Desde diciembre el Parlamento no sancionó ninguna Ley

De la Rúa supera escollos

Aprobar la ley de marras podía demostrar que la Alianza podrá gobernar pese ser minoría en la Cámara alta y donde el peronismo tan fragmentado hace que toda negociación deba multiplicarse. No es para menos: desde el fin de diciembre, el Parlamento no sancionó ninguna ley. El resultado tiene valor: se consiguió sobre el peor escenario que enfrentaba Fernando de la Rúa desde que juró como Presidente de los argentinos.

Conseguir la ley tuvo altos costos políticos y errores en su instrumentación. Pegó al gobierno con la fracción de la CGT más cuestionada en el pasado por la coalición gobernante, que a la postre, no sólo daña su imagen, sino que le da un aliento que el proceso interno en el debilitado movimiento obrero no le ofrece. Ya se sabe la historia: De la Rúa ordenó en febrero en vísperas de una huelga no confrontar con la central sindical. La fracturó con ventajas a un sector, y le quedó poco espacio cuando debió negociar en el Senado.

¿No hubiera sido más fácil darle esas ventajas al peronismo político en la cámara alta?: es lo que se preguntaron estas semanas sin sosiego dentro y fuera de la Alianza. Especialmente cuando el ministro de Trabajo y hombre del Frepaso, Alberto Flamarique, maestro mayor en estas negociaciones, debió apoyarse en dos sectores del peronismo. Uno encabezado por el titular del bloque, Augusto Alasino, con quien escribió la letra final de la ley y el otro con dos Eduardos, Bauzá y Menem, mas Carlos Corach, conteniendo a un sub-bloque de 15 legisladores que querían votar en contra y enterrar por un año el proyecto.

El costo final fue aprobar 160 millones de pesos adicionales para intentar contener la conflictividad social que crece y cada vez con mayor violencia.

Difícil situación social

El martes en la reunión de gabinete, Carlos «Chacho» Alvarez había advertido sobre este futuro ominoso y reclamó coordinar esfuerzos y partidas para salirle al encuentro. Al menos para él, aprobar una partida adicional de planes no significó ningún trauma; el que lo tendrá es el ministro de Economía que viene cortando partidas porque teme no poder cumplir con las pautas fiscales acordadas con el FMI. ¿Ganará el ajuste? ¿Dormirá en Diputados este incremento que fue clave? Hay dudas.

Políticamente, es un soplo de aire renovado que la Alianza espera superar con el triunfo que aguarda en las elecciones porteñas del domingo próximo, aunque su liderazgo no está seguro que pueda conseguir la jefatura del gobierno porteño en el primer turno.

Si se da el 7 de mayo o 15 días más tarde no será lo mismo, pero le permitirá ganar tiempo a la espera de resultados tangibles para la gente en la economía. Mayo mostrará que la desocupación está tornándose en estructural en un índice elevado.

El Frepaso espera consolidar sus posiciones en el gobierno, despues de la delicada situación que afectó a Graciela Fernández Meijide, que ya arrastraba la derrota electoral en la provincia de Buenos Aires, que acotó la presencia de los suyos en el elenco ministerial.

Las novedades paralizan las presiones a favor de un gobierno pan radical, un desplazamiento del frentismo, y preparase para la renovación parlamentaria con internas entre los socios, pensando que lo rebajarán en influencia.

No es lo que piensan De la Rúa y Raúl Alfonsín, menos si Aníbal Ibarra se impone en el primer turno. Con todo, el transitor que el Presidente escucha se llama Fernando de Santibañez, titular de la SIDE, la derecha en la coalición.

Lucha de tendencias

De la Rúa es sensible a sus consejos. Por ejemplo, cuando se designó el embajador en los EEUU, el influyente propuso a dos banqueros: el ex del City Corp, Guillermo Stanley, y al ex del Republic, Emilio Cárdenas, ex hombre de Carlos Menem en la ONU, canciller frustrado de Eduardo Duhalde.

