando para caminar hacia esa otra patria latinoamericana que tanto soñaron nuestros libertadores, como Bolívar, que para nosotros es un aliento».

Un país tan rico, tan pobre

Al extractar dos horas de intenso análisis, surge la tradicional imagen que buena parte de los uruguayos tenemos de Venezuela, una nación petrolera riquísima, ahogada por multinacionales, conducida al mismo abismo de la mano de políticos que estuvieron a la altura, exclusivamente, de sus intereses personales.

La embajadora Urbaneja describe capítulos de una historia nacional que, por momentos, algún inadvertido uruguayo podría creer estar escuchando la suya propia.

«A lo largo del siglo XX, en el país se fue profundizando la pobreza y consolidando la riqueza con el surgimiento de una nueva clase social antes desconocida en Venezuela, una burguesía concentradora de la riqueza en muy pocas manos. Aumentaron las brechas; se fue generando un germen de la necesidad de transformaciones profundas. Y se fue deslegitimizando todo lo que fueron los partidos políticos tradicionales. Hasta el mismo partido de Acción Democrática, que había sido un partido de amplia inserción popular, se fue pervirtiendo, así como sus cúpulas dirigentes. Y el partido dejó de interesarse en las necesidades de la gente, convirtiéndose también en las elites del poder económico. Y así dejaron de ser opción en el país».

Un llanero presidente

Si el advenimiento de Hugo Chávez a la presidencia venezolana, llevaría más de un libro, una frase de la embajadora da al menos la pauta. «El presidente Chávez surge como candidato, como parte de ese acumulado social que a lo largo de años de postergaciones para los más se fue generando en Venezuela: el presidente es producto de un punto de inflexión registrado en el país, pero también de su esfuerzo personal, de su trabajo y aplicación para con el pensamiento bolivariano».

Con esa misma síntesis enfrenta a los que califican al gobierno que representa de «improvisado» e «incoherente», o de cargos aún peores.

«Esto no fue una improvisación. Fue todo muy pensado hasta el mismo momento en que el presidente hace su asunción de responsabilidad y al final puede plantarse como candidato. El presidente ha sido una persona transparente: él nunca ha hecho lo contrario de lo que ha dicho. Ha sido muy coherente, muy consecuente. Y esa es de las cosas extrañas para un candidato que llega a ser presidente en esta América Latina, donde hay como una tradición de los sectores hegemónicos dominantes, siempre opuestos a hacer lo que se comprometieron a hacer. Este llanero Hugo Chávez llegó a presidencia y no jugó en la cancha de la «contra»: él marcó la cancha. No les dio tiempo. El presidente llega, jura ante la «vieja» Constitución, y saca el artículo referente a la convocatoria del proceso constitucional. Y sin dar tiempo a nada, unas horas después de juramentar, hace la convocatoria del proceso constituyente que se inicia ese año. Y de ahí, no ha habido detención del proceso».

Recuerda que para ese cambio constitucional, 1999, fue un año complejísimo y decisivo, «un año de discusiones y debates; nunca para una Constitución participó tanta gente y tantos sectores; todos los excluidos salieron a debatir, para verse incluidos en esa Constitución. Es así que hoy ese capítulo, el de los derechos sociales de la inclusión, es uno de los mayores en América».

Pero la ahora diplomática recuerda que también allí, en ese punto de inclusión de los excluidos comenzó la «demonización» de Chávez.

«Es que allí puso la pauta de lo que deseaba, lo que condujo a demonizarlo. Un sector importante de lo que se llama hoy oposición en Venezuela, que también votó en contra de la nueva Constitución, que se opusieron al referéndum, a todo, ha venido persistiendo sin pausa. Y tomaron el atajo golpista, el atajo fascista, el atajo terrorista.

Porque lo cierto es que no hemos logrado en este proceso bolivariano la construcción de una oposición democrática: los sectores dominantes de la oposición se convirtieron en sectores golpistas. Pero aun el proceso de desligitimación de los partidos políticos ha hecho que en la construcción del proceso bolivariano los partidos no tienen ya cómo conducir una oposición y los medios de comunicación han pasado a poner la agenda de la oposición».

