El director de Búsqueda en entrevista con LA REPUBLICA denunció una "conspiración" en su contra para "destrozar" su imagen

Danilo Arbilla: "¿Por qué Rivero hizo esto?"

–¿Cómo arranca esta historia en la que se ha visto envuelto?

–Esto arranca el miércoles 22 de marzo; una mano generosa me hace llegar una copia del oficio enviado el 16 de marzo pasado por la oficina antidrogas de Maldonado a un juzgado penal donde se me involucra como el principal contacto del Cartel de Juárez en el Uruguay. Un oficio de una desprolijidad tremenda, donde se habla del estudio Posadas, Posadas y Vecino, se habla de varios bancos implicados, del menemismo, un señor Ortega, aparentemente Palito Ortega, y los señores Di Tulio. ¿Por qué? Porque dicen que yo les vendí una casa a los señores Di Tulio, en un precio muy por encima de su valor. Se habla de otra serie de cosas, de venta de campos en Flores, etc. y después se pide que Arbilla sea investigado. Se describen otras tres operaciones con datos equivocados, de los últimos 16 o 17 años, con bienes inmuebles que yo compré y vendí en Maldonado.

–¿Usted conoce a estas personas?

–Nunca los vi en mi vida. No sé si son flacos, gordos, altos. Enterado de esto, pienso que nada más falta que el titular: director de Búsqueda, vicepresidente de la SIP, Danilo Arbilla, es investigado por la Policía y la Justicia uruguaya, por ser el principal…. estaba redondito. Al otro día, llamo a Luis Hierro. No al vicepresidente de la República. Al ex ministro del Interior, fue compañero de trabajo, y le digo mirá esto es una trampa lo que me han hecho. Averigua y me llama. Hablé con un hombre que va a ser director de la Policía Nacional, me dijo que lo que hubo ahí fue un apresuramiento, un problema por el cambio de mando. Gente que no está preparada se equivocó. Lo que estaban buscando era otra cosa, nada que ver con vos. Van a sacar un nuevo oficio. Yo pido una entrevista con Rivero. Tengo una larga charla con él, me repite lo mismo pero hay algunas cosas que me llaman la atención. Le explico, usted fíjese que esto está redactado como para titular, entonces le retruco todo lo que dice ahí. Me dice, no se preocupe, mire que no va a salir nada. Y entonces me cita una publicación.

–¿Una publicación de nuestro país?

–Sí. Que no es LA REPUBLICA por si quiere saber. Pero no voy a decir el nombre porque me lo voy a reservar.

Me dice no va a salir nada en tal lugar. Y le digo que esto me llama la atención ¿sabe por qué? Porque los únicos periodistas que saben de esto desde hace tres meses son precisamente los de esa publicación. Y entonces me dice, yo hablé con el director que es muy amigo mío. Me habla muy bien de él. Yo le di mi opinión y le dije que lo único que me importaba era que esto se aclare y que se me investigue todo.

Me dice quédese tranquilo porque va a salir un nuevo oficio. De todas maneras, yo le envío a Rivero un memorándum en el que digo: En función de lo que le había anunciado le envié mi tarjeta con todas mis direcciones y teléfonos donde se me puede ubicar en todo momento. Al mismo tiempo, le reitero mi disposición a dar toda la información que usted y la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas requieran o lo requiera cualquier agencia extranjera con la que trabajen en colaboración. El me había dicho que trabajaba en colaboración con la DEA y la Aduana de los Estados Unidos. Más adelante le digo: inspector, en el oficio se dice concretamente y afirmativamente sin la alternativa de un condicional, que yo soy el principal contacto en Uruguay de esos narcotraficantes y delincuentes. ¿En base a qué? Yo necesito que todo ello se investigue a fondo porque hay informantes o informaciones de que vuestros servicios consideran atendibles o los Estados Unidos consideran atendibles como para involucrar a un ciudadano honesto pero que son absolutamente falsas.

