El fin del mito invencible
Millones de televidentes en todo el mundo vieron el éxodo dramático y caótico de cientos de vietnamitas a bordo de helicópteros norteamericanos que los trasladaban desde el tejado de la sede diplomática a los portaaviones de la marina norteamericana.
Estados Unidos ya se había retirado militarmente de Vietnam en 1973, tras los acuerdos de París que pusieron fin a ocho años de intervención directa.
Al término de 55 días de sitio, poco y nada pudo hacer Washington por su frágil protegido, el gobierno de la República de Vietnam, cuya capital Saigón caía a manos de las tropas regulares norvietnamitas, ayudadas por los vietcongs, los guerrilleros comunistas del sur.
La reunificación por las armas del país asiático ponía fin a 30 años de guerra sin interrupción, que dejó más de tres millones de muertos.
Fallecido en 1969, el padre de la independencia vietnamita, Ho Chi Minh, no pudo asistir al momento culminante de una lucha impulsada sucesivamente contra japoneses, franceses y norteamericanos y que para los comunistas justificó los sufrimientos del pueblo.
El fin de un mito
Para los norteamericanos –tanto los que apoyaron la guerra como los que se opusieron– la debacle fue el símbolo indeleble de una derrota militar sin precedentes en la historia y el fin del mito de un país invencible.
Estados Unidos había gastado unos 350.000 millones de dólares durante dos décadas para solventar el conflicto.
Un total de 8,5 millones de jóvenes estadounidenses –de los cuales unos 58.000 jamás regresaron– fueron enviados al frente en las antípodas, una experiencia que dejó para muchos secuelas sicológicas difíciles de olvidar.
Un monumento de granito negro con los nombres de los caídos recuerda hoy en Washington, no lejos de la Casa Blanca, todo el orgullo, el amor, la desilusión, la culpabilidad y la tristeza de la guerra y la derrota.
Militarmente, Washington se llevó una lección estratégica de Vietnam: en el futuro, evitaría involucrarse gradualmente en un conflicto, optando en cambio, como en la guerra del Golfo, por una intervención masiva y rápida.
Estados Unidos se había implicado en Vietnam desde 1945. Respaldó brevemente a Ho Chi Minh contra los japoneses, antes de ayudar financieramente a los franceses en su fallido intento por retomar el control del país.
Tras la partida de los últimos soldados franceses del sur de Vietnam en 1956 y la llegada de cientos –y luego miles– de militares norteamericanos, el presidente John F. Kennedy y su secretario de Defensa, Robert McNamara, decidían involucrar directamente a Estados Unidos en el conflicto.
Treinta años después, la «teoría del dominó», invocada para justificar la decisión y evitar una expansión incontrolable del comunismo, resultaba errada: ningún otro país del sudeste asiático pasó después al bando rojo.
Finalmente vino el desmoronamiento del bloque soviético que provocó el fin de la Guerra Fría, a partir de 1989, abriendo el camino a la victoria de Estados Unidos, convertido en la única superpotencia global.
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