ENTREVISTA - LAURA MARTIRENA (PSICOLOGA, HIJA DEL MATRIMONIO LUIS MARTIRENA E IBETTE GIMENEZ, ASESINADO EN 1972)

Laura Martirena: "Nuestros muertos nunca existieron"

–Usted integra desde hace años la Comisión de familiares de Asesinados Políticos. Hace pocas semanas presentaron una carta al presidente Batlle –creo que fue la tercera–, reclamando ser tenidos en cuenta y que se investiguen los asesinatos. ¿Qué respuesta han tenido hasta el momento?

–Esto empezó en el año 2000, cuando se crea la Comisión para la Paz, para alcanzar el estado del alma. Como vimos que nuestra situación no era contemplada le enviamos una primera carta a Batlle. No obtuvimos ninguna respuesta. Después le enviamos otra, y tampoco ocurrió nada.

No nos contestó ni nos recibió. Lo único que hizo fue que la Comisión para la Paz nos recibiera para decirnos que el decreto era muy concreto y que incluía sólo los casos de desaparecidos.

–En aquel momento reclamaban integrar la Comisión para la Paz.

–Por supuesto. No se puede decir que se va a laudar el tema derechos humanos, sin tomar en cuenta a la gente que fue ejecutada por las fuerzas conjuntas de este país.

–En su caso personal, el asesinato de sus padres ocurre en abril de 1972, por tanto, es un crimen que no está comprendido dentro de la Ley de Caducidad.

–Sí, tanto el caso de mis padres, como el caso de la seccional Nº 20 del Partido Comunista, y muchos otros casos, no lo están. Sin embargo, la Ley de Caducidad se ha comportado como la ‘bala mágica’ que mató a Kennedy. Se extiende hacia delante y hacia atrás. En resumen, no ha habido justicia.

Como integrantes del grupo, el primer caso que presentamos a la Justicia fue el de los muertos de Pando (integrantes del MLN-T ejecutados durante el intento de copamiento de dicha ciudad). La Justicia lo desestimó por considerar que la denuncia tenía finalidades políticas.

Después se presentó el caso de la Seccional 20 del Partido Comunista (abril de 1972, donde mueren ejecutados 8 militantes comunistas) y luego una denuncia contra el Juan María Bordaberry, a quien acusamos por ser el responsable del mayor delito que prevé el Código Penal: atentado contra la Constitución. Después se presentó el caso de sus padres.

–¿Podría recordar cómo fueron los hechos?

–Ocurrió en mi casa el 14 de abril de 1972. Todo el barrio de Malvín lo sabe: allí no hubo enfrentamiento, ni tampoco había armas. Yo no estuve, pero los testigos dicen que participó el Ejército y el Escuadrón de la Muerte. Pero hay muchos testigos.

–¿Se sabe quién fue el responsable de aquel operativo?

–Sabemos que participaron integrantes del Batallón Florida, incluso alguno está identificado. Pero el principal responsable de lo que pasó en mi casa fue Bordaberry, por supuesto. El caso se presentó en la Suprema Corte de Justicia y ahora está en manos del Fiscal de Corte. Acá durante años no hubo justicia y aún hoy nos preguntamos si la hay, por ejemplo, cuando pasan cosas como lo que ocurrió con el juez Alejandro Recarey. El juez titular Eduardo Cavalli regresó de su licencia médica y suspendió todas las actuaciones: una persona que está en esa situación no hace eso a no ser que la compren o porque la amenazan. Las personas que conocen a este juez no creen que lo hayan comprado. Por lo tanto, ¿qué está pasando en este país? ¿Lo están amenazando? ¿Le están amenazando a un hijo? ¿Qué está pasando? Queremos saberlo y queremos tener democracia y justicia, y que actúe libremente. Es muy grave todo esto. Esto es un tema de Estado que se resuelve entre todos los poderes del Estado. La Justicia sola no lo puede resolver.

–Usted dijo que actuó el Escuadrón de la Muerte.

–Sí, aquí actuó un Escuadrón de la Muerte, cuya existencia fue comprobada por el Parlamento de la época, al menos desde el año 1970. Eso está escrito en las actas parlamentarias, denunciado ante el Parlamento por el senador Erro, se investigó por parte de la Justicia. La dictadura ya se estaba gestando ahí, junto al Plan Cóndor y la injerencia de Estados Unidos, Nixon y su asesor Kissinger. Mitrione era un profesor de tortura. Acosta y Lara integraba el brazo político del Escuadrón de la Muerte. Acá no pasaron las cosas por casualidad, ni porque los militares y los tupamaros estaban locos.

