LA REPUBLICA descubrió en Rocha el refugio del coronel Jorge Silveira
Sus lazos familiares lo unen a la ciudad de Castillos pues su esposa es de esta localidad. Silveira tiene una linda casa en el barrio Torres, un lugar apartado de la planta urbana castillense sobre la Ruta 16 rumbo a Aguas Dulces.
A este lugar se accede luego de abandonar la Ruta 9 frente a Castillos, en dirección al balneario Aguas Dulces.
Transitados unos 2 kilómetros por Ruta 16 hay una calle de balasto que termina tres cuadras más adelante. Allí, a 50 metros de la calle y semicubierta por palmeras y otros árboles está la casa del coronel (r) Jorge Silveira.
A primera vista la ubicación de la casa en un barrio apartado de Castillos, casi despoblado y poco visible lleva a pensar en un individuo que desea vivir apartado de todo grupo social, y con escasas posibilidades de ser individualizado.
Claramente su casa no queda de pasada a ningún lado y sólo se llega a ella si existe intención de ir hasta ahí.
Pero la realidad muestra otra cosa. Silveira no vive escondido para nada en ese lugar, aunque no tiene definida allí su residencia permanente. Todos los vecinos saben de quién es esa casa, y a los que consultó LA REPUBLICA coinciden en señalar que «no se mete con nadie» o «cuando viene está ahí en su casa».
Silveira no está permanentemente en su casa castillense pero venía con mucha frecuencia. Llamó la atención a más de un castillense que en Nochebuena y Navidad no estuviera por allí, mientras algún allegado a los círculos familiares que ocasionalmente compartió alguna reunión y que pidió reserva en su identidad asegura que «ahora que sé quién es no me reúno más con este torturador».
Uno de los datos significativos que aporta un vecino es que Silveira se desplaza en más de un vehículo. «A veces viene en un auto, otras veces en camioneta», comentó un hombre al ser consultado.
Además de los breves comentarios que despierta el tema entre los vecinos consultados, a quienes nunca se les ha ocurrido reaccionar frente a esta presencia y sí en los días, posteriores a la difusión de su identidad y los testimonios de sus víctimas por parte de LA REPUBLICA, reivindican que «no se mete con nadie», hay otros elementos que muestran una actitud de mayor confianza en el medio donde se mueve porque hace más de un año, el militar torturador habría firmado una nota junto a otros vecinos del barrio para solicitar la apertura de una calle a la Junta Local de Castillos. También su nombre figura en la guía telefónica local aunque en el lugar donde se detalla la dirección dice únicamente «Castillos».
Otros testimonios de la ciudad señalan haberlo visto fuera del barrio, realizando diligencias específicas como pagar las facturas de servicios públicos o compras en supermercados.
Si bien todos esos datos lo pintan como uno más en la pequeña comunidad del interior del país, varias de las fuentes consultadas no desconocen «de quien estamos hablando» y algunos señalan que ha llegado a sus oídos que siempre anda armado y que no es muy afecto a relacionarse con nadie.
«Nunca está quieto», comentó un vecino señalando que lo ha visto en forma reiterada en Antel, el supermercado o la estación de servicio. «Cuando está en la calle está siempre en movimiento y mirando hacia atrás» en clara actitud de alerta.
Generalmente se lo ve al volante de un automóvil Chevrolet Monza de color gris, pero también conduce un Volkswagen Gol amarillo con vidrios polarizados aunque con menor frecuencia.
Hubo un vecino que relacionó sus visitas de los últimos tiempos con la exposición pública de algún tema que lo vinculara. «Se lo veía por acá cada vez que salía algo en el diario o se hablaba de él», comentó, pero esta última vez no llegó hasta la ciudad de los palmares. *
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