Sacerdote acusado en Brasil
El padre Giorgio Dall Ben vive en Brasil desde hace 40 años y hoy ocupa el centro de una aguda polémica. Actualmente reside en el norteño estado de Roraima.
El padre Giorgio ya es una leyenda en su región y el odio que le tienen algunos propietarios rurales es tal que algunos lo sentenciaron a muerte. A veces, cuando necesita atravesar áreas muy peligrosas para él, se disfraza de mujer.
En su larga trayectoria, el padre Giorgio trabó una fuerte amistad con el cacique de los Macuxis, Terencio Luiz da Silva.
Ambos llegaron a invadir propiedades de hacendados a la cabeza de grupos de indígenas que las consideraban tierras propias. Y los dos fueron recibidos por el papa Juan Pablo II. Pero, ahora ya no se llevan bien. En una entrevista con la revista Isto E, el cacique Terencio Luiz acusó a su ex amigo de utilizar a los indios como mano de obra barata para la explotación de oro y diamantes.
La vida de todos estos personajes que parecen salidos de una novela transcurre, de un modo nada apacible, en el norte de Brasil, cerca de la frontera con Guyana, un área rica en minerales, oro y diamantes y teatro de la lucha constante de indios Macuxi contra los hacendados en defensa de sus reservas.
La Iglesia y el padre Giorgio, con el apoyo de la Fundación Nacional del Indio y de Organizaciones No Gubernamentales, está en favor de una demarcación continua de las reservas indígenas con el argumento de que los indios son nómades.
Pero, los hacendados, los garimpeiros (trabajadores dedicados a la extracción de metales) y el gobierno del estado de Roraima se inclinan por crear «islas» fijas de tierras indias. Esta propuesta es ahora apoyada también por el cacique, que era amigo del padre Giorgio y un grupo de indios.
Desde este sector parten acusaciones muy duras contra el padre Giorgio. Isto incluye una entrevista al hacendado Wilson Alves Bezerra, quien dijo que el padre Giorgio, «además de enseñarles tácticas de guerrillas a los indios, los usa para extraer oro y diamantes que luego son enviados a Italia».
Alves Bezerra relató que en 1975 el padre Giorgio, con apoyo de la Iglesia, fue el comandante de los indios que invadieron nueve de las haciendas que él administraba, en una zona que fue identificada por la agencia espacial norteamericana NASA como una gran reserva de oro y diamantes. En tanto, al padre Giorgio no le gusta hablar con los periodistas y vive en una aldea a la que, con ayuda de los indios que lo siguen, transformó en un verdadero «bunker» al que sólo pueden entrar el personal de la Fundación Nacional del Indios, los misioneros y los representantes de la Organizaciones No Gubernamentales. Las acusaciones sobre la presunta vinculación de la Iglesia Católica con el contrabando de oro, diamantes y piedras preciosas no son nuevas en el estado de Roraima. Se remontan a 1988, cuando agentes de inteligencia invadieron la casa del arzobispo, monseñor Aldo Mongiano, acusado de estar ligado a movimientos subversivos.
En la denuncia policial, monseñor Mongiano no registró la desaparición de su cofre de 615 gramos de diamante y dos kilos de oro que los agentes de inteligencia dijeron haber encontrado.
Sólo reportó papeles vinculados a la Arquidiócesis, cartas y extractos bancarios personales.
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