Si ninguno de los dos es el que voló a Washington fue por rápidos movimientos de varios sectores del radicalismo, pero el antecedente permite comprender más claramente por qué el Presidente ordenó votar las sanciones contra Cuba: emitir gestos hacia los EEUU donde piensa estar en junio.

Este antecedente, la ley laboral y el bosquejo fundamental de la política económica, le permiten a Menem vanagloriarse de que su política tiene con la Alianza continuidad, afirmación que estremece en la coalición entre los que no quieren más de lo mismo.

Pero la disidencia sorda (que ha tenido algunos destellos claros) piensa que habrá por mucho tiempo un fuerte juego de presiones de líneas internas difusas, de bloques no constituidos, pero que en algún momento tendrá una definición más clara.

No habrá por ahora movimientos dentro del gabinete nacional aunque las relaciones del Presidente con su jefe de gabinete, Rodolfo Terragno, no son cordiales y tuvo una expresión clara en la última reunión ministerial.

La duda de los que conocen al primer mandatario es cómo leerá éste los hechos comentados, la ley, la victoria porteña esperada, si con estos alientos marcará ejes más amplios para crear esperanzas, o aguardará a que los hechos le den razón a la línea económica que trazó desde el primer momento. Urge que el gobierno termine por delinear su política social mientras espera mejores tiempos económicos, porque corre el peligro de tener que ir apagando semanalmente incendios aquí y allá.

El sentido de la ley

La ley laboral aprobada no es muy diferente al proyecto original y se adapta a las realidades del capitalismo de estos tiempos que reclama desde hace tiempo la flexibilización del trabajo que terminen con normas para el empleo de otras épocas.

Esto explica el consenso final en el Senado entre la Alianza y el PJ. La discusión si mandarán los salarios a la baja como dicen los sindicatos disconformes o combativos, omite que eso ya ocurre y seguirá con esa tendencia por diversos atajos, como la caída del salario real vía más horas de trabajo, mientras no haya una nueva demanda de mano de obra.

O un cambio del modelo de acumulación y distribución que nadie tiene seriamente como propuesta.

Parece de todas maneras temerario, como lo hizo Flamarique, calificar a la ley como «progresista». Convendría estar atentos: la ley ordenará la organización laboral con las necesidades de la globalización y las relaciones obrero patronales. Y esboza un reformulación de la organización sindical aún no muy definida.

La huelga de la CGT (rebelde) preparada para el fin de semana es un grito desesperado, máxime cuando su líder, Hugo Moyano, quedó relegado del peronismo que no le perdona cortarse solo. Puede apelar a la gente, trabajar con paciencia ante las nuevas realidades, sumarse a una tendencia internacional anticapitalista que le susurran. Pero ese camino ¿está en sus metas?

Tanta obsesión oficial en la discusión de la ley laboral pasó por alto que dentro del peronismo los gobernadores de ese color dieron el primer paso para convertirse en conducción real del movimiento, sin consultar sus decisiones con Carlos Menem.

Insólita actitud militar y debilidad oficial

Difícilmente sea un bloque homogéneo porque atienden necesidades diferentes en sus relaciones con el gobierno nacional y hay varios de ellos con objetivos políticos antagónicos. Pero allí y en el bloque de senadores, están los pilares de la reorganización del PJ.

Más importantes son las declaraciones del alto mando del Ejército y la Armada, manifestando «preocupación» por detenciones que ordena una jueza de la provincia de Córdoba.

Si la magistrada que conduce un proceso por la Verdad y no un juicio penal vedado por leyes de impunidad, tiene propósi
tos que no comparte el gobierno, existen los mecanismos legales para revertir cualquier injusticia. En días en que el mismísimo Augusto Pinochet está en camino a ser procesado, las advertencias militares suenan a anacronismo, muestran al gobierno muy pero muy confundido, y demanda del Presidente ordenar el silencio de los uniformados.

Ser solidarios con un general como el feroz Benjamín Menéndez, denominarlo «camarada», es una afrenta a la sociedad.

Al menos que se piense en el poder que las FFAA serán necesarias para enfrentar la conflictividad social, como dentro de ellas, cree más de un uniformado.

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