Hace hoy 15 años, por firmar por el referéndum, la Armada arrestaba a rigor a un capitán de navío rebelde

Gastón Silberman: ayer contra la impunidad, hoy a favor de Ancap

El papel florete Nº 815754, encabezado por el título «Comando General de la Armada», contenía la Orden disciplinaria Nº 47/740 de aquel 9 de agosto de 1988. Allí se comunicaba al señor capitán de navío (CG) Bernardo G. Silberman, que se le sancionaba con un «arresto riguroso por 50 días», en el Centro de Instrucción de la Armada. La causa era: «Firmar las cuadernetas por las cuales se solicita un referéndum sobre la vigencia de la Ley Nº 15.848 del 22 de diciembre de 1986 (de Caducidad del Ejercicio de la Acción Punitiva del Estado)». La orden había sido firmada a las 13.30 horas de ese día por el comandante en jefe de la Armada, vicealmirante Ricardo Largher. El incidente fue uno de los más polémicos de aquella tensa situación que vivió el país durante la recolección de firmas contra la ley que dio impunidad a quienes violaron los derechos humanos en los años del régimen dictatorial. Hoy se cumplen quince años de aquel incidente en que comenzó el fin de una carrera militar que el entonces guardia marina Silberman había iniciado en 1965 al egresar de la Escuela Naval. Domiciliado en la misma casa de la calle Mantua, a sólo una cuadra de la Escuela Naval, Silberman, ahora transformado en dirigente político del Nuevo Espacio, recibió a LA REPUBLICA para recordar aquella sanción, los años de la dictadura y exponer sus argumentos para votar en otro referéndum contra la Ley de desmonopolización de Ancap.

 

«Firmé el referéndum a  conciencia»

-Este sábado se cumplen 15 años de que le fuera aplicada una sanción por haber firmado un referéndum. ¿Recuerda aquel momento?

-Fue en oportunidad de que recolectaban firmas para la anulación de la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, más conocida como Ley de Impunidad… Yo firmé como cualquier otro ciudadano. En un acto de reserva, o sea, no lo manifesté y no lo consulté, ni siquiera en mi casa sabían que yo había firmado…

-Pero se estaba en plena campaña y debate de un tema como el de las violaciones a los derechos humanos…

-Lo que había era toda una campaña de amedrentamiento de la ciudadanía tratando de que la gente no firmara. Tanto es así que a nivel de funcionarios públicos se preguntaban si podían ser despedidos si les encontraban las firmas. Los jubilados estaban atemorizados por si no les dejaban cobrar.

-¿Quién le dio la planilla para firmar? ¿Dónde y cuándo firmó?

-No recuerdo cuándo, fue unos meses antes de que me sancionaran. Nadie me dio ninguna papeleta ni nada. Iba por la calle, recuerdo que fue justamente en frente de la Corte Electoral, donde habían puesto una mesa de recolección de firmas. Fue en Misiones y 25 de Mayo.

-¿Simplemente sacó su credencial y firmó?

-Sí. Fijese que en la credencial nosotros estamos de uniforme, porque la sacamos al cumplir los 18 años estando en la Escuela Naval. En la foto, se ve en el cuello del uniforme el ancla de la Marina. Pero quien me tomó la firma, ni la miró ni me dijo nada.

-¿Por qué firmó?

-Firmé en el convencimiento de que estaba habilitado por la Constitución, que dice que tienen derecho a firmar por el referéndum todos aquellos inscriptos en el padrón electoral. Y los militares somos ciudadanos y estamos en el padrón. Si no fuera así deberían sacarnos del padrón para contabilizar las firmas de un plebiscito.

-¿Pero la decisión de firmar cuándo la tomó? ¿Se conversaba del tema dentro de la interna militar?

-Sí, era un tema que se hablaba. Incluso en el momento en que fue aprobada la ley yo no era el único que estaba en desacuerdo. Había otros. Incluso hubo otros que firmaron. En la Armada hubo otros dos oficiales que lo hicieron. Uno recién recibido y otro un poco mayor que firmaron y también fueron sancionados. De uno se dio conocimiento público, porque retiró la firma e inventó que había sido presionado.

-¿Dónde prestaba usted servicio?

-En ese momento yo estaba en el Servicio de Retiros, una unidad comandada por un coronel del Ejército que es común a todas las Fuerzas Armadas. En los primeros días de agosto de aquel 1988 me llamaron del Comando de la Armada. Yo no tenía ni idea de qué se trataba. Me lo explica el secretario del comandante en jefe, el capitán Lamarté, quien me pregunta si había firmado… Me cayó como un balde de agua fría. Le pregunté cuándo tenía que contestar y me dijo: «Ahora». Bueno, dije, deme unos minutos. Me fui a un lugar reservado y contesté por escrito. Puse que sí, que había firmado y que lo había hecho con total convencimiento de mis ideas y principios, y habilitado por la Constitución. Ratifiqué la firma. Pienso que me lo preguntaron ante la posibilidad de que dijera que no…

-Y utilizar su caso en contra del referéndum…

-Puede ser, pero no me lo plantearon así.