Como dije, el principal responsable fue Bordaberry. Pero aquí hay gente que encubre a otra gente.

–¿A quienes se refiere?

–A aquellos políticos que no reconocen lo que hicieron. El Partido Colorado por ejemplo tiene que hacerse una autocrítica, reconocer que formó escuadrones de la muerte, que mandó matar gente, que ejecutaron prisioneros, que entraron a casas, como a la mía, y que asesinaron, como a mis padres.

–¿Hay testigos de estos hechos, por ejemplo, dispuestos a hablar?

–Muchos. Hay muchos testigos que acusan a personas concretas. Hay gente identificada por testigos que participó en este operativo, y que también estuvo en lo de la Seccional 20º del Partido Comunista. Esto es como un rompecabezas. Además, la gente sabe que no fue un enfrentamiento.

–Aquel día, usted no estaba en su casa.

–Mi hermana de 9 años se había ido recién con mis primos chiquitos a la Escuela Experimental de Malvín. Yo me había ido al Liceo que estaba a pocas cuadras, sobre la rambla. Me enteré que ocurrió algo, pero recién al otro día, por la radio, me entero de que los habían matado.

–Y nunca tuvieron siquiera oportunidad de ver los cuerpos.

–Decían que no podían entregarlos a la familia. Michelini hizo gestiones para que entregaran los cuerpos. Se entregaron en cajones cerrados y con prohibición de abrirlos, y con guardia armada en la puerta para que no se abrieran. En realidad, nunca pude comprobar que lo que había enterrado eran los cuerpos de mis padres. En cierto modo, también son como desaparecidos.

–¿Desde cuándo está reclamando una respuesta?

–Desde cuando supe que eso se podía hacer, unos cinco o seis años atrás. Estoy reclamando que se permita, por ejemplo, hacer la autopsia antropológica. Tengo el ofrecimiento para que trabaje el Equipo Argentino Forense de Antropología, y también de antropólogos uruguayos de la Facultad de Humanidades. Pero se precisa la orden del juez. Es decir, no podemos saber cómo los mataron ni probarlo. Sabemos que no tenían armas, sabemos que los asesinaron. Pero nunca nos permitieron probarlo. Queremos que no se siga diciendo que hubo un enfrentamiento en la calle Amazonas, porque no lo hubo.

–¿Su padre y su madre tenían militancia política definida?

–Mi padre fue militante socialista en su juventud. Escribió en el diario El Sol, fundado por Emilio Frugoni, escribió en varios diarios, también lo hizo en el semanario Marcha, colaboró con varios diarios extranjeros y agencias internacionales. Militó en el MLN. Mis padres lucharon toda la vida. Aquí hubo muchos blancos y colorados que atentaron contra la izquierda, la Universidad, los trabajadores y la democracia, con bombas y a balazos. Hubo una etapa de fascismo, previa al golpe de Estado. Mis padres y sus amigos salieron a enfrentar eso, patrullaban las calles de la ciudad, armados con cuchillos de cocina. La violencia no la impusieron los tupamaros, es mentira. La impusieron, mucho antes, los blancos y colorados.

–¿Cuántas personas integran este grupo, o a cuántos representa?

–No lo sabemos con exactitud. Sabemos sí que empezamos con una lista de 140 y que llegamos a unos 200 asesinados en el territorio nacional. Otras estimaciones, hablan de 500 personas muertas, si se suman los asesinatos cometidos en otros países.

–¿Dónde funciona la Comisión a la que tiene que dirigirse la gent
e que quiera comunicarse con ustedes?

–No tenemos un local, ni computadora, las cosas las vamos haciendo con el poco tiempo que nos queda después del trabajo y con la poca plata de nuestros magros sueldos. No tenemos financiamiento de ningún tipo, ni respaldo político de ningún tipo. Aspiramos a tener un local en algún momento. Somos medio gitanos, itinerantes, por ahora.

Puede contactarse a través de Crysol, o escribiendo a «[email protected]».

–En la última carta que envía a Batlle, usted habla de las distintas categorías de muertos que hay en el país.

