La lucha contra el hambre

 

Las imágenes de cuatro niños tucumanos muertos de hambre dieron la vuelta al mundo. Me acordé enseguida de Mercedes Sosa. Causaron impacto esos ojos, la piel y los huesos, porque golpearon la conciencia de mucha gente con la realidad profunda de nuestra América Latina. Vimos también estos días imágenes terribles del hambre, sobre todo de los niños, en Ecuador y San Salvador. Esta realidad pavorosa asoma en las estadísticas del BID y llegó incluso a la cumbre iberolatinoamericana del fin de semana en República Dominicana. En contraposición, resalta la trascendencia de la primera prioridad del plan de acción del futuro gobierno de Lula: asegurar tres comidas diarias a más de 50 millones de brasileños carenciados.

Niños en Tucumán, Ecuador, San Salvador

Cada 25 minutos muere en Argentina un niño que puede ser salvado si se le da de comer y se lo atiende sanitariamente. Este dato espeluznante («los espectros caminando que son millones de niños») lo daba a conocer nuestro corresponsal en Buenos Aires en el contexto de una cumbre de Olivos ajena a estas realidades. Noticieros de TV señalaban que 45% de los niños latinoamericanos pasan hambre, y exhibían secuencias patéticas de niños de diversas regiones de Ecuador, contrastando con las riquezas alimentarias producidas por el país, en plátanos y frutos del mar, pero alejadas de las posibilidades de consumo de gran parte de las familias. Un cuadro similar se reproducía en San Salvador.

En este caso, la particularidad residía en que, después de las crudas imágenes de niños desnutridos, ocupaba la pantalla el vicepresidente del país para señalar que en materia de política económica «El Salvador está en el camino correcto». Es lo que se llama darse la cabeza contra la pared. Significa reafirmar, contra todas las evidencias palmarias y dolorosas, el camino del neoliberalismo, en la hora en que se encuentra cada vez más cuestionado en el mundo entero, incluso por gente que vivió en el monstruo de los organismos internacionales de crédito y conoce sus entrañas. En El Salvador, por añadidura, esta política es rechazada frontalmente por la oposición de izquierda, encabezada por el FMLN, y por las organizaciones sociales, al punto de que acaban de obtener una gran victoria al impedir, por decisión de la Asamblea Legislativa, la privatización de la Salud. Ello ocurrió tras una huelga de dos meses de los médicos, apoyados en ejemplar lucha conjunta por los sindicatos y organizaciones de la sociedad civil.

BID y cumbre dominicana

En las últimas reuniones internacionales, sin excepción, se establece como objetivo primordial reducir la pobreza en el mundo. Así sucede en el ámbito de Naciones Unidas, en Johannesburgo, en las reuniones del G 7+1 o en los cónclaves conjuntos del FMI y el Banco Mundial. Incluso se establecen fechas límite para reducir a la mitad este flagelo.

Pero sucede exactamente lo contrario: la pobreza se sigue expandiendo. América Latina es el ejemplo más típico. En nuestro continente viven (es una manera de decir) 211 millones de pobres, que constituyen el 54% de la población total, o sea la mayoría absoluta de los habitantes. Y cuando finalice 2002, contrariando las cataratas de declaraciones oficiales, el número de pobres habrá aumentado 7 millones más en relación con el año pasado. El estado de indigencia alcanza a la mitad de estas personas. El hambre es para todos ellos el convidado de piedra permanente. En la reciente Cumbre de países latinoamericanos y caribeños más España y Portugal efectuada en la República Dominicana, el representante del Fondo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, brindó un informe exhaustivo al respecto, que incluye entre otras las cifras arriba reseñadas.

El presidente del BID, nuestro compatriota Enrique Iglesias, señaló concretamente que en América Latina 220 millones de personas «carecen de seguridad alimentaria» (o sea, pasan hambre) y que «alrededor de 100 millones viven en la indigencia».

El plan de Lula

La lucha contra el hambre constituye la principal prioridad del plan de gobierno de Lula, que comenzará a ponerse en ejecución el próximo 1º de enero con el objetivo de que ningún brasileño deje de tener acceso a tres comidas diarias. El Foro Social Uruguay, culminado el domingo pasado, nos brindó la ocasión de contactar con Olivio Dutra, fundador del PT y gobernador del estado de Río Grande do Sul, quien destacó la trascendencia de este objetivo.

Dijo que «una de las grandes tareas para estos cuatro años será acabar con el hambre de 50 millones de brasileños. Esto significa apostar por la producción y la productividad, la política agrícola, la agricultura de economía familiar, la agroindustria, una producción de alimentos sanos, para la vida.

Debemos también apostar a la ciencia, a la tecnología apropiada para esos fines, para producir alimentos sin agrotóxicos, sin venenos». Como se sabe, este objetivo básico se complementa con la extensión de la educación, de modo que no quede ningún niño fuera de la escuela, y con una intensa política de generación de puestos de trabajo.

El ALCA en la picota

En tal sentido se eslabona con la oposición al ALCA, que impacta negativamente los mercados laborales y precariza aun más las condiciones de trabajo, amén de otros muchos efectos negativos sobre la economía de nuestros países que fueron analizados en un taller internacional del Foro Social Uruguay. Olivio Dutra recordó al respecto el plebiscito efectuado en Brasil, en que diez millones de voluntades rechazaron el ALCA y la instalación de una base militar yanki en Alcántara, en el estado de Maranhão. *

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