2002 dejó sin aliento a los uruguayos la realidad hizo añicos los pronósticos menos optimistas

Por fin, terminó el año terrible

«Un presidente hace tres cosas: aguanta, evita, y por último trata de hacer algo». Esta breve definición del trabajo de un mandatario, la dio el propio Jorge Batlle la semana pasada, poco después de recordar con algunos periodistas lo ocurrido en el año.

Para Batlle, el año «más traumático de los últimos cien» se caracterizó por «aguantar y evitar» cosas, y por eso aspira a que el 2003 sirva para impulsar reformas, algunas de las cuales se vislumbraron en el correr de los últimos doce meses.

Ese aguantar y evitar cosas, encerró varias características: contradicciones, lágrimas ante las cámaras, enojos, y la pérdida de la iniciativa que lo había caracterizado en los dos años anteriores.

En cifras, la realidad hizo añicos el pronóstico menos optimista: inflación de 24%, el desempleo trepó a 19,2%, la deuda externa bruta aumentó 20% con relación a 2001 (11.246 millones de dólares), el déficit fiscal fue de 3,6% (medido en relación a un PBI de 12 mil millones de dólares), la devaluación fue de 82%, las exportaciones cayeron 11% en relación al año anterior, las importaciones 35%, y las reservas internacionales disminuyeron 76%. El riesgo país  que en febrero se situaba en 277 llegó a 3.099 en julio y descendió a 1.703 puntos básicos en diciembre.

El año que termina cerrará además con una de las cifras de concordatos y moratorias más alta de la historia. Un total de 225 empresas solicitaron refinanciar sus deudas por un monto cercano a los U$S 1.700 millones. Si se suman los concordatos y moratorias judiciales, más las quiebras y los concursos civiles, la cifra supera las 290 solicitudes.

Solamente en 1915, la cifra de solicitudes concordatarias fue superada.

Lo que sigue es un balance de la actividad del gobierno «para volver a emocionarse», aunque la emoción por lo que sucedió en los últimos 365 días no sea lo mejor que alguien quiera recordar.

Enero arrancó para el gobierno con mucha actividad. Primero fue el viernes cuatro por la noche: el ministro de Economía, Alberto Bensión, tras reunirse con el Presidente anunció una devaluación mensual del 2,4% y la duplicación de la banda de flotación que pasará al 12%.

Tres días después, Batlle dedica una jornada entera a reunirse con los ex presidentes Luis Alberto Lacalle, Julio María Sanguinetti, el líder del Nuevo Espacio, Rafael Michelini, representantes del NE Independiente, y por último con el presidente del Encuentro Progresista, Tabaré Vázquez.

En los encuentros Batlle informó sobre las nuevas medidas económicas y las metas para este año: inflación de un dígito y defender el equilibrio fiscal.

Mientras, el clima político se calienta debido a la decisión del gobierno de no permitir que una marcha organizada por el PIT-CNT llegue a Punta del Este, en el marco de una de las peores temporadas turísticas de la historia, según evaluaron después los operadores turísticos.

«Punta del Este es una mina de oro, ajena a la vida común del Uruguay», argumentó Batlle. Los sindicalistas le respondieron con un acto en la ciudad de Maldonado, con 25 mil personas gritándole al Presidente: «Chupate esta mandarina».

En febrero, con el argumento de que la «situación es grave y dramática», el ministro Bensión reclama al Parlamento el paquete de medidas que el gobierno envió al Parlamento en las que se establecen una serie de nuevos impuestos.

Haciendo caso a lo expresado por el gobierno, los legisladores de la coalición aprueban a fin de ese mes el «paquetazo».

En ese mes, y poco antes de reunirse con el presidente George Bush, Batlle recibe la noticia de que el país había perdido el grado de inversión, logrado en 1997. Si bien con el paso del tiempo, el gobierno restó importancia a este hecho, por aquellos días se consideraba al «investment grade» como estratégico para el futuro del país.

En abril, y luego de una enorme manifestación alrededor del Obelisco, el gobierno abre la posibilidad de recibir «propuestas concretas» de la ciudadanía para reducir el gasto público. Para las autoridades el contenido de la proclama «porque otro Uruguay es posible» tuvo un contenido «político» e ideas «muy generales que todos compartimos».

Mientras ocurre esto, Batlle rompe relaciones con el gobierno de Cuba. Las autoridades de la isla aseguran que el gobierno uruguayo «cambia» un voto en la ONU por carne, que le compraría Estados Unidos. «Es un disparate», dicen desde el gobierno.

Lágrimas

La noche del domingo 12 de mayo, quedó grabada en la mente de la población. Durante un largo discurso, Batlle habló de la crítica situación del país, y pidió a todos un «esfuerzo» para superarla. Pero al final de su alocuación, y de manera inexplicable, Batlle termina derramando algunas lágrimas.

Lo mismo le sucederá a principios de junio, luego que se diera a conocer el contenido de una conversación informal de Batlle con periodistas de la cadena de televisión Bloomberg. Allí, un enfurecido Presidente afirma que los argentinos «son una manga de ladrones del primero al último». En la tarde-noche del 3 de junio explica con lágrimas en los ojos, que él es más argentino que otra cosa, y al día siguiente le pide disculpas al presidente Eduardo Duhalde, quien en todo momento se mostrara indiferente.

Este hecho provocó que inmediatamente Batlle dejara de aparecer públicamente, de realizar comentarios explosivos.

Paralelamente, y en una actitud que buscó recuperar la iniciativa en un momento de crisis, el asesor presidencial Carlos Ramela anuncia 65 propuestas del gobierno para la Rendición de Cuentas.

A fines de mes se confirma una ayuda externa por 1.500 millones de dólares.

En julio, mientras se refuerzan los planes de alimentación, se envía al Parlamento la ley de reactivación económica.

El 18 de ese mes, con mucha seguridad, Batlle afirma que no cambiará «el caballo en la mitad del río», en alusión a la posible salida de Bensión del equipo económico.

Un día después se reúne con los ex presidentes Lacalle y Sanguinetti. En ese encuentro coinciden que Bensión se tiene que ir. Sin embargo, el domingo de mañana, Batlle le comunica a Lacalle que cambió de posición.

El lunes, los blancos le retiran el respaldo al ministro. Esa noche, Batlle anuncia que Bensión, «un amigo» se alejó del cargo.

A fines de mes comienza la crisis bancaria que culminará con un feriado bancario. En tanto, a principios de agosto se producen saqueos.

Fin de la coalición

El gobierno envía la ley de Fondo de Estabilidad. «Es la única solución», vuelven a decir. En el medio de esta situación, Batlle asegura que «las crisis son también oportunidades». Por eso propone una fuerte reforma del Banco Hipotecario.

A fines de octubre se vislumbra que la coalición de gobierno puede llegar a su fin. El hecho ocurre el lunes 4 de noviembre en una reunión de siete minutos entre Batlle y Lacalle.

En ese mes, Batlle lleva adelante una serie de reuniones con los líderes políticos que aportan pocas novedades. A esta altura del año, los grandes temas son económicos, y Batlle dejó en manos del ministro Alejandro Atchugarry todos estos temas.

Entrado diciembre, el mandatario realiza una larga evaluación ante empresarios y políticos de lo que aguantó y evitó durante el año. Por eso asegura que el 2003 será el momento para hacer, «el año de las transformaciones». *

 

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