Desde Hanoi, la capital, viajando siempre de noche con los focos apagados, cruzando los rÃos en puentes desmontables, pasamos por el gran puerto de Haiphong y llegamos hasta el lÃmite del paralelo 17°. No nos arriesgamos más al sur, donde operaba desde 1960 el Frente de Liberación de Vietnam del Sur (conocido como Vietcong) presidido por Nguyen Huu Tho, que habÃa liberado diversas zonas del territorio. Ya en esa época Cuba tenÃa en plena selva su embajada ante el Gobierno Provisional Revolucionario. En algún amanecer vi cráteres de bombas de los B-52, grandes como una cancha de fútbol, y la clásica imagen de las campesinas plantando arroz con el fusil al hombro.
Al regreso a la capital entrevisté al presidente Ho Chi Minh. Lo conocÃa desde el XXII Congreso del PCUS, celebrado en Moscú en 1961. Allà me contó, entre otros detalles de una vida novelesca de sieteoficios, que habÃa estado en Montevideo, como pinche de cocina en un paquebote francés, pelando papas. Recordaba el Cerro y la bahÃa. El mÃtico “tÃo Ho” era la imagen de la sencillez y la modestia, la calidez en el trato y la atención respetuosa. Fundador del PC francés en el Congreso de Tours de 1920, editaba en ParÃs el perÃodico “Le Paria” publicando bajo su firma en primera plana una nota brevÃsima, ejemplo del periodismo de denuncia. Funda en 1930 el PC de Indochina, que originalmente abarcaba los tres paÃses de la Indochina francesa (Vietnam, Laos y Camboya). Preso muchas veces, dado por muerto otras, arrastra sus grilletes por China y tiene la presencia de ánimo de escribir poemas (en un estilo próximo al que cultiva Benedetti en su último libro de haikus). Posteriormente impulsa, como forma superior de unidad, la formación del Vietminh, Liga por la Independenica, frente unido de todo el pueblo y de las múltiples etnias, que desde 1941 condujo la lucha contra la ocupación japonesa.
En el cuadro creado por la derrota del eje nazi-fascista en Europa, el 18 de agosto de 1945 Ho Chi Minh dio la orden de la insurrección general y el 2 de setiembre proclamaba la independencia en la plaza Ba Dinh de Hanoi.
En la entrevista de 1965, efectuada en condiciones sumamente difÃciles, con el paÃs sometido a cruentos bombardeos con el objetivo de sembrar el terror, Ho Chi Minh me aseguró su confianza absoluta en la victoria porque –recuerdo sus palabras, en un francés muy puro– no hay nada más fuerte que un pueblo en lucha por su independencia y su libertad. Desde 1859 Francia se lanzó a colonizar esa zona del sudeste asiático, a sangre y fuego. Hablando de civilización y cultura, introdujeron la prostitución y el consumo obligatorio de alcohol (como los ingleses con el opio en China). ImponÃan a los escolares los textos de historia franceses, que empezaban con la consabida frase de que “antes nuestro paÃs se llamaba la Galia, y nuestros ancestros eran los galos”, con el propósito obvio de hacerles olvidar su rico pasado y su antigua civilización. La lucha anticolonialista cobró impulso renovado desde 1930. Más tarde, con Francia ocupada por los nazis, los japoneses se apoderaron del paÃs. Pero después de ser expulsados por la ofensiva vietnamita, los franceses pretendieron volver por la revancha y se instalaron en el sur, en la llamada Cochinchina (el norte era el TonkÃn y el centro el Anam; Martà denominaba a los vietnamitas con el gentilicio de anamitas).
Aquà se ubica un episodio relevante de la lucha anticolonialista: la gesta de Dien Bien Phu, la victoria de un ejército popular sobre las aguerridas tropas colonialistas agrupadas en un bastión considerado inexpugnable. Tuve la fortuna de que el general Vo Nguyen Giap, estratega de la lucha de un ejército que era el pueblo en armas, me explicara ante una maqueta enorme los detalles de esa batalla que revolucionó el arte militar y terminó con el general De Castries –que habÃa sido ascendido y condecorado en el curso de la batalla– hecho prisionero y sus tropas en desbandada.
Entonces fueron los yanquis quienes pretendieron ocupar ese espacio, y los vietnamitas se pusieron por tercer perÃodo el fusil al hombro.
My Lai es igual a LÃdice En el sur desembarcaron las tropas USA, que impusieron un régimen tÃtere y corrupto hasta la médula, usando el territorio como base de la escalada.
La guerra de Vietnam fue la barbarie desatada, el mayor genocidio del siglo XX después de la II Guerra Mundial. Sobre Vietnam se arrojaron más bombas que en el curso de toda esta conflagración, murieron tres millones de vietnamitas y las bajas norteamericanas (del orden de 58 mil) superaron a sus vÃctimas en la II Guerra. Las tropas USA llegaron a sumar 580 mil efectivos, y a lo largo de la guerra lanzaron al combate a 2.8 millones de hombres. Arrojaron 72 millones de litros de productos quÃmicos, la mitad de ellos defoliantes como el “agente naranja”, que liquidan todo vestigio de vida en zonas enteras y cuyos efectos se sienten hasta hoy. También practicaron la guerra bacteriológica. La masacre de My Lai (véase la pelÃcula de Oliver Stone, “Pelotón”) es un sÃmbolo del genocidio practicado, equiparable al de los nazis en LÃdice, Checoslovaquia.
Sin embargo, Estados Unidos sufrió allà la primera derrota militar de su historia.
La gesta de los vietnamitas despertó una gigantesca ola de solidaridad mundial, de parte de los pueblos y de gobiernos de paÃses socialistas, en primer término de la URSS. Al mismo tiempo, estimuló el despertar de la conciencia en vastos sectores del pueblo norteamericano, expresada en movilizaciones persistentes que dejaron su huella. Los manifestantes norteamericanos de Seattle contra la OMC o de Washington contra el FMI y el BM, son herederos y continuadores de la generación que removió cielo y tierra por el cese de la agresión a Vietnam. Una coincidencia de fechas hace que en un dÃa como hoy, pero de 1945, con las tropas soviéticas ya dentro de BerlÃn, Hitler se suicidaba en su búnker.
Y mañana, en el DÃa Internacional de los Trabajadores, como 25 años atrás, los vietnamitas expresarán su júbilo en la ciudad que lleva el nombre de su héroe nacional.
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