"No interferimos en el gobierno democrático"

Martes 13 de enero de 2004 | 10:06
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Oliver North ya comenzó a operar en Buenos Aires y mantuvo una serie de encuentros con Jorge “Corcho” Rodríguez, novio de Susana Giménez, cuyo padre Ernesto fue secuestrado. El militar norteamericano se encuentra acompañado por su esposa Betsy y su hijo Scotty, con quienes se hospedó en el Alvear Palace Hotel.

El confeso agente de la CIA uruguayo John Battaglia indicó a Página/12 que North mantuvo una reunión de trabajo en el Country San Diego de la localidad bonaerense de Moreno, donde no negó que hayan participado dirigentes políticos, miembros de las Fuerzas Armadas y de servicios de inteligencia. “Nuestra participación no tiene nada que ver con temas políticos. No nos interesa interferir en el gobierno democrático. Lo que pretende el señor North es contribuir, en base a su experiencia, a producir el fin de la delincuencia que tiene al país inmerso en el caos. Para eso quiere invertir en diferentes compañías de seguridad que están con dificultades económicas y asesorar a ejecutivos locales y empresas, porque este país necesita asistencia”, dijo

 

­Le repito, mi querido amigo. Acá no hay nada extraño. Este país necesita ayuda. Es un caos, donde los policías mueren como moscas y hay que terminar con la delincuencia. El problema es que los integrantes de la Policía Federal, que es excelente, reaccionan a veces de manera exagerada porque la Policía es latinoamericana.

­Pero usted es latino. Y la excelente policía es la misma que tiró al Riachuelo a un adolescente sólo porque…

­(Grita.) ¡Ya lo sé, ya lo sé! Por eso acá no se puede aplicar la política de tolerancia cero. Es el subdesarrollo. Un estado mental.

­Usted llama estado mental al “gatillo fácil”.

­La subversión fue combatida. Se cometieron errores, excesos. Pero volvamos al presente. ¿Usted se imagina lo que piensa un turista norteamericano cuando ve a los piqueteros con el rostro tapado y con remeras que tienen la foto del “Che” Guevara?

­Quizás no en la desigualdad extrema.

­(Ríe.) Mire, cuando pienso en el “Che”, me quito el sombrero. (A los gritos:) ¡Ese hombre es el único que respeto porque fue un gran comandante! Todos esos que llevan la camiseta son putos ­dice mientras acentúa la letra “u” y Lucas reafirma con su cabeza­. Los verdaderos revolucionarios eran aquellos que soportaban los ocho miligramos de pentotal y después caían conscientes sin decir una palabra.

­¿Usted se refiere a los vuelos de la muerte?

Battaglia hace un largo silencio. Bebe su whisky, mira a “Tío Lucas”, a quien no se le mueve un músculo. Respira profundo y dice:

­Sí, sí… ­vuelve a tomarse unos segundos­. En cambio estaban esos putos que no dudaban en salir a marcar a sus compañeros.

La palabra “tortura” en boca del periodista provoca la reacción de “Tío Lucas”, que levanta su mano gruesa y redonda. Una corta pero profunda cicatriz al costado derecho de su labio resalta cuando habla.

­¿A usted alguna vez lo torturaron? ­pregunta con tonada uruguaya.

­No.

­Pues a mí, sí ­dice, pero cuando se le pregunta cuándo, quién y por qué, “Lucas” recurre al cinismo: “Fue mi mujer”. *

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