Y esto, cualquiera sean las acusaciones estoy dispuesto a demostrarlo, como estoy dispuesto a justificar y probar todos mis ingresos económicos y financieros y todas las operaciones de cualquier tipo que se requiera. Por eso es que insisto en decirle a usted y a través suyo a las autoridades y servicios que sean que estoy a vuestra disposición para ser investigado y para franquearles todas las puertas que sean necesarias con el fin de aventar cualquier mancha o sospecha sobre mi nombre o conducta. Eso se lo escribí el 28 de marzo. Rivero me comunicó que había sacado un nuevo oficio donde se corregía todo. Le pido el oficio y me dice que es un documento reservado. Yo consigo el oficio. Para mi sorpresa, saca a Palito Ortega, a Omar Gutiérrez, al estudio Posadas Posadas y Vecino, al escribano Morassi que atiende mis cosas. Saca todo menos a los Di Tulio y a mí. Lo llamo a Hierro. Me dice que habló con Rivero y que el problema es que la información viene de Estados Unidos, de una fuente reservada, y que tú estás en la computadora, y la forma de sacarte de la computadora es investigarte todo.

–Se menciona la venta de una casa suya en Maldonado.

–Esa casa yo la vendí en setiembre de 1997 en Punta del Este. La vendí a una sociedad uruguaya que en toda la negociación la representó una mujer. La vi una sola vez en mi vida y no cuando la operación, sino cuando vino a pagar una cuota. La casa estaba en venta en cuatro inmobiliarias. Una de ellas me dice que hay un cliente. Llegamos a un acuerdo a través de mi escribano; nunca participé. La propia inmobiliaria le pide a mi escribano si no quería ser escribano de esta gente, que es lo usual de Punta del Este. Vendo la casa financiada a esta señora. Vale la pena decirlo. Es falso decir que yo presenté mi escribano a los Di Tulio. Nunca estuve con los Di Tulio. Pero además la vendí en cuotas. Además, la última cuota y los intereses los cobré a través de una intimación judicial. ¿Sabe cuándo se enteran las autoridades acá de que esa casa había sido comprada por testaferros, por estos Di Tulio que nunca vi en mi vida? En noviembre de 1999. Entonces, yo pregunto, ¿qué tengo que ver con todo esto? Los americanos se enteraron en 1998, según surge de una serie de documentos que yo tengo acá y que pude acceder a eso. ¿Y cuál es el problema?¿Por qué tenía que saber eso? Fui un vendedor de buena fe, con dificultades para cobrar.

–¿Y después cómo sigue esto?

–Esa es mi participación en el «lavado de dinero». Una casa que yo compré y que vendí. ¿Y a raíz de eso llegan a la conclusión de que yo soy el principal contacto? Con otros miembros de la SIP tuvimos una entrevista con el presidente Batlle, el 28 de marzo. La reunión había sido convocada a raíz de una denuncia sobre el manejo de la publicidad oficial hecha por la SIP, en octubre de 1999, que aún investiga la Justicia. Ese fue el tema. Antes de irnos, se le dejó un sobre con la información y uno de los integrantes de la delegación le dijo que esto puede estar dentro de esa campaña que se ha iniciado de desprestigio de Arbilla desde octubre del año pasado. A raíz de la denuncia hubo una polémica entre dos medios. Yo fui calumniado y difamado, yo respondí. La revista hizo una campaña que empezó a partir del momento que se presentó esa denuncia del manejo de la publicidad oficial. Entonces, le dijimos que esto podía ser parte de esa campaña: como que a mí me la tienen jurada. Batlle, era cerca de la medianoche, mira los dos oficios. El segundo, en el cual se borra todo menos a mí y a los Di Tulio. Se levanta y vuelve a los cinco minutos. El ministro del Interior no lo sabía. He despertado al ministro, le informé y le pedí que mañana este señor me traiga las pruebas de por qué Arbilla es el principal representante del Cartel de Juárez, que por supuesto no debe ser porque vendió una casa a unos supuestos testaferros, será otra cosas más importante. S
i las tiene se seguirá averiguando, si no las tiene habrá que tomar medidas. Pero también voy a querer que me traiga por qué en el primer oficio está involucrado el estudio de un ex ministro y otras personas, y en el segundo no está ninguna. ¿Con qué pruebas se los involucró en el primero?¿Con qué pruebas se les sacó del segundo?

