
Vázquez participó ayer en un seminario organizado por el Encuentro Progresista-Frente Amplio y el Nuevo Espacio. El evento fue auspiciado por la Fundación Friedrich Ebert. Desde hace meses, la izquierda discute la relación entre fuerza polÃtica, gobierno y sociedad civil en un eventual gobierno progresista. Este, precisamente, fue el tema de las intervenciones que tuvieron lugar en el Salón Rojo de la Intendencia de Montevideo.
Además de Vázquez, hicieron uso de la palabra: Achim Wachendorfer (director de la Fundación), Eduardo Bonomi (presidente de la Comisión de Relacionamiento entre Fuerza PolÃtica, gobierno y sociedad civil del EP-FA), Duvanier de Paiva (jefe del gabinete de la SecretarÃa de Recursos Humanos de la Prefectura del Municipio de San Pablo), un representante de los trabajadores de San Pablo, y un representante de los empresarios de ese municipio.
También participó VÃctor Vaillant (lÃder del Movimiento Claveles Rojos). El cierre del seminario estuvo a cargo del intendente interino de Montevideo Adolfo Pérez Piera (ver recuadro). Entre los espectadores, estuvo el senador Rafael Michelini, lÃder del Nuevo Espacio.
Tabaré Vázquez sostuvo que hablar del relacionamiento entre fuerza polÃtica, gobierno progresista y sociedad civil es “simple y llanamente hablar de polÃtica”, pese a lo cual, reconoció que en estos tiempos “polÃtica parece ser la madre de todos los males”. El presidente del EP-FA enfatizó que la polÃtica es “sustancialmente democrática o no es polÃtica” y advirtió que los ajustes polÃticos propuestos “lamentablemente siempre terminan debilitando los canales y ámbitos de la expresión ciudadana”.
“No deja de resultar por lo menos curioso, que para los cruzados del ajuste los únicos cargos caros son los legislativos y por eso hay que reducirlos. Como si los cargos de confianza o los beneficiados por contratos de obra, que seguramente son unos cuantos más que los 99 diputados y 30 senadores, trabajaran gratis. Pero de eso no se habla”, manifestó.
Vázquez afirmó que el EP-FA plantea construir “un proyecto alternativo y progresista a este tÃmido liberalismo democrático en el que ha devenido la otrora democracia liberal” cuyos objetivos son “el déficit cero, como única polÃtica económica, el Estado mÃnimo, la desregulación máxima, la ciudadanÃa anestesiada, y como último e insuperable invento, la gobernabilidad”.
“Nosotros, en cambio, los progresistas, creemos en la polÃtica, creemos en la democracia, creemos en la ciudadanÃa, creemos en la sociedad, pero no basta con creer y proclamar, también hay que hacer”, manifestó.
Más adelante, expresó que el relacionamiento entre la fuerza polÃtica, el gobierno y la sociedad civil requiere “realidad y voluntad de cambio” y una “visión consensuada del futuro”. En el caso de la izquierda, agregó, el objetivo es “transformar la realidad, no queremos dejarla como está. Tan conservador es situarse en la onda media de la opinión pública para decirle exactamente lo que se cree que ella quiere oÃr, como separarse tanto de ella que resulte imposible involucrarla. Generar ese compromiso polÃtico de toda la sociedad uruguaya en torno a ese futuro mejor, creÃble y posible es un nuestro mayor y decisivo desafÃo”, afirmó. Sin embargo, aclaró que “este desafÃo no es exclusivo de nuestra fuerza polÃtica” y que el proyecto de la izquierda debe “involucrar a las distintas expresiones de esa sociedad civil a la que alude la convocatoria sin que ninguna de ellas tenga que renunciar a ser lo que es: el movimiento sindical, en la defensa de los derechos de los trabajadores, las organizaciones civiles y empresariales en defensa del desarrollo de sus actividades, la fuerza polÃtica actuando como una entidad polÃtica. En este desafÃo, todas ellas deben tener claro que más allá de legÃtimos intereses sectoriales, lo importante es el Uruguay, su bien común, su gente, para toda la sociedad”. “Ninguna de ellas tiene que renunciar a ser lo que es”, repitió.
Por otro lado, afirmó que lo que menos importa es la expresión: “Llámenle como mejor les parezca, acuerdo, pacto, contrato o compromiso social, lo importante es que el paÃs lo necesita, no para quedarse donde y como está, sino para saber hacia dónde y cómo sigue”. Vázquez admitió que en esta materia “nos queda mucho por hacer” pero manifestó que la descentralización del gobierno de Montevideo, es una experiencia concreta de aplicación del criterio.
“La descentralización del gobierno departamental de Montevideo es, tal vez, la más relevante de ellas. No es perfecta, ni fue concebida para serlo, pues las sociedades perfectas no existen, pero es un instrumento para que la sociedad sea y funcione mejor”.
En última instancia, manifestó: “De lo que estamos hablando es de la vida de la gente, reiterarlo en estos tiempos en lo que la economÃa parece imperar sobre la filosofÃa, y en los que el Ãndice Dow Jones parece ser más importante que el estado nutricional de un ser humano”. Para Vázquez, el objetivo central de la izquierda “no es competir con la derecha” sino “construir un proyecto de paÃs con y para los uruguayos, con coherencia y voluntad de cambio” y dijo que ambos atributos (coherencia y voluntad de cambio) “son nuestras ventajas diferenciales respecto a la derecha”.
Por su parte, el director de la Fundación Friedrich Ebert, Achim Wachendorfer hizo referencia a experiencias en el relacionamiento de gobiernos progresistas con la sociedad civil, principalmente en Europa. Al respecto afirmó que “las izquierdas cuando están en la oposición se relacionan de forma bastante armónica con otros actores de la sociedad civil, porque existen intereses comunes” y que, en este caso, “lo que une es una cierta cultura de oposición”. Las dificultades sobrevienen, según Wachendorfer, cuando la izquierda asume el gobierno, y entonces, “esas relaciones cambian rápidamente”. De todos modos, afirmó que en un gobierno de izquierda el relacionamiento con los partidos que lo sustentan “es un poco menos forzada” debido a que “el imperativo de mantener cierta gobernabilidad crea una presión que facilita compromisos entre los partidos del gobierno y el gobierno mismo”. También porque “tanto los integrantes del gobierno como los partidos que los sustentan, saben que una relación demasiado conflictiva entre ellos será sancionada por el elector en próximas elecciones”. De todos modos, indicó que el aspecto más complicado de la relación entre un gobierno progresista y la sociedad civil, es “el sindicalismo”, al punto que en algunos paÃses han degenerado en “conflictos abiertos”.
“Como recientemente expresara un importante dirigente sindical inglés: a los gobiernos conservadores les hemos hecho oposición, a los gobiernos laboristas les hemos hecho la vida imposible”. El jerarca expresó que, a partir de esas experiencias, actores polÃticos y sindicales han aprendido a relacionarse y aceptarse mutuamente, y entendido, finalmente, que tanto el gobierno de izquierda y el movimiento sindical deben reconocer que cumplen funciones e intereses distintos. Eduardo Bonomi, en tanto, refirió a que la situación de crisis en el paÃs sólo se modificará luego que la izquierda alcance el gobierno y cambie los ejes de la polÃtica, económica y social.
Advirtió que si, durante la crisis financiera, no se produjo un “estallido social grave”, fue porque “por sobre todas las cosas, existe esperanza de que un esfuerzo polÃtico pueda alcanzar el gobierno y emprender el camino de los cambios”. *
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