Conmoción por dichos de Stirling
Las declaraciones formuladas en la pasada jornada por el ministro del Interior, Guillermo Stirling, al calificar al ex director Nacional de Policía como un «terrorista de Estado», causaron una verdadera conmoción en el funcionariado de la cartera.
Fuentes consultadas por LA REPUBLICA dijeron que hace sólo unas semanas el inspector general Roberto Rivero era «una excelente persona, y ahora ha pasado a ser el enemigo número uno».
El inspector Rivero había logrado en los tres meses de gestión al frente de la Dirección Nacional de Policía (cuarto puesto de importancia en la estructura interna) una excelente reputación. Había cambiado radicalmente la forma de manejarse, contrastando con las actitudes de su antecesor el inspector general Molina Ferraro, dijeron las fuentes. Pero no sólo era apreciado por los policías sino también entre los civiles que trabajan en el ministerio. Tras su separación del cargo, Rivero fue respaldado por sus subordinados directos y varios comisarios y oficiales superiores. Las fuentes dijeron que causaron «una gran decepción» los dichos del ministro, luego que «él mismo dijera que Rivero era una excelente persona y que lo creía una persona sumamente honesta».
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