El dólar versus Lula

JOSE LUIS GUNTIN

 

El jueves, el dólar llegó a cotizarse a cuatro reales; y no hace mucho tiempo estaba a tres. Una suba considerable que coincidió con la primera vuelta de las elecciones con este comienzo de segundo turno. Esta escalada en el valor de la divisa norteamericana tiene varias razones, algunas del reino de la economía y otras del mundo de la política, las cuales se entrelazan entre sí.

En el terreno económico, la incidencia fundamental de coyuntura fue el vencimiento de letras de deuda interna, emitidas por el gobierno y que éste tuvo en estos días que salir a cubrir. Justamente esto es lo que más preocupa a los especialistas.

Justamente, esto es lo que más temen los especialistas: cómo hará la economía brasilera para afrontar las cancelaciones de la deuda, tanto interna como externa. Generalmente esto se hace con nuevas emisiones, pero con el riesgo país que tiene Brasil (alrededor de los 2.200 puntos), las tasas harían que los intereses de la deuda fueran impagables.

Este problema preocupa tanto al gobierno brasilero como al Fondo Monetario Internacional. Este sabe que a Brasil hay que ayudarlo, no se puede dejar caer al abismo como a la Argentina; pero el FMI podrá bancar a este gigante. Los números de Brasil, incluyendo el monto de su deuda externa grandes en billones de dólares.

En lo que se refiere a razones política de esta suba del dólar, las cosas aún son más claras. Las elecciones indudablemente han inquietado al mercado cambiario y, sobre todo, por la inminencia de un triunfo del candidato izquierdista y ex sindicalista metalúrgico, Lula da Silva. La cotización del dólar acompaña el registro de Lula en las encuestas, cuando uno sube el otro también.

Por eso, no es impensable que el dólar siga en alza en Brasil. Pero lo que resulta increíble es que esta suba no le preocupe a los brasileros, por supuesto, exceptuando a las alta esferas del gobierno en Brasilia y los círculos financieros de San Pablo.

El brasilero común, y no comprende solamente a los pobres, sino la clase media y media alta, no le preocupa la suba del dólar. No debe en moneda estadounidense, tampoco gana en ella y la mayoría de los precios internos no acompañan necesariamente al dólar.

Esta es una de las ventajas de tener una economía que no está dolarizada; uno es menos dependiente.

En Argentina, en Uruguay y en tantos países, los gobiernos de la última década del siglo pasado (parece tan lejos, pero sólo hace unos pocos años) hicieron todo lo posible por dolarizar sus economías, con la bendición del FMI. Ahora no saben cómo ir hacia atrás.

Brasil nunca cayó en esta tentación neoliberal de dolarizar su economía. El dólar no existe en el diario vivir de los brasileros: no existen cuentas en divisa norteamericana, ni deudas, ni alquileres; por supuesto, con excepciones en el turismo y en otras áreas.

Son pocos los lugares que aceptan cobrar en dólares y para cambiar esta moneda hay pocos lugares y la cotización que pagan es muy inferior a los cuatro reales oficiales. Aunque usted no lo crea, muy pocos brasileros piensan en dólares.

Por eso, esta batalla que se ha entablado entre Lula y el dólar no es tan atrayente de la atención pública como algunos querían. Las matemáticas están totalmente a favor de Lula y en contra de José Serra para la votación definitiva del próximo domingo 27 (faltan dos semanas). Miremos algunos grandes números redondos de la primera vuelta: Lula tuvo 40 millones de votos y Serra sólo 20 millones. Los otros dos candidatos presidenciales Anthony Garotinho y Ciro Gomes, juntos, 25 millones de votos. Así, de mantenerse fieles los votantes a los candidatos que permanecen en segunda vuelta, Serra debería sumar 23 millones de votos y Lula únicamente 3 millones. Sin dudas, la tarea de ambos no puede ser la misma y tampoco sus estrategias.

El candidato del gobierno necesita de un verdadero milagro y más aún después de que, en esta semana, Ciro Gomes y Anthony Garotinho volcaron su apoyo hacia Lula. Sumando de a uno, no le alcanzará el tiempo a Serra para descontar la ventaja de su oponente.

Tampoco puede usar en su ofensiva la publicidad televisiva porque ambos contendientes tienen iguales espacios gratuitos. Entonces, la mira se ha centrado en los debates. Serra quiere la mayor cantidad de polémicas con su oponente en las pantallas de los televisores.

Lula no se puede rehusar a debatir, sería su peor error. Pero también quiere minimizar los riesgos, así como Serra quiere maximizarlos. Había ya tres debates pactados para el segundo turno, uno en cada una de las principales cadenas televisivas nacionales. El primero está pactado para el 19; veremos cuáles se realizan.

Estos debates de segunda vuelta no pueden ser tan insulsos y de guante blanco como los del primer turno. Aquí tiene que aparecer el armamento pesado, los ataques directos y otro será el tono. Los imaginamos más entretenidos y ojalá no defrauden.

Mientras tanto, en el campo más sutil de los mercados, es muy probable que el dólar continúe su escalada. Su cotización puede ser el arma secreta en contra de Lula.

Este fantasma se agitará para asustar a los votantes: el cuco. Serra ya prometió que si es electo presidente, llevará el dólar a 3 reales. ¿Por qué no le pasa ya la receta a Fernando Henrique? *

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