–¿Y usted cómo reaccionó?

–Le digo. Bueno, Presidente, no sabe cuánto valoro esto y la tranquilidad que me trae. Y la preocupación que me causa que aparezca algo que es falso y que hoy esté cenando con usted. Y Batlle me dijo, el problema no es con usted, Arbilla. No es con el periodista, el problema es con un ciudadano. Porque esto se lo pueden hacer a cualquier ciudadano y no puede ser. No puedo asegurarlo, pero creo que en ese momento dijo: esto es terrorismo.

–¿Qué pasó después?

–Al otro día me llama el ministro Stirling. Me dice que está azorado. Que va a hacer un tercer oficio anulando todo y efectivamente lo hace. También ordena una investigación. Yo me quedo tranquilo. Pero a los dos tres días, sale en un medio, una referencia que dice que acá en Búsqueda hace un mes que salió el gobierno y ya le debemos un bruto favor.

–¿En qué medio?

–Prefiero no mencionarlo. Me dirijo directamente al ministro preocupado porque una información que era de él, mía y en todo caso del policía Rivero, aparece al otro día, a las pocas horas. Además, coincidió que justamente un periodista de esa publicación andaba averiguando lo mismo. Hubo una serie de indicios que me hicieron temer que todo esto no era un error sino algo más serio donde había varias personas metidas. Era una trampa y lo que yo llamo una conspiración para destrozar mi imagen.

El ministro, cuando saca ese oficio, me dice que nunca tomó una medida con Rivero para evitar una conmoción; hacía dos días que lo había designado. Yo no me quedé tranquilo y empecé a averiguar. Como ciudadano, nunca como periodista. En ningún momento utilicé periodistas de acá, ni mantuve informada a la gente de Búsqueda. El ciudadano Arbilla salió a averiguar y averigué mucha cosa. Tampoco pedí que la SIP interviniera en el asunto. Sí la mantuve informada en todo momento. Aparece otro documento del Ministerio del Interior, muy importante, del 17 de abril, en el que desmiente el contenido del primer oficio. Sabían por ejemplo que yo nunca vi a los Di Tulio. Dicen que los primeros datos de la Aduana de los Estados Unidos llegaron acá el 8 de febrero, y sin embargo, en enero, ya dicen que yo soy el principal contacto del Cartel de Juárez en Uruguay. En este documento, reitero de enero, se informa que la información reservada es aportada por la Aduana de los Estados Unidos, qué contradicción. Hablo con la embajada de los Estados Unidos, digo que quiero ser investigado, hablo con el servicio de inteligencia del Ejército, digo lo mismo, voy al servicio de la Armada, hablo para ser investigado. Hablo con dirigentes de APU, les pido reserva. Hablé con autoridades de México, con un periodista que está haciendo un libro sobre el tema. Nadie, absolutamente nadie me dijo que había venido nada de los Estados Unidos. Una vez, hace dos o tres años, siendo presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la SIP, intervine para que la Comisión de Derechos Humanos obligara al gobierno de México a investigar el asesinato de un periodista mexicano, que había asesinado por el Cartel de Juárez. Pensé en una actitud de venganza por esto. Pero nada. Ni una información. Y nada de EEUU. El embajador me dijo: EEUU no tiene ningún problema con usted y que si tengo que viajar «buen viaje».

–¿Dónde estaría el origen entonces de toda esta información?