Las afirmaciones con relación a la prensa son duras, como para implicar la réplica del cronista. Después de todo, la prensa es colega en todo el mundo, y una de las trampas favoritas del mundo político es cargar al mensajero con la culpa del mensaje. Pero a María Lourdes Urbaneja nada la arredra.

«Ellos han venido anunciando que Chávez es un dictador. Y el problema es que Chávez no ha hecho una dictadura. Han dicho que Chávez es autoritario y que está en contra de los medios de comunicación. Pero no hay forma de probarlo: Chávez, no ha puesto preso a un solo dueño de medio de prensa alguno. Chávez no tiene presos políticos, no tortura, pero ellos insisten e insisten. Entonces se ha generado una cuestión mediática muy grave: si usted no es del proceso, no le interesa la vida política, y usted decide quedarse todo el día en su casa, usted igual puede volverse l
oco. Porque lo único que usted va a escuchar todo el día es un relato y una visión del proceso bolivariano de Chávez que llega a aterrorizar. Más aún, creo que es ya un problema de salud pública: generaron un problema de salud mental y colectiva».

Camino a los logros

«Obras son amores, que no buenas razones», afirma el refranero, abriendo el diálogo a los campos de la ejecución más allá de las mejores intenciones. En un camino histórico que tampoco fue de la noche a la mañana, y sin más ni más.

Para esta hija de Lagunillas, en el venezolano estado de Zulia, 2001 fue un año clave. Fue en ese mismo año directora general de la Oficina de Cooperación Técnica, del Ministerio de Planificación y Desarrollo. Antes de que finalizara, era ya ministra de Salud y Desarrollo Social.

«Ese fue el año de generar el marco legal para darle sustento a lo que reconoció la Constitución bolivariana, es decir, reconocer derechos de muchos sectores sociales e incorporar la participación social protagonizada como un eje transversal del sector público. También toda la definición de la sociedad como democrática y verdaderamente participativa. Y dar las orientaciones de política internacional. La democratización del acceso al crédito. La ley de tierras para transformar la propiedad, repartiendo tierras inmensas que el Estado tenía pero que estaban usurpadas. La ley de pesca, con una visión ecologista y una defensa de la pesca artesanal. La ley de microfinanzas para promover pequeñas y medianas empresas. La ley de cooperativas. Una cantidad de leyes fundamentales, dirigidas a transformaciones estructurales, para convertir el sueño de integración de Bolívar en mandato constitucional.

Pero las leyes se aprueban el 29 de octubre y el 10 de diciembre empieza todo el accionar antidemocrático, un paro patronal nunca visto en Venezuela, con una central sindical que se plega a la patronal, con los patrones pagando a los trabajadores para que no fueran a trabajar. Así empieza 2002, el año de la desestabilización por todas las formas, que terminó en diciembre con el golpe al corazón de Venezuela. Aún así, en medio de todo eso, este proceso ha avanzado por un lado con el fortalecimiento de una profunda reorganización de la sociedad venezolana en diferentes formas, peleando por sus derechos. Por otro, con el cumplimiento del presidente del compromiso ético de generar políticas públicas para la inclusión social, universalizando los derechos, como dice la Constitución, convirtiendo el plan económico nacional, en el eje del accionar público».

Trabas y avances

La traba principal que encontraban los revolucionarios a la hora de solidarizarse con el pueblo era, nada más ni nada menos, que el mismo aparato estatal.

«La contradicción, entre un Estado que quiere reivindicar derechos sociales, garantizar derechos, y una estructura, un aparato del Estado, muy anacrónico muy pesado, que no está a tono. Nos planteamos una transformación de ese aparato del Estado, una nueva institucionalidad pública, una nueva forma del Estado de sociedad con participación directa de la gente en la determinación de prioridades. Así, los comités de planificación local, comenzaron a mejorar y transformar la gestión local con participación de la gente, generando diferentes entidades organizativas de y para esa misma sociedad».

«Desde 1999 a 2003, hemos cuatruplicado la inversión social. Cifras que se van a duplicar para finales de 2004″.

