El capitán de navío (r) Schiaffino nunca cursó la Escuela Naval; la dictadura lo premió con el grado de oficial

Batlle propone como juez militar a un "nostálgico" y arribista de la Armada

Entre los propuestos figura el capitán de navío (r) César R. Schiaffino, un ex marinero de playa –encargado de cuidar las sombrillas y el orden en la arena– que no cursó la Escuela Naval y que la dictadura premió con el grado de oficial por su adhesión al régimen y su enrolamiento en la Juventud Uruguaya de Pie (JUP).

En su mensaje al cuerpo legislativo que preside la senadora comunista Marina Arismendi, el Presidente de la República requirió la venia parlamentaria para designar a los capitanes de navío retirados Juan A. Robatto, Jorge Valiante, Carlos A. Martino, Leopoldo J. Fernández y César R. Schiaffino.

El pedido, al que accedió LA REPUBLICA, aún se encuentra en la órbita presidencial y tomará estado parlamentario recién en los próximos días. Según las fuentes militares consultadas, el nombramiento de Schiaffino, habría sido «inducido» desde el Ministerio de Defensa y «sin consultar al Comandante de la Armada, vicealmirante Carlos Giani». Su designación generó preocupación y malestar, sobre todo entre el personal superior de la marina.

El historial del ex marino, integrante del Cuerpo de Prefectura, es conocido en las dependencias de la Armada. Arranca, justamente, con el ocaso de la democracia en 1973. Mediante un «cursillo acelerado» de seis meses, Schiaffino ingresó al cuerpo de oficiales con el grado de «guardia Marina».

Esto ocurrió el 1º de febrero de 1975, en plena dictadura, bajo la comandancia del vicealmirante Víctor González. El novel oficial se salteó nada menos que los cinco años de carrera en la Escuela Naval.

Las fuentes dijeron que el increíble ascenso sólo fue posible gracias a su pertenencia a uno de los grupos paramilitares más activos de la época, la Juventud Uruguaya de Pie (JUP). «El régimen quiso premiar así su lealtad regalándole el grado de oficial: cambió cinco años por seis meses; un negocio redondo», comentó uno de los informantes. Sin embargo, no fue el único caso. Al menos otros nueve oficiales de la Marina, de igual jerarquía, comparten ese privilegio.

Al principio, esta práctica fue «semitolerada» por sus camaradas de armas, «porque no le hacía daño a nadie».

Sin embargo, después se consolidó como un instrumento de depuración interna, fuera de los reglamentos. Con el tiempo, esos oficiales ocuparon cargos relevantes en la estructura de la Marina, clave para consolidar el mando tras el golpe de Estado. El régimen, incluso, no hizo lugar a la infinidad de recursos que se interpusieron en esos años por esta «grosera irregularidad».

Schiaffino ocupó la dirección de varias unidades. Entre otras, la del Servicio de Aprovisionamiento de la Armada, que está a cargo nada menos que de todas las compras que realiza la Marina. También ocupó cargos diplomáticos: en Washington, en la Junta Interamericana de Defensa.

Hasta allí llegó, nombrado por el ex vicealmirante Pasos, con la misión de participar en la elaboración académica de la Estrategia Naval del primer mundo.

«A pesar de que nunca navegó ni estuvo a cargo de ninguna embarcación, de que no ejerció tarea alguna relacionada directamente con la actividad marítima, el ciudadano común Schiaffino –masón igual que el actual ministro Yamandú Fau– es un oficial de Marina, y ahora también juez militar», se lamentó uno de los informantes. *

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