-¿Y qué pasó?

-Volví a mi unidad y al día siguiente me llama el jefe del Servicio y me dice que prepare el cargo para entregarlo porque voy a ser relevado. Me dieron una semana. Entregué el cargo y me presenté en el Comando de la Armada. Eso fue el 9 de agosto, hace quince años que me entregaron la sanción…

-Una sanción de 50 días…

-Sí, de arresto a rigor, que para un capitán de navío es muy grave.

 

«Aquel 27 íbamos a copar Carmelo»

-Usted vivió el proceso democrático anterior y se mantuvo en la Armada durante toda la dictadura ¿Qué hizo Silberman esos años?

-La Armada era una fuerza constitucionalista…

-Por lo menos hasta el 9 de febrero del 73…

-Sí… Nosotros hablábamos. En conversaciones y reuniones informales, fuera del horario de trabajo. No éramos ajenos a la situación política. Yo nunca oculté mis ideas político partidarias. Se me reconocía como frenteamplista, era michelinista. Así que si quisieron buscar la firma de alguien, uno de los que probablemente había firmado era yo… Fue una acción desdorosa del Partido Colorado y sus esbirros de la Corte Electoral.

-¿Dónde estaba aquel 9 de febrero?

-Tenía como destino el Capitán Miranda, que entonces no era buque escuela. Todavía era un buque hidrográfico. Cuando el 9 de febrero todos los barcos se hicieron a la mar y fondearon cerca del puerto.

-¿De qué lado quedó la tripulación de aquel barco en la interna de la Armada?

-No había golpistas a bordo.

-Pero quedaron sujetos a lo que ocurrió en los mandos navales.

-Claro, ocurrieron todos aquellos acontecimientos por los que un grupo de 42 oficiales de la Armada apoyaron al Ejército y pasó todo lo que pasó con el Huracán… Pero hay que aclarar que aquel día había una gran indefinición por lo que sucedía políticamente en el país. Había muchos oficiales que aunque discrepaban y eran críticos de la situación que se vivía, cuando llega el 9 de febrero se mantuvieron fieles a sus mandos. Hubo algunos que fueron golpistas el 9 de febrero, pero no lo fueron el 27 de junio… Hay que ubicarse en ese entonces y recordar que en Perú hubo un movimiento de «militares peruanistas» y eso estaba sobrevolando. Incluso se miraba entonces a Gregorio Alvarez como que podía ser un futuro Velazco Alvarado.

-Pero no fue así el 27 de junio…

-No. Incluso algunos que estuvieron con el golpe del 9 de febrero, no compartieron la disolución de las Cámaras.

-¿No hubo capacidad de reacción?

-No. Yo estaba destinado en el Capitán Miranda y el 27 de junio estábamos reparando en Carmel
o. En el Miranda, donde la tripulación y la plana mayor estábamos viviendo a bordo, nos habíamos puesto de acuerdo en que si se venía el golpe de Estado íbamos a tomar Carmelo. Hasta se hizo un estudio de cómo copar Carmelo y a las dos horas irse en las lanchas y el Capitán Miranda a la Argentina. Ese día yo había venido a Montevideo para hacer un curso de pasaje de grado. Cuando ocurren los hechos yo trato de averiguar qué pasó en el Miranda, y se había cambiado el mensaje que íbamos a mandar al comandante en jefe. Teníamos previsto enviar: «En base a la situación planteada actúo en consecuencia» y se terminó mandando: «En base a la situación planteada solicito órdenes…» Por supuesto que al comandante, Rodolfo Croche, lo relevaron enseguida. Cuando yo volví a Carmelo, presenté un informe un tanto irónico preguntando si lo que ocurría estaba de acuerdo con las normas y los códigos. Me dieron una respuesta que no decía nada.

 

Un frenteamplista en la Armada

-¿Y desde entonces, qué hizo durante la dictadura un frenteamplista en la Armada?

-En la Armada los que estaban involucrados en la lucha contra la sedición eran determinadas unidades que estaban muy compartimentadas: la Prefectura Nacional Naval, el Servicio de Inteligencia y los Fusileros Navales. Ellos eran los que actuaban. Los demás no teníamos el menor conocimiento de lo que ocurría. Incluso no había intercambio de información con los oficiales destinados en esas unidades. Yo siempre estuve en los barcos. A lo sumo podíamos desde allí ver trasladar a los detenidos con los ojos vendados cuando iban a enfermería.

