Escrito por: DANIEL MARTINEZ SOTO

Uruguay, al igual que se hace en la mayorÃa de los paÃses subdesarrollados, cuenta con dos clases de embajadores al frente de sus legaciones diplomáticas: los que han hecho la carrera universitaria, y los “amigos” de los polÃticos.
En el caso uruguayo, los embajadores “de carrera”, debieron ingresar al grado más bajo en el escalafón del Servicio Exterior (Secretario de tercera), ascendiendo a lo largo de décadas, para ocupar una jefatura de misión. Los embajadores “polÃticos” apenas tienen como requisito la particular confianza de quien los nombra. En casos más flagrantes todavÃa, su designación aparece disimulada en el fárrago de la Rendición de Cuentas, favoreciendo la negociación.
En las naciones subdesarrolladas, la designación de embajador paga favores a quienes financiaron campañas electorales, resarciéndose en muchos casos de la inversión, pero también pueden ser premio retiro, “moviendo” la lista de suplentes entre los parlamentarios.
A la tradicional respuesta de las autoridades ministeriales, en el sentido de que los designados “polÃticamente” cumplen a carta cabal los deberes de un embajador de carrera, cabe recordar al último embajador en Austria que… no habÃa completado enseñanza secundaria.
En cuanto a la contribución de los embajadores polÃticos, a las arcas de sus partidos, la carta dirigida por el forista Vicente Anchordoqui, embajador en India, al también forista ministro Opertti, comunicándole que dejaba de aportar, en tanto habÃa aumentado el impuesto a los sueldos, es por demás elocuente.
El canciller Didier Opertti, convocado a las Comisiones de Relaciones Exteriores del Parlamento, explicó cómo a los funcionarios que trabajan en el exterior se les promedia lo que ganan en el exterior y en el paÃs. Pero existen diferencias que “encarecen” los nombramientos “de confianza”.
A los funcionarios de carrera, les corresponden promedialmente tres años en el paÃs y cinco en el exterior.
Promediará su sueldo en un perÃodo de 90 meses, sobre un nominal de 200 dólares, que gana mientras está en Uruguay, y lo que le corresponda según destino en el exterior.
Los embajadores polÃticos promedian desde su nombramiento, sin tener que regresar al paÃs cumplida su misión, ya que la renovación suele hacérseles en forma automática, sin perÃodo alguno en el paÃs.
Más aun: existen casos (como el de Juan A. Remedi, actualmente en San Pablo) que violan la Ley 14.206 que prohÃbe expresamente dar igual destino consecutivamente a un diplomático. (Remedi Âque gana 6,203,40 dólares mensuales, más beneficios completó cinco años en 2001, y continúa en el cargo.)
En el año 2001, el pago mensual a los embajadores uruguayos en el exterior insumió 389.593,66 dólares. Durante el año anterior, la previsión, solamente para pagar sueldos, ascendió a 406.244,90 dólares. Este año, aun con casi una decena de embajadas cerradas, se estima que el gasto apenas disminuirá.
Es que, en los casi cincuenta cargos de más alta jerarquÃa que representan a Uruguay en el extranjero (es decir, solamente entre embajadores y ministros con función de embajador), casi la mitad son “polÃticos”.
Destacan en esta lista al frente de embajadas, pero sin carrera diplomática: Hugo Fernández Faingold, ante el gobierno de Estados Unidos; Felipe Paolillo, también en Estados Unidos, pero ante la Organización de Naciones Unidas; Carlos Pérez del Castillo, en Ginebra, Suiza; Elbio Rosselli, deja de ser embajador en Bruselas, ahora lo será en Paris.
Alberto Volonté, en Argentina. Francisco Marrero y José Ignacio Villar ostentan cargos de ministro, en la Embajada en Buenos Aires, con iguales beneficios, casi, que el embajador Volonté.
Aldo Ciasullo, es cónsul general, sin carrera diplomática, en un lugar curioso: Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Nereo Lateulade, ante el gobierno de República Dominicana. Samuel Lichtensztejn, en México. Nicolás Moreno, en Sudáfrica.
Fructuoso Pittaluga, en Austria. Miguel Angel Semino, en Paris. Manuel Solsona, ahora destituido, en Ecuador. *
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