Reclamó que la "recuperación económica" se destine a satisfacer las "demandas urgentes" de la sociedad

Seregni llamó a vencer el miedo, "a la marginalidad y al desempleo" para "seguir luchando por el futuro"

Confiado en el futuro, recogiendo las enseñanzas del pasado, polémico y desafiante como siempre, el general (r) Líber Seregni comenzó su discurso asumiendo la política con valentía. En sus primeras palabras recordó que cuando se retiró de la Presidencia del Frente Amplio dijo «cosas que motivaron críticas severas y hasta algún agravio de mis propios amigos y compañeros». En esos días, agregó, un preso político del piso sexto de la Cárcel Central – «un querido compañero»- le dijo en su casa: «Mi general, el grave error de su vida es no haberse muerto», porque si eso hubiera ocurrido hoy «serían halagos y homenajes, pero usted siguió viviendo y habla y molesta a la gente». «Mañana lo voy a llamar a este compañero y le voy a decir que no estuve tan errado en seguir viviendo (porque) los hechos de hoy, de esta jornada me lo demuestran», señaló en medio de los aplausos y risas de los presentes. Pero una verdadera ovación se desató cuando manifestó que retirarse de la vida pública «es una forma de desaparecer, pero no es menos cierto que en vida recibo este homenaje». Entre el público presente se encontraron el doctor Tabaré Vázquez, quien dijo que estaba «muy emocionado», legisladores del Frente Amplio, el arquitecto Mariano Arana, el rector de la Universidad de la República, el doctor Hugo Villar, dirigentes estudiantiles, los dirigentes colorados, el escribano Guillermo Stirling y el senador Alejandro Atchugarry, el doctor Carlos Ramela, así como el director de la DGI Eduardo Zaindensztat. También estuvo presente el doctor Héctor Gros Espiell, del Partido Nacional, entre otros. El presidente honorario del PIT-CNT José D’ Elía envió su adhesión al homenaje.

«Presento mis excusas»

Sobre los delegados de la generación 83 que lo visitaron en el balneario Costa Azul para plantearle la idea del homenaje, dijo que notó en esa conversación «que esta gente no estaba viviendo y recordando nostalgias, sino que estaban por sobre todas las cosas viviendo un presente y soñando un futuro». De aquí en más Seregni se trasladó al pasado, reivindicó la lucha democrática del año 1983 y trasladó esa experiencia para los próximos años.

Previamente al análisis de aquellos hechos, el militar retirado manifestó que intentó «ser fiel» a sí mismo, «coherente, en el marco de principios éticos elementales en la defensa de la libertad y de la democracia, en el respeto irrestricto a la Constitución y a la Ley». Pero todo lo que hizo «lo bueno y lo malo, lo acertado y lo erróneo fue a plena conciencia. Traté de perseguir el paradigma de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice y a veces pude hacerlo y otras veces no». Esto fue así, porque sintió el dilema «entre la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades». «Cuando uno tiene un cargo, cuando uno habla en nombre de otro no es uno solo el que habla y eso limita seriamente las posibilidades de expresión propias», subrayó, para agregar que eso se debe tener en cuenta «cuando juzgamos las conductas de gobernantes y de líderes políticos». Por eso cuando se liberó de «las ataduras de las responsabilidades, recién puede hablar por mí y para mí y ser auténtico», indicó. Pero al decir su verdad pudo haber herido a alguien pero «eso no fue mi propósito» y «si en algún momento eso pasó: aquí públicamente presento mis excusas», dijo arrancando una nueva ovación.

Entrando en el rescate del pasado, dentro del que inscribió su liberación, Seregni señaló que el 19 de marzo de 1984 «no es solamente el acto del balcón» desde donde dirigió sus palabras a la multitud. En lo personal fue la emoción de años de espera por el día de su liberación, en tanto del punto de vista político indicó «una señal clara: que el régimen necesitaba una salida y estaba dispuesto a transitar pasos en esa dirección», porque «yo era un general traidor al proceso, yo era el preso emblemático que digiera Wilson Ferreira, yo era el presidente del Frente Amplio, la fuerza política que el régimen había querido destruir». Esta señal «la sintieron todas las fuerzas políticas y sociales» y por eso «fue el inicio de una etapa que luego las fuerzas democráticas instrumentaron en una línea de concertación, movilización y negociación que finalmente terminó con la recuperación de las libertades y la democracia».