-¿Su condición de michelinista no lo afectó en su carrera, los destinos y calificaciones que le daban?

-Sí, me ha afectado con respecto a los destinos. Había destinos que a quienes nos consideraban frenteamplistas no nos mandaban. Misiones como ir a buscar barcos que implicaban beneficios económicos, o agregaturas adjuntas, cursos. En esas misiones nunca me destinaron.

-¿Silberman era el único frenteamplista o había un grupo con ideas similares?

-Ahora que está retirado puedo mencionar a Alex Lebel, por ejemplo… Conversábamos eventualmente cuando nos encontrábamos, nunca formalmente. En la Armada las cosas fueron diferentes, la gran mayoría de los oficiales éramos constitucionalistas y estábamos en contra del golpe de Estado.

-¿Pero no podían inclinar las cosas internas como para general un cambio externo?

-No… Eso no podíamos.

-¿Como michelinista tenía algún contacto político?

-No. Mucho después, cuando conocí a Hugo Batalla y surgió una amistad.

-¿Y sus destinos siempre fueron en barcos?

-Generalmente, aunque también pasé por el Estado Mayor Naval, la Dirección de Educación Física y la Dirección Calificadora de la Armada, porque cada tantos años nos toca un destino en tierra. En el 74 fui comandante del Guarda Costas Carmelo, en el 80, que estaba prestando servicios en el 18 de Julio estuve un breve tiempo como segundo comandante y en el 86 fui comandante de una Vigilante, con asiento en La Paloma.

 

De «delincuente electoral» a senador

-¿Aquel 9 de agosto terminó su carrera? ¿Estando preso era consciente de lo que ocurría afuera por su caso?

-Yo cumplí la sanción en la unidad que está junto a la escollera Sarandí. Estaba totalmente incomunicado, pero tenía un televisor y podía mandar comprar los diarios. Era lo peor, porque veía y leía cosas, pero no podía comunicarme con absolutamente nadie.

-¿Qué pasó al cumplir la sanción?

-Cuando salgo luego de los 50 días de arresto, quedé sin destino. Me vine a mi casa y quedé a la orden y disposición del Comando de la Armada. Cuando pasa el período de calificaciones fui mal calificado. Generalmente, cuando un oficial queda sin destino es calificado con una nota neutra, un «bueno». Para un capitán de navío con dos años en el grado, sacar una calificación inferior a «muy bueno» es causal de retiro obligatorio. Había sido mal calificado un año, estaba sin destino e iba a volver a ser mal calificado… por lo tanto pasé a retiro voluntario.

-¿También lo consideraron culpable de un delito electoral?

-Sí. Además de la sanción, por firmar el referéndum el ministro de Defensa presentó una denuncia ante la Corte Electoral, que finalmente determinó que lo mío había sido un acto político y por lo tanto que cometí un delito electoral. Fue un fallo político. De los nueve ministros, sólo el del Movimiento de Rocha, Darwin Machado, me declaró inocente. Así que me transformé en un «delincuente electoral», pero no tuve pena, porque se consideró que no hubo intención.

-¿Después que pasó a retiro, hizo públicas sus opiniones?

-Sí, hay un artículo en la Ley Orgánica Militar que dice que los militares no pueden tener actividad política hasta cuatro años después del retiro. Pero ese artículo se contrapone con la Constitución de la República, que sólo impide la actividad política a los militares en actividad.

Cuando me retiré conseguí un trabajo durante siete meses en la actividad privada, en la empresa Mi Granja. Pero desde entonces, la cercanía con Batalla, de la gente del PGP y de otros oficiales retirados, nos metimos en la actividad política.

-Hasta terminó siendo candidato

-Ya en el 89 fui en el quinto lugar al Senado y entre el 94 y el 99 fui entre como suplente al Senado de Rafael Michelini. Ya en el 91 integré una lista en las internas del PGP y me integré a la Mesa Ejecutiva y en el 94 cuando la fractura en que Batalla se va para el Partido Colorado, me quedó en el Nuevo Espacio, también en la dirección.

-¿En ese tiempo se mantuvo trabajando en la actividad privada?

-Sí, trabajé para un Frigorífico en Pando durante un año y medio, luego de un tiempo sin nada estuve como gerente de operaciones en Zona Franca Montevideo, y luego hice otro tanto en la empresa Autoparque…

-¿Ahora está en «la bolsa»?

-En los dos últimos años he trabajado como profesor de UTU para la Escuela Marítima, en determinados cursos que exige la Asociación Marítima Internacional.

-¿Alguna vez se arrepintió de haber firmado aquella papeleta del referéndum?

-No, para nada. Siempre tuve mis ideas y pretendo ser coherente. Por eso estoy donde estoy. *

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