«Hemos comenzado a bajar realmente las tasas de mortalidad infantil, una meta del milenio, que ya bajó de 24,4 a 17,3. Hemos extendido la cobertura a la mujer embarazada que antes era del 23% y ahora supera el 50%. Ahora se garantiza el derecho a cuestiones tan importantes como la inmunización, por ejemplo».

«El tema de la educación se ha convertido en logro del gobierno. Mediante el Plan Robinson (en memoria del educador de Bolívar) hemos logrado que para julio próximo el presidente declare a Venezuela, ‘libre de analfabetismo’. Y eso ha sido posible por la acción del gobierno pero sin dudas también por la participación de la gente. Hemos superado las metas planteadas, ya que no se trata solamente de aprender a leer y a escribir, sino continuar alfabetizando a la gente hasta el sexto grado».

«Y tenemos 4 millones de personas que han quedado a medio camino en el estudio de Secundaria: ahora garantizamos que todos ellos puedan terminar, e incluso acceder a la educación superior».

«Hoy, los programas sociales más importantes del país están cubriendo a 7 millones de personas, incorporadas a la educación, permitiendo además programas para identificar necesidades, un proceso real, un gran scanner social, que además genera un gran proceso de solidaridad».

Asimismo y dentro de su área de acción original, la embajadora recuerda el avance «en la construcción del Sistema Público Nacional de Salud, como parte del sistema de Seguridad Social, que apenas tuvo prensa por el día en que se aprobó: el 2 de diciembre de 2002, cuando se inició el sabotaje petrolero». Enfatiza algo que a los uruguayos puede sonar conocido. «En Venezuela, el amplio aparato sanitario se fue deteriorando, desactualizando, fragmentando, y terminó siendo excluyente sin garantizar derechos». Apunta que ahora «a este aparato lo estamos transformando con la brújula de la equidad, la inclusión dando respuestas quienes más necesitan para articular redes relacionadas, sobre las pautas de atención primaria de la OMS, con no menos de 5.000 núcleos de atención primaria, en todo el país. Esto es la respuesta del gobierno bolivariano a las necesidades de salud de la mayoría, donde antes no llegaba nada: acceso a atención, medicamentos, tecnología, e inversión».

El mayor enemigo

La lucha continúa, para estos modernos bolivarianos. Los enemigos de los cambios, existen sin dudas, en todas partes.

«El mayor enemigo, los que apuestan con mayor deseo a que realmente el proceso pueda ser detenido, son los factores antinacionales, encabezado por grupos nacionales pero antinacionales del país, que militan en los sectores mas reaccionarios de la oposición en Venezuela, con vínculos externos que tienen una trayectoria en nuestro continente», remarca Urbaneja.

Acerca del rol estadounidense en esta campaña desatada contra los revolucionarios bolivariano, la embajadora se remite a lo planteado recientemente en la Organización de Estados Americanos.

«Hay una relación muy estrecha entre estos sectores antidemocráticos en Venezuela, con grupos que los han apoyado y financiado, desde fuera del país. Nuestro embajador en OEA, Jorge Balero, ha denunciado la injerencia de sectores del gobierno norteamericano en el financiamiento de los grupos antidemocráticos en Venezuela; hay documentos, además de la extensa exposición del embajador».

Concluyó apuntando que «el proceso bolivariano es irreductible. Estamos promoviendo la integración latinoamericana ante el ALCA, reconociendo nuestras asimetrías, respetándonos los unos a los otros, de manera sustentable. Políticamente generando sociedades democráticas con derecho a disentir, con sentido de soberanía y de derechos resueltos. Pero no olvidamos que en nuestro continente, el que garanticemos derechos va en contra de la acumulación de capital. Han convertido hasta la misma salud de la gente en un objeto de mercado, entonces el que tiene dinero en el bolsillo paga por su salud. Así, la educación se convierte en objeto de mercado. Y todo lo demás. Un gobierno como el nuestro, que se impone el compromiso ético de realizar y garantizar derechos, por supuesto pasa a formar parte de los demoníacos del continente. Y lo demoníaco de Chávez es su constancia, su perseverancia en los dere
chos fundamentales puestos en la Constitución, el derecho de nosotros a decidir el destino que queramos». *

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