Aznar mira al centro y prioriza economía
Dos nombres son unánimemente puestos a la vanguardia del nuevo Gobierno: el del vicepresidente primero y ministro de la Presidencia, Mariano Rajoy, y el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Rodrigo Rato.
Ministro de Administraciones Públicas antes de ser puesto al frente del Ministerio de Educación en el Ejecutivo «Aznar 1″, Mariano Rajoy ha sabido «centrar» el Partido Popular (PP, centroderecha) de Aznar y llevarlo al triunfo por mayoría absoluta, en su calidad de director de la campaña electoral para los comicios legislativos del pasado 12 de marzo.
Esta inapelable victoria, permite al jefe del Gobierno tener las manos libres para actuar sin necesidad de alianzas parlamentarias. Rajoy, un gallego de 45 años, de perfil liberal y conciliador, se encargará de la «coordinación política» del trabajo del gobierno para conducir a España hacia «la nueva sociedad» que Aznar afirma querer crear.
El talante centrista del gabinete se pone de manifiesto también por la partida de tres ministros procedentes de la ex Alianza Popular, formación muy derechista de la que nació el PP, y por el relegamiento del predecesor de Mariano Rajoy, el ex vicepresidente primero Francisco Alvárez Cascos, a la cartera de Fomento.
La mitad de los 16 ministros son nuevos y Aznar «ha renovado su gabinete con personas jóvenes, de sensibilidad progresista y que han probado su capacidad de gestión», subraya el periódico liberal «El Mundo».
Entre ellas figura la catalana Anna Birulés –una de los tres ministros que no pertenecen al PP–, a quien le ha sido confiado el nuevo ministerio de Ciencia y Tecnología, cuya creación denota la vocación económica del nuevo gobierno «Aznar 2″.
Esta decisión de basar la acción de su gobierno en la economía –cuyos éxitos sirvieron de argumentos al PP para su victoria electoral del 12 de marzo– tiene una identificación clara en la figura de Rodrigo Rato.
Este empresario madrileño, de 51 años de edad, y que ya desempeñó las funciones de vicepresidente segundo en el Ejecutivo anterior, ha visto reforzada su posición con distintas medidas.
El Ministerio de Economía amplía sus competencias recibiendo aquellas atribuciones del desaparecido Ministerio de Industria que no han sido transferidas a la cartera de Ciencia y Tecnología.
En cambio, Rodrigo Rato pierde Hacienda, que se convierte en un ministerio aparte, cuyo titular no es otro que su antiguo brazo derecho y hombre de confianza, Cristóbal Montoro, antiguo secretario de Estado de Economía.
El presidente del Gobierno español ha sabido, asimismo, dosificar perfectamente la representación de las regiones españolas con tres ministros procedentes de Castilla y León, feudo del PP, tres andaluces y representantes del País Vasco, Cataluña, el archipiélago de las Baleares, Asturias, el Levante y Madrid.
José María Aznar ha compuesto un gabinete homogéneo y ha sabido asumir dos riesgos, según la prensa española: el nombramiento al frente de la cartera de Asuntos Exteriores de su antiguo ministro de Industria y portavoz, Josep Piqué, salpicado por un caso de corrupción del que no es seguro que salga sin daños.
La otra apuesta arriesgada es la de Anna Birulés que se encargará de las Telecomunicaciones, justo cuando dirigía Retevisión, el primer grupo que rompió el monopolio de la poderosa Telefónica en ese sector.
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