–Es que nuestros muertos no existen. Nunca existieron. Para todo el mundo, no sólo para el gobierno. Nos hemos callado durante treinta años. Usted agarra a un familiar de asesinado político y habla, habla y no para. Quiere contar, y que se reconozca lo que pasó. Es una necesidad muy profunda. No existimos para nadie. Ha sido muy duro. Recién ahora empezamos a existir un poco, la gente empieza a comprender que son cosas que pasaron aquí pero también en Chile, en Argentina, que son cosas que se tienen que saber, investigar.

–¿Cuál es la situación de Uruguay en este tema en relación a otros países?

–En otros países se han desenterrado los cadáveres, se han hecho los estudios con antropólogos, se ha investigado lo que pasó a través de la justicia, se ha reparado a los familiares. Y sobre todo, la sociedad ha reconocido que esas personas han sido asesinadas por el Estado y el Estado ha reconocido su responsabilidad en esos hechos, cosas que en Uruguay el Estado no reconoce a estos muertos, porque no reconoce su responsabilidad. Porque muchos de ellos, quizás la mayoría, fueron asesinados por el sistema político, por el Escuadrón de la Muerte, antes que se instaurara la dictadura formal. Aquí hubo una orden, seguramente impartida por Bordaberry y también por otros políticos. Acá hubo órdenes concretas para asesinar gente. Otro aspecto es que, en otros países, por ejemplo Argentina, no se marcan diferencias entre los desaparecidos y los asesinados, y todos los nombres se recuerdan en un único parque de la memoria.

–¿El Estado debe reparar a los familiares de asesinados políticos?

–Entendemos que la reparación en estos casos no debe ser sólo económica. Tiene que ser integral. Por un lado debe ser económica, porque las familias quedaron muy mal económicamente. Pero lo más importante, es la reparación moral. Tuvimos que aguantar durante años y años, mentiras y falsedades sobre ellos, y que se nos tratara como a delincuentes. Habrá gente que podrá pensar que actuaron en forma equivocada, pero no eran delincuentes y ofrendaron su vida para liberar a este país. La gente se cansó de la barbaridad policial, de tirar piedras contra balas y eso fue lo que llevó a muchos a integrar las organizaciones armadas. Fue una rebelión contra la injusticia. Yo como niña era lo que sentía, y ahora como mujer y psicóloga, lo tengo clarísimo.

–¿Por qué recién ahora, después de tantos años, se hacen estas denuncias?

–Por la Ley de Caducidad mágica. Y porque ningún abogado ni ninguna organización te apoyaba antes diciendo que no se podían hacer. Y ahora se puede. Además, llevó tiempo que la gente comenzara a hablar. Y llevó tiempo que nosotros dejáramos de tener miedo. Hay gente que tiene el poder para que, hoy mismo, dejemos de molestar. Que se investigue y no molestamos más a nadie. Pedimos que el Estado reconozca estos crímenes, que estos muertos existen, que los familiares de los asesinados existen. Se han olvidado de este tema. Nos han aislado y han demonizado a nuestros muertos, a los cuales se responsabiliza de la dictadura, lo cual es asombroso y mentira, porque los grupos armados estaban ya deshechos cuando viene la dictadura. Hablamos de reparación integral. Nuestros familiares lucharon por la libertad igual que los que desaparecieron.

–¿En la lista se incluyen también aquellas personas que murieron en las cárceles y en enfrentamientos callejeros con las Fuerzas Conjuntas?

–Hay asesinados en las cárceles, en la tortura. Hay casos antes y después de la dictadura. Es duro y es difícil para nosotros trabajar solos en este tema. Necesitamos gente que nos apoye. Es muy duro pasarnos leyendo autopsias, o escuchar los testimonios, no tenemos apoyo psicológico, salvo el que cada uno se pueda conseguir. Acá hubo familias que quedaron solas, destruidas. Hay gente que aún hoy vive en cantegriles. Yo pasé miseria de verdad. Acá alguien pasó una línea que, en realidad no existe, donde los desaparecidos no participaron en enfrentamientos, no participaron en organizaciones armadas. Sí hubo enfrentamientos, otros fueron mentira, hubo gente que después la desaparecieron, hay desaparecidos que no infringieron ni siquiera una norma de tránsito. Vamos a decir la verdad. Algunos desaparecidos y asesinados, no todos, participaron en organizaciones armadas, algunos murieron en enfrentamientos verdaderos y otros que fueron mentira. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje