Montevideo, cuando se fijó el salario mínimo rural
Todo el país está escandalizado por la aprobación de una ley que establece nada menos que un salario mínimo para los gauchos, esos campesinos que sólo saben andar a caballo y a lo sumo arrear reses. A partir de ahora, esos vagos tendrán derecho a exigir que sus estipendios no sean inferiores a dieciocho pesos mensuales. Todo un abuso.
El Parlamento uruguayo ha sancionado hoy esta ley de clara inspiración en los modelos socializantes que campean por el Viejo Mundo y por la Rusia bolchevique, y que en estos lares han encontrado a un émulo destacado en don José Batlle y Ordóñez, líder del Partido Colorado, quien se propone instaurar en este pequeño país sudamericano el estatismo socializante que atenta contra la iniciativa privada.
Nuestro corresponsal tomó un tranvía que lo condujo hasta la Asociación Rural, en el aristocrático barrio de El Prado, donde recabó la opinión de uno de los directivos de la gremial.
«Esto es un atropello a la libertad de empresa, es una intromisión intolerable del Estado en las relaciones entre estancieros y peones. El gobierno no puede seguir regulando la economía y el mercado laboral porque de esa manera no hay progreso», sostuvo –visiblemente preocupado– el hacendado Prudencio Fagúndez Thompson, dirigente de la gremial agropecuaria.
Más tarde, en el bar de Lucas Obes y 19 de Abril, nuestro corresponsal pudo oír la conversación entre dos obreros que expresaban su acuerdo con las políticas sociales del batllismo y planeaban viajar al interior para ayudar a los rurales a sindicalizarse. Poco falta para que se formen soviets de campesinos, obreros y soldados como en la Rusia comunista… *
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