Un coche bomba explotó frente a una discoteca y un bar que estaban abarrotados de jóvenes

Unos 200 muertos en un grave atentado contra extranjeros en Bali

El ataque, que también dejó un saldo de al menos 281 heridos, tenía como objetivo el barrio frecuentado por turistas extranjeros de este «paraíso» indonesio y la explosión redujo a cenizas una discoteca y un bar restaurante, que estaban abarrotados.

La mayoría de las víctimas de esta carnