Un ex empleado doméstico dijo que fue violado por asistente del príncipe Carlos

La corona británica vive salpicada por acusaciones

Mientras la reina derramó varias lágrimas en público la semana pasada, Carlos prefirió permanecer en silencio, después de diez días de rumores reinantes alrededor de su residencia, el Palacio de Saint James.

Carlos está acusado por George Smith, ex empleado de la residencia real, de ocultar una violación que ocurrió en 1989, en la que está implicado un consejero muy cercano al príncipe de Gales.

Dicho consejero desmintió la acusación a través de un estudio de abogados, manteniendo su anonimato, cada vez más amenazado por las insinuaciones de la prensa británica.

El ex empleado doméstico también habló de un «incidente» que no precisó pero del que fue testigo, entre un miembro de la familia real y un empleado del Palacio a principios de los años 90.

Como ocurrió en los peores momentos de la relación entre Carlos y su esposa Diana en los años 90, el público británico espera cada día, con una mezcla de indignación y curiosidad, las novedades del escándalo que afecta a su familia real.

Por si fuera poco, el ex mayordomo de Diana, Paul Burrell, ya había declarado a un diario inglés que hacía ingresar a los amantes de la princesa de Gales escondidos en su automóvil.

Los británicos también saben desde el último fin de semana que Burrell hacía visitar el Palacio de Buckingham a uno de sus amantes, al que sirvió la ginebra de la propia reina Isabel.

Incluso la prensa más fiel a la corona no oculta su disgusto. «El mundo de Saint James parece estar lleno de intrigas, de golpes y rivalidades, un mundo donde las historias y los objetos están a la venta», señaló el diario inglés de derecha Daily Telegraph. «Es como si un guión hubiera sido escrito para una propaganda de tinte republicano», señaló en su editorial.

Para el columnista del Daily Mail (derecha) Richard Kay, «la posición del príncipe Carlos nunca estuvo tan amenazada potencialmente» desde su separación de Diana.

La minoría republicana británica no cabe en sí de gozo, después de haber permanecido condenada al silencio a lo largo de un año marcado por el cincuentenario de la ascención al trono de la reina Isabel II y por las muertes de su madre, la reina madre, y de su hermana menor Margarita.

«Es inevitable que a cada escándalo que afecta a la reina o a la monarquía, la gente se pregunte sobre lo que esto tiene en la institución real. Pero no creo que se pueda hacer una conexión entre lo que está pasando y la idea de una reforma o abolición de la monarquía», declaró a la la AFP Geoffrey Marshall, experto en cuestiones constitucionales. *

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