–Dentro de fronteras, seguramente. Rivero manejó al parecer una fuente de Estados Unidos reservada que no se la dijo ni al ministro. Sin embargo, me enteré que Rivero decía por el mes de abril que la fuente sólo él y el ministo la sabían. Le pregunté al ministro y me dijo no saber nada. Entonces, pensé que no podía quedarme quieto. Batlle me había dicho en aquella entrevista, quédese tranquilo, yo voy a manejar esto. Me dijo que no haga nada que le tenga confianza. Notoriamente, le tengo confianza. No soy amigo de Batlle. Tengo una relación como la puede tener cualquier periodista. Le hago un informe a Batlle sobre todos estos acontecimientos, sobre todos los documentos, y a raíz de eso, se dispone disolver la Brigada de Narcóticos de Maldonado.

–¿Usted lo pidió?

–Ni le pedí, ni nada que se le parezca. Ni estoy de acuerdo con eso. Creo que en ese momento se rompió por el lado más fino la cuerda. Eso fue en mayo. Yo sigo. Hablo con funcionarios policiales que están a cargo de la investigación de la droga. Pido que me investiguen. Pero además quiero saber de dónde vino esto, cómo vino este invento, quién lo inventó, por qué. ¿Dónde están los socios de Rivero? Y obtengo información interesante. El miércoles pasado llamo a la presidencia, diciendo que tengo buenos datos e incluso rumores de que una publicación me iba a «quemar» en su tapa, por mi supuesta vinculación con los narcodólares. Me entero que gente de esa publicación estaba diciendo que yo estaba vinculado al narcotráfico. Me preocupa. Media hora después me llama Rivero. En mi opinión, notoriamente alterado, me hablaba en términos muy prepotentes. Está registrada su llamada en mi teléfono. (El diálogo entre ambos, ver nota aparte, fue reiterado por el propio Arbilla a una emisora local)

–Lo tomó como una amenaza.

–Decididamente. En ese contexto, el tono, haciendo referencia al Presidente, al vicepresidente, a policías venales. Pero además era el director nacional que me advertía que no estaba dispuesto a permitir que yo jugara con él, y que dos meses antes me había colocado como el principal del narcotráfico.

–¿Eso se lo informó a Stirling o al propio Presidente?

–No. Al Presidente. Stirling me llamó al otro día. Le conté que al hombre lo noté muy alterado, que me había hablado, que me llamaba la atención, que él me dijera eso directamente, que llamaba de su casa de su propio celular. Quería amedrentarme en el mejor de los casos. Entonces, Stirling me dijo: lo voy a cesar. A partir de ese momento, me fue colocada una custodia, que fue reforzada en las últimas horas.

–¿Qué conclusión saca de todo esto?

–El ministro ha dicho una serie de cosas que son serias. Ha dicho que es un caso de terrorismo de Estado. Que no ha habido pruebas. Que si algún policía tiene prueba que la presente, que está autorizado a hacerlo. Es absolutamente falso que yo hice algo para que no se me investigara. Yo tengo dos problemas. Uno: saber por qué Rivero hizo esto. Dos: quiénes son los socios. Porque todo lo que hizo está mal hecho. Nunca tuve relación con nada, nunca podrá sacar una prueba que no sea inventada. ¿Por qué lo hizo?¿Con quiénes lo hizo? La SIP, hace unas horas, envió una carta al Presidente reconociéndole la gestión, y la tranquilidad que daba que en este país haya garantías. Preocupándose por el hecho de que yo tenga custodia, que soy el primer vicepresidente del organismo. Pero además pidiéndole que investigue todo.

–¿Está estudiando interponer algún tipo de acción legal?

–Lo estoy estudiando con mi abogado. ¿Quiénes son las fuentes de Brecha? Si las fuentes de Brecha no son serias como para darle información tergiversada tendría que haber profundizado más. Y si las fuentes son buenas entonces Brecha se olvidó de poner algunas cosas. Notoriamente hay una manifiesta negligencia en la
búsqueda de la verdad. Notoriamente, si no hay eso hay una real malicia en la información.

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