La herida de Vietnam no ha cicatrizado
La herida producida por la guerra de Vietnam después de un cuarto de siglo aún no ha cicatrizado: «Ganaron los malos», insistió ayer el actual senador norteamericano John McCain, al concluir una visita a Vietnam precisamente a aquellos lugares en los que fue torturado y mantenido prisionero.
«Quien cometió crímenes horrendos en contra de nosotros no tiene derecho alguno a criticarnos», replicó por su lado el gobierno de Hanoi.
De la mala conciencia norteamericana emergieron en estos días los obsesivos recuerdos de los protagonistas del dramático 30 de abril de 1975: los pilotos de los helicópteros de los últimos vuelos sobre Saigón, los marines que custodiaban la embajada sitiada por la multitud, los agentes de la CIA empeñados en destruir frenéticamente los documentos, aparatos electrónicos e incluso montañas de dólares.
Y los relatos de quienes no lograron escapar, los colaboradores abandonados, las prostitutas traicionadas y los hijos no reconocidos surgen de la niebla del pasado.
También reaparecen los sentimientos de culpa, desde los de los veteranos que no lograron salvar la vida de los compañeros hasta los de los ex presidentes que no supieron tomar a tiempo las decisiones más adecuadas.
«La caída de Saigón fue uno de los días más tristes de mi vida –afirmó Gerald Ford–. Fue una tragedia ver a Estados Unidos en ese estado de humillación».
El aniversario devolvió a las primeras páginas, al menos por un momento, a los protagonistas de entonces.
«Fue una guerra que no debimos haber hecho jamás –sostuvo el ex senador pacifista Eugene McCarthy–. Con el plomo de Vietnam envenenamos nuestra democracia».
Otros ven las cosas de manera distinta: «Fue una guerra necesaria –afirmó el historiador Arthur Schlesinger–. Perdimos en Vietnam pero ganamos la Guerra Fría».
Desde Hanoi llegan las imágenes de los preparativos para la gran celebración de la victoria.
Pero también en Washington los derrotados comenzaron a evocar el fin de las hostilidades con ceremonias, desfiles de veteranos y debates que van desde el rol de los medios de comunicación a la utilización de las armas químicas.
Grupos de veteranos se reunirán el sábado frente al monumento a los caídos en la capital para limpiar las placas de mármol negro donde están grabados los nombres de los 58 mil compañeros muertos en Vietnam.
«Aún hoy vuelvo a pensar en toda la gente que vi morir en Vietnam –afirmó el ex cabo Dave Leet–. Y la pregunta es siempre la misma: ‘por qué’?»
La mujer de un veterano escribió a un diario: «Era mi primer amor. Vietnam se lo llevó. Volvió a casa. Pero aún hoy, después de 30 años, se despierta gritando por las noches».
Incluso el Pentágono tiene programada para el domingo una ceremonia evocativa. Las relaciones entre los dos ex enemigos, congeladas durante años, están mejorando lentamente.
La iniciativa proviene casi siempre de los veteranos de guerra: las misiones en el país para rastrear los restos de los desaparecidos se transformaron gradualmente, en un puente diplomático.
En 1994, Estados Unidos suspendió el embargo comercial contra Vietnam; en 1995, fueron restablecidas las relaciones diplomáticas.
El embajador norteamericano en Hanoi es un ex prisionero de guerra y, en marzo, el ministro de Defensa William Cohen efectuó una histórica visita a Hanoi, la primera de un jefe del Pentágono desde el final de la guerra.
Pero en realidad es el presidente Bill Clinton el que sueña con un viaje a Vietnam, antes de que finalice su mandato, para cerrar históricamente las cuentas con su antiguo enemigo.
Para Clinton, un especialista en perdones y arrentimientos, podría ser la justa conclusión de sus ocho años en la Casa Blanca.
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