Como en la Guerra Fría, un "caso de espionaje" ruso en Suecia
El anuncio de la expulsión de dos diplomáticos rusos por espionaje en la empresa Ericsson de Suecia, gigante de las telecomunicaciones que también realiza actividades militares, pareció una vuelta a los tiempos de la guerra fría cuando la ex Unión Soviética se interesaba por el sistema de defensa de este país.
Rompiendo el silencio que presidió este asunto, el ministerio sueco de Relaciones Exteriores confirmó ayer que el ex empleado de Ericsson que daba informaciones secretas a una potencia extranjera, trabajaba para Rusia, como lo sugirió la prensa sueca hace ya varios días.
Según los medios suecos, se trataría de un episodio más del enfrentamiento entre servicios secretos rusos y suecos, que tratan cada uno por su lado de conseguir informaciones sobre sofisticados sistemas de radar.
«El ministro de Relaciones Exteriores informó a la embajada rusa que dos de sus empleados fueron declarados «persona non grata» por realizar actividades incompatibles con su estatus diplomático», señaló a la AFP Nina Ersman, una portavoz del ministerio sueco.
«Estas dos personas ya dejaron el país», agregó, rechazando dar más aclaraciones sobre el tema.
El ministro de Relaciones Exteriores ruso indicó que su país se reserva el derecho a «reaccionar de manera apropiada» a la expulsión de dos colaboradores de su embajada en Estocolmo, acusados de espionaje industrial.
Si se sigue la «ley del talión», o el «ojo por ojo, diente por diente» que presidió las relaciones entre el este y el oeste durante la guerra fría, es previsible la expulsión de dos diplomáticos suecos de rango equivalente en Moscú.
Tres ciudadanos suecos llamados «A», «B» y «C» por la fiscalía fueron detenidos el viernes por suministrar documentos de la compañía considerados secretos. *
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