América Latina vira a la izquierda por el impulso de Argentina y Brasil
El nuevo eje Buenos Aires-Brasilia se plasmó a fines de octubre, durante la primera visita del presidente brasileño a Argentina, luego de la investidura de Kirchner el 25 de mayo.
En esa ocasión los mandatarios firmaron -en contraposición al neoliberal Consenso de Washington- el «Consenso de Buenos Aires», un manifiesto en el que se prioriza las cuestiones sociales (lucha contra el desempleo y el hambre, la educación y el progreso tecnológico), en detrimento del ajuste presupuestario y el servicio de la deuda exterior.
Bajo el impulso del ex dirigente obrero brasileño, que festeja el 1º de enero su primer año en el gobierno, se revitalizó el mercado común del cono sur, Mercosur, luego de dos años de letargo, caracterizados por la grave crisis financiera que sacudió a Argentina y Uruguay en 2001-2002.
Durante la cumbre semestral realizada el 16 de diciembre en Montevideo, el Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) admitió a Perú entre sus países asociados (Bolivia y Chile) a su todavía embrionaria unión aduanera (creada en 1991) y logró un «histórico» acuerdo de libre-comercio con la Comunidad Andina de Naciones (CAN) que comprende a (Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela).
Tanto Lula como Kirchner y Nicanor Duarte, el nuevo mandatario progresista paraguayo, subrayaron la importancia de la integración regional, considerada crucial para negociar en mejores condiciones con los bloques de los países ricos como Estados Unidos y la Unión Europea. Kirchner y Lula aprovecharon su visita a Uruguay para integrar a su «club» a Tabaré Vázquez líder de la coalición de izquierda Frente Amplio-Encuentro Progresista, gran favorito para las presidenciales de octubre de 2004.
Vázquez se declaró «en total sintonía» con Kirchner, que militó en grupos de la izquierda peronista en los años 70 y se destacó a poco de asumir, por su actitud firme en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional por el pago de la deuda, enfrentando a las firmas extranjeras que administran los servicios públicos y aumentando el salario mínimo.
En esta corriente de la «nueva izquierda» latinoamericana se puede incluir a otras figuras, como el ex periodista boliviano Carlos Mesa, quien el 17 de octubre remplazó al presidente ultra-liberal Gonzalo Sánchez de Lozada, derrocado por una rebelión popular reprimida con sangre.
Mesa logró un acuerdo con el líder de la oposición indígena boliviana Evo Morales, para repartir de forma más equitativa los ingresos provenientes de la exportación de gas natural, y se muestra más flexible en las negociaciones con los campesinos que cultivan hoja de coca.
Pero si bien todos esos líderes se declaran sensibles a los problemas sociales, en Brasil, la política de Lula, líder del Partido de los Trabajadores, es mucho menos radical de lo que temieron los inversores internacionales.
Sus programas «Hambre cero» y de distribución de campos a los «sin tierra» avanzan lentamente, dando Lula la prioridad al saneamiento de las finanzas públicas, a la reforma fiscal y de las pensiones. En realidad es en su proyección exterior que Brasil afirma su tercera vía, liderando las negociaciones con Estados Unidos a fines de noviembre en Miami para la cristalización en 2005 de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Un acuerdo firmado por 34 países de América (menos Cuba) permite a cada nación decidir hasta dónde abrir su economía al libre comercio, un compromiso aplaudido por los opositores al neoliberalismo que se movilizaron enérgicamente contra esa cumbre. *
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