Sarandí al 229: Un museo
Es como si el tiempo se hubiera detenido. Toda la cuadra, salvo algunos detalles, no ha sufrido cambios sustanciales ni en sus fachadas, ni en el color de sus casas. En la esquina, un vecino recuerda con nitidez lo ocurrido aquella madrugada. Y transcurrieron más de treinta años. Sorprende comparar la propia vivienda de inquilinato, de dos plantas, la número 229, con las fotos publicadas en los diarios de la época. La propietaria accede, con gentileza, al pedido de LA REPUBLICA y permite ingresar al corredor, donde se produjo el enfrentamiento. Después del tiroteo, la vivienda quedó «destrozada», recuerda. Señala la pared, al costado de la puerta de la habitación donde estuvo Sendic. Todavía se notan, en alto relieve, los impactos de proyectiles, recubiertos hace años por mampostería. Al costado del corredor, frente a la habitación hay una pequeña puerta que conduce a un baño. Al fondo, hay un sótano que fue tapiado después, dice, «por las Fuerzas Conjuntas». «Pienso que Sendic en el tiroteo quería ganar este lugar. ¿Sabe a donde tiene la salida? En la Plaza Independencia». La pieza da a la calle a través de una cortina metálica, en la cual se observan también algunas magulladuras de los disparos. Hace años, funcionaba una peluquería para hombres, y después, una fábrica de pelucas, según las crónicas de la época. Sin embargo, la propietaria asegura que allí se vendían. Después quedó abandonada y fue utilizada como «berretín» por el MLN-T. Hoy vive una funcionaria del Hospital Maciel. *
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