En el kibbutz de Metzer se llora a las víctimas, pero no se pide venganza
Las cinco víctimas, entre ellas dos niños de la misma familia y su madre, fueron acribillados por un palestino armado que se adentró en esta explotación agrícola colectiva israelí, fundada hace 50 años por inmigrantes argentinos.
Sus cerca de 500 habitantes, tradicionalmente gente de izquierda, siempre se han vanagloriado de las excelentes relaciones que mantienen con sus vecinos palestinos y con los árabes israelíes que viven en un pueblo cercano.
Los israelíes que viven en este kibbutz defienden incluso los derechos de los palestinos y por ejemplo, se han opuesto, sin demasiado éxito, a que el muro de seguridad, que está actualmente construyéndose para separar Cisjordania del territorio israelí y evitar así atentados, atraviese los campos de olivos de los palestinos. Todavía asustado y conmocionado, Avital, que vive en el kibbutz desde hace 14 años con su mujer y sus tres hijos, no muestra sin embargo ningún sentimiento de odio hacia sus vecinos palestinos de Cisjordania, que viven a pocos metros de su casa, al otro lado de la línea verde, que separa a los dos pueblos.
«Estos ataques son ciegos. Los terroristas deciden llevarlos a cabo y nosotros no podemos hacer nada contra eso. ¿Cómo podemos protegernos?», se pregunta. «Pero no creemos que los palestinos que viven al otro lado de la línea verde sean nuestros enemigos», insiste.
«Siempre hemos tenido relaciones muy correctas con ellos. No vamos los unos a casa de los otros, pero nos respetamos», afirma Sara Milberg, otra lugareña de 45 años.
Efectivamente, las buenas relaciones entre ellos quedaron de manifiesto este lunes, cuando algunos palestinos vecinos acudieron hasta el kibbutz para dar el pésame y asistir a los funerales.
Pero en Metzer, policías y soldados israelíes estaban en estado de máxima alerta mientras se multiplican los rumores de nuevas infiltraciones. «Parece que alguien está intentando entrar de nuevo en el pueblo», dice uno de los guardias del kibbutz, pero algunos minutos después, se confirma que era una falsa alarma.
El domingo por la noche, un palestino entró en la casa de una familia del kibbutz de Metzer, y acribilló en su cama a Revital Ohayon, de 34 años, y a sus dos hijos, Noam y Matan, de 4 y 5 años. También mató a la israelí Tirtza Damari, de 42 años y al secretario del kibbutz Dori Yitzhak, de 44, además de herir a varias personas antes de darse a la fuga.
Poco antes, dos palestinos murieron en los campos cercanos al kibbutz, al activar la carga explosiva que llevaban amarrada a su cuerpo después de haber sido descubiertos por la policía.
«Hoy nos sentimos más susceptibles que ayer, está claro», reconoce Avital, explicando que hace algunas semanas, varias personas les dijeron que había gente espiando el pueblo.
«Por ello, esto no es una sorpresa total. Pero lo que nos llama más la atención es que el Fatah (movimiento al que pertenece el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat) sea responsable de esto. Es absurdo. Este atentado sólo tenía un fin: destruir la coexistencia entre palestinos e israelíes», lamenta.
Las brigadas de mártires Al-Aqsa, un grupo armado vinculado al Fatah, reivindicó este ataque. *
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