Las claves de la investigación del inspector Rivero

Un artefacto informativo detonó ayer en pleno plexo de la sociedad uruguaya al trascender que el cese del ex director nacional de Policía, se debió a las investigaciones que había iniciado sobre si el director del semanario Búsqueda y vicepresidente de la SIP, Danilo Arbilla, y el escribano de ese semanario, Javier Mario Morassi, estaban o no involucrados con las actividades ilícitas del poderoso «Cártel de Juárez» cuyas operaciones de lavado acababan de ser demolidas por la «Operación Casablanca» lanzada por cuatro agencias norteamericana: la DEA, el Departamento del Tesoro, la Aduana y la Dirección de Impuestos Internos de EEUU. El cesado inspector general Roberto Rivero informó a la Justicia de Maldonado que Arbilla había vendido su casa de descanso de Punta del Este en U$S 550.000 «muy superior a su valor real» a los hermanos Domingo y Nicolás Di Tulio, quienes fueron acusados penalmente por narcotráfico por los gobiernos de EEUU, México y Argentina, embargados sus bienes y con interdicción de salir de Buenos Aires hasta que culmine la causa. Asimismo informó que el escribano Javier Mario Morassi, «amigo de hace 30 años de Arbilla y su escribano personal» había formalizado esa escritura y además todas las escrituras de los Di Tulio en Uruguay. Se refería a la compraventa de tres campos en Flores cuya enajenación fue descubierta por la «Operación Casablanca».

A LA REPUBLICA le llamó la atención que sólo por la venta de una casa a un narcotraficante –aun admitiendo que se hubiera pagado por ella mucho más de lo que valía– y por la participación de un escribano amigo de Arbilla en la operación, se dudara de la honestidad tanto del periodista como del escribano actuante.

Al respecto intentó por todos los medios profundizar en los fundamentos que tuvo un jerarca policial, reconocidamente honesto, que ganó por concurso en cargo más importante del Instituto y enfrentado radicalmente al narcotráfico desde que era director nacional del organismo antidroga en todo el país, para involucrar al colega Danilo Arbilla y al profesional Morassi. Todos los intentos fueron vanos. Desde que fue cesado el inspector Rivero se negó a hablar y sólo mandó decir que «está silenciado por las normas legales que rigen al Instituto Policial».

El tema era suficientemente delicado como para no insistir y no buscar otras fuentes. Las encontramos fácilmente en los propios colegas del inspector Rivero quienes pidieron máxima reserva de su identidad.

Estos nos manifestaron que «Rivero se tiró al agua porque el escribano de Arbilla había intervenido en todas las compraventas de los narcos Di Tulio, no sólo la casa de Arbilla sino también los tres campos de Flores y que lo que más le llamaba la atención es que el escribano había sido elegido no sólo por Arbilla sino también por los Di Tulio en todas las compraventas, pasando a ser escribano no sólo del vendedor sino también de comprador, hecho éste insólito y fuera de las costumbres notariales». Las mismas fuentes agregaron que «tan el escribano de Arbilla fue el escribano de Di Tulio que el domicilio de las dos sociedades que utilizaron los Di Tulio son el mismo domicili de la Escribanía Morassi». LA REPUBLICA intentó ubicar al escribano para cotejar estas informaciones pero le fue imposible ubicarlo. Al hacerles saber que esos extremos estaban referidos al escribano de Arbilla, pero no al mismo Arbilla, las fuentes explicaron que «Rivero no hubiera pedido la investigación si no estuviera en conocimiento de que existieron por lo menos tres llamadas de la oficina de Arbilla los días 4 de octubre y 3 de noviembre del año pasado (dos años después de la venta de su casa de Punta del Este) a las oficinas de la financiera ‘Mercado Abierto’ en Buenos Aires acusada por el fiscal norteamericano Alejandro Mayorkas, en la Corte Federal de Los Angeles, de ser la central del narcolavado en la región y que esa denuncia también fue formalizada ante la Justicia argentina lo que determinó la inmediata congelación de los fondos tanto de la financiera como de su principal, Aldo Ducler, del ex policía mexicano Jorge Iñiguez al servicio actualmente del Cártel de Juárez y de su socio Jaime Martínez Ayon, responsable del cártel para convertir el dinero del narcotráfico en bienes inmobiliarios argentinos y uruguayos».

Ante esta novedad surgida al filo del cierre de nuestra edición por fuentes policiales plenamente identificadas por LA REPUBLICA, nuestro diario volvió a contactarse con Danilo Arbilla quien enfáticamente negó haber tenido «contacto alguno, directo o indirecto, personal o telefónico con la financiera Mercado Abierto» cuyas actividades ilícitas son del dominio público en medios financieros y han sido ampliamente divulgadas por los medios de comunicación argentinos y agencias internacionales de noticias.

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