CARTA ABIERTA

El director nacional de Energía, Ramón Mendez, le responde al asesor de Lacalle Pou, Juan Dubra

El pasado jueves 25 de septiembre el semanario Búsqueda publicó una carta del economista y asesor de Lacalle Pou, Juan Dubra, donde afirma que las "inversiones gigantezcas" como las de energía eólica realizadas en el gobierno del Frente Amplio fueron posibles gracias a gestiones que realizaron gobiernos anteriores.

El director nacional de Energía, Ramón Mendez,  le responde al asesor de Lacalle Pou, Juan Dubra.

Texto completo de carta abierta del director Nacional de Enegía, Ramón Mendez:

Los asesores del candidato del Partido Nacional Dr. Luis Lacalle Pou no dejan de sorprendernos. Intentando aclarar sus desafortunados dichos (“Uruguay estaba muy bien antes de 2004”), que terminaron siendo criticados hasta por sus propios correligionarios, en una carta a Búsqueda publicada el jueves 25 de septiembre, el Ec. Juan Dubra manifiesta que “la expresión que usé no fue la más apropiada”.

Sin embargo, más adelante en su carta indica “Pero sobre los hechos con relación a lo que dije en esa frase no hay discusión: UPM es una realidad por gestiones anteriores a los gobiernos de izquierda y también lo son otros emprendimientos como las inversiones en energía eólica”.

No salgo de mi asombro. ¿Cuáles fueron las “gestiones anteriores” al 2005 que habrían generado las inversiones en energía eólica? ¿Cómo puede afirmar el Ec. Dubra que sobre ese hecho “no hay discusión”, cuando la realidad es diametralmente opuesta?.

Los gobiernos de los partidos tradicionales, solos o en coalición, tuvieron unas cuantas décadas para generar inversiones en energía eólica o para transformar la matriz energética. Pero no lo hicieron.

A pesar de que hacía ya décadas que la energía eólica era fuertemente impulsada en Europa, y a pesar de que los expertos locales venían indicando desde hacía años que esta era una muy buena solución para nuestro país, en 2005 no había ni un solo molino de viento comercial conectado a la red eléctrica ni existían planes para tenerlos.

Peor aún, desde que la Facultad de Ingeniería resolvió instalar en el Cerro de los Caracoles un primer molino experimental de apenas 150 kW, en 1995, hasta que se pudo concretar su instalación, pasaron 5 años. Es decir, no sólo no había parques eólicos ni había “gestiones” para que los hubiera, sino que se dificultaban los escasos intentos por impulsarlos.

Como el Ec. Dubra es uno de los principales asesores del Dr. Lacalle Pou, por lo que no puede estar tan desinformado ni debe tener interés de seguir realizando aclaraciones de sus dichos, releí varias veces su carta para intentar descifrar qué podría haber por detrás de una nueva frase tan desacertada como objetivamente incorrecta. Entonces comprendí que lo que el Ec. Dubra defiende es que los parques eólicos son posibles gracias a que, antes del 2005, se habrían generado ciertas condiciones, curiosamente no explicitadas en la carta, que habrían terminado produciendo indirectamente las inversiones en energía eólica.

Pero esta falacia es de otro tipo y es mucho más grave.

Desde el gobierno presidido por el Dr. Luis Alberto Lacalle y hasta febrero de 2005, los partidos tradicionales intentaron imponer un paradigma por el cual el Estado debía retirarse de los servicios públicos, como la energía; las empresas públicas debían privatizarse y el Poder Ejecutivo debía tener la menor injerencia política posible para no interferir en el libre accionar del mercado. Y más allá de que no pudieron concretarse las privatizaciones, sí se produjeron otros cambios legales e institucionales. Además del progresivo debilitamiento de UTE y ANCAP, la Dirección Nacional de Energía, unidad del Poder Ejecutivo encargada del diseño de políticas energéticas, ni siquiera tenía roles definidos legalmente y para contar a sus funcionarios trabajando en instrumentos de política energética sobraban los dedos de una mano.

Las consecuencias fueron las conocidas por todos. En 15 años, entre 1991 y 2006, no hubo ni un solo MW nuevo instalado en el país. Ni público ni privado, ni eólico ni en base a petróleo ni a ningún otro energético. El modelo propuesto, más allá de cualquier consideración ideológica, simplemente no logró concretar ni una sola inversión nueva en generación eléctrica. Pero también se retrasaron inversiones impostergables en la refinería o en logística, o en otras áreas esenciales. Al mismo tiempo, paradojalmente, se generaban inversiones subutilizadas, como los 200 millones de dólares de inversión privada para un gasoducto que nos une con Argentina y que nunca se utilizó en más del 5% de su capacidad, pero que los uruguayos pagamos religiosamente desde entonces (varios millones de dólares por año) a través de las tarifas de UTE y ANCAP.