«La larga noche»

Para Seregni hubo un 19 de marzo y un año 1984 «porque antes había habido un año 83″, ejercicio de la memoria que es imprescindible para conocer lo que pasó. En este sentido señaló que el problema de las sociedades «es saber qué olvidar para mejor recordar aquello que no puede ni debe olvidarse». «En la larga noche del régimen autoritario, de terror y de silencio infinito de los primeros tiempos, de privación de cualquier manifestación ya había existido un formidable NO al intento de (imponer) una Constitución liberticida que asombró al mundo entero y había habido el proceso de las elecciones internas (de los partidos políticos) de 1982, con el amplio triunfo de los sectores democráticos e incluso con el foto en blanco», forma en que se expresó en las urnas el Frente Amplio. Pero el año 1983 tuvo la fuerza de mostrar que la dictadura «estaba históricamente terminado», con las caceroleadas, la salida de la gente a la calle, el acto del 1° de Mayo «y la semana de los estudiantes con aquella magnífica marcha». «Y finalmente el Río de Libertad del Obelisco», enfatizó. Junto a esto destacó la creación de Asceep, el PIT y Fucvam, así como Cinemateca, el surgimiento del canto popular, el teatro. «Todo esto fue lo que condujo al 19 de marzo», recordó.

Todas estos hechos tuvieron el valor de demostrar «que se había perdido el miedo al miedo», donde los convocantes a su homenaje «tuvieron un papel protagónico». Jóvenes entonces que sufrían la represión de la dictadura, mientras luchaban contra ella, dentro y fuera de la Universidad. Eso «era por sobre todas las cosas la negación de la vida y la negación del amor». «Pero vencieron al miedo», señaló, recordando que «no hay libertad con miedo, no hay vida plena con miedo, no hay democracia con miedo».

Lo importante para Seregni es saber cómo esa generación pudo vencer al miedo. Fue posible porque superaron «la barrera, la debilidad del frío de lo individual y alanzar la fuerza y la calidez de lo colectivo, fue la necesidad de reencontrarse con otros, fue recrear la solidaridad, la confianza, la lealtad, fue superar la dignidad humana en el mejor sentido del término y fue, por sobre todas las cosas, recuperar el sentido de la vida, recuperar el valor del amor como fundamento de la relación humana, recuperar los valores éticos y sociales y al saber que esa reconquista era posible si la lucha era de todos, para salir entre todos». Fue el desafío de «unir mil miedos para formar un solo coraje», dijo recordando una anécdota previa a la dictadura.

Ya entrando en el escenario presente, Seregni manifestó que «hoy estamos saliendo de la crisis económica más severa que sufrió nuestra sociedad en los últimos tiempos». «Digo que todos quisiéramos que el proceso d e recuperación económica que parece que estamos viviendo, se convierta, se transforme en un proceso sostenido de desarrollo económico y social que permita satisfacer las demandas urgentes de nuestra sociedad».

Pero eso será posible «solo con el esfuerzo conjunto de la sociedad entera» y porque «aún persiste el miedo de nuestra sociedad y en la juventud, particularmente», aunque son otros miedos distintos a la dictadura: «el miedo a la seguridad ciudadana, el miedo al presente y al futuro, a la marginalidad, al desempleo, el miedo a la violencia, el miedo al terrorismo, el miedo
a los cambios». «Estos miedos tenemos que sacarlos, tenemos que radicarlos porque no habrá un futuro venturoso para nuestra gente si así no lo hicimos. Es un NO a ninguna clase de miedo, es SI a una esperanza que nos aliente a todos para seguir luchando por ese futuro que queremos», enfatizó. Este talante de la generación 83 de vencer al miedo y a la vez encarar el desafío como una empresa de todos, dijo que quiere proyectarlo en este año electoral. Hoy en todos los ámbitos partidarios «corren vientos de renovación y de cambios», y existe la expresión «de las voluntades en todas las tiendas políticas de elaborar propuestas y voluntades para un futuro mejor para el pueblo oriental». Ya sobre el final pareció exigir de los partidos políticos que tengan en cuenta ese «capital humano excepcional» que posee «una tremenda potencialidad que debe estar al servicio de la República». A la vez le exigió a esa generación que «se mantengan movilizados» y que «estén militantemente trabajando para permear a la sociedad entera, pero particularmente a los jóvenes de las generaciones que siguieron, del espíritu y las formas que le permitieron superar aquellas dramáticas instancias».

«Seguiré pensando»

Por último, Seregni terminó desafiante como al principio. Destacó que tiene plena conciencia de que cuando se abandona la vida pública se le «confina en el ropero del desván». Pero dijo que «si vivo» y «existo y soy, puedo pensar», «entonces, dentro del ropero, seguiré pensando y si en algún momento siendo la necesidad de pelear lo haré contra las puertas del ropero». Con los ojos plenos de lágrimas el general Seregni salió «por la puerta grande» de la Universidad de la República, del brazo de su esposa. En la calle manifestantes coreaban consignas contra George W. Bush, a un año de la invasión a Irak.

En el Paraninfo los participantes se abrazaban casi en silencio, como queriendo que la imagen de aquel hombre de bastón no se fuera nunca. *

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