Como recordamos todos los uruguayos, antes de 2005 se había acuñado la expresión “crisis energética”: teníamos una matriz energética basada casi exclusivamente en el petróleo importado, no podíamos garantizar el suministro de gas natural, las tarifas subían y dependíamos de que lloviera para evitar cortes de luz. Y si no hubiera sido porque el país casi no crecía en esa época y además ocurrió lo del 2002, la crisis energética hubiera sido mucho más dramática aún.

Volviendo a la energía eólica que mencionaba el Ec. Dubra, los primeros parques comenzaron a instalarse en Uruguay en 2007, a partir de un plan diseñado en los primeros años del gobierno del Dr. Vázquez. Hoy, en días ventosos, la cuarta parte de toda la electricidad que consumimos en el país es eólica. Más aún, con los parques actualmente en construcción, el año próximo Uruguay será el país en el mundo con mayor porcentaje en energía eólica. Es decir, en sólo 8 años pasamos de la nada a encabezar la tabla.

Pero también se concretaron parques fotovoltaicos, centrales de biomasa, plantas de biocombustible, una terminal regasificadora para independizarnos del suministro argentino y garantizar el abastecimiento de gas natural, una nueva central eficiente para generación eléctrica a gas, la interconexión con Brasil, la modernización de la refinería, la más ambiciosa campaña de nuestra historia en busca de gas y petróleo, decenas de instrumentos para promover el uso eficiente de la energía, además de generar miles de puesto de trabajo, desarrollar capacidades industriales y humanas inexistentes hasta ese momento en el país, o contribuir, con la “canasta energética” y el plan de regularización, a la integración de la población más vulnerable, intentando arreglar el desastre de los 80000 hogares “colgados” que dejaron los gobiernos anteriores. Han sido hasta ahora 7 mil millones de dólares de inversión, tanto como 4 veces la inversión de UPM. Diversos organismos internacionales, como CEPAL, el BID, el Banco Mundial o la Agencia Internacional de Energías Renovables, la llaman la “revolución energética uruguaya” y analizan su replicabilidad en otros países.

Claro que nada de esto ocurrió de casualidad; menos aún debido a las condiciones generadas antes del 2004. Muy por el contrario, la energía eólica y toda esta transformación existe porque el primer gobierno del Frente Amplio diseñó lo que nunca habrían hecho los gobiernos anteriores: una política pública de largo plazo que buscó, y logró, una transformación estructural del sector energético de nuestro país, basada en la incorporación de las energías renovables, impulsando la soberanía energética, el cuidado ambiental, la reducción de las históricamente altas tarifas energéticas que ya ha comenzado, la generación de capacidades y la integración social.

Todo esto se logró precisamente haciendo lo contrario de lo que pretendió hacerse durante los 20 años post dictadura de gobiernos de los partidos tradicionales. El cambio de estos últimos años se logró colocando al Estado en el centro, dotando al Poder Ejecutivo de capacidades legales y presupuestales para poder diseñar y conducir políticas públicas, liberando espacio fiscal para que las empresas públicas energéticas inviertan por un total de tres mil millones de dólares, generando la información necesaria y el marco institucional y normativo adecuado, realineando las capacidades nacionales para que las transformaciones ocurran y diseñando cuidadosamente las condiciones para que inversores privados se sientan atraídos para asociarse con UTE y ANCAP para participar de esta transformación . En suma, el cambio se produjo gracias a un Estado proactivo y no sentándose a esperar a que el mercado actúe. Como ha quedado demostrado durante estos últimos años, esta política, con objetivos y metas claras y un sólido liderazgo del Estado, lejos de ahuyentar a los inversores privados los atrajo.

Sin embargo, los instrumentos que hacen posible la política energética que construyó y puso en práctica pacientemente el Frente Amplio, como toda política pública, deben estar en permanente revisión para ser fieles a los objetivos estratégicos y el modelo de país a impulsar. Esto exige un gobierno que conduzca un Poder Ejecutivo con la capacidad y la decisión necesaria para enfrentar cada día nuevos desafíos. De lo contrario corremos el riesgo de perder todo lo andado durante estos años.

Al no poder ocultar los cambios estructurales, como el energético, que los gobiernos del Frente Amplio han introducido en el país y que cuentan con una alta aprobación por parte de los uruguayos, el Dr. Lacalle Pou centra su campaña “por la positiva” afirmando que los va a mantener y “mejorar”. Y para intentar demostrar que no es un mero producto de marketing, el candidato sostiene que lo apoya un equipo de asesores de alto nivel, como el Ec. Dubra, que saben lo que quieren hacer y cómo hacerlo. Sin embargo, como intenté demostrar en esta carta, resulta que dichos asesores no sólo no entendieron las causas por las que ocurrieron los cambios sino que reivindican instrumentos que notoriamente fracasaron (aferrándose a la idea tan simple como falsa de que las cosas cambiaron solas, por “el viento de cola” externo, y defendiendo que las condiciones para que esto ocurriera fueron las que se generaron antes del 2005).

Hoy pasé delante de un cartel de propaganda de la candidatura del Dr. Lacalle Pou que sólo mostraba un molino y la leyenda: “soplan vientos de renovación”. No puedo ocultar que sentí un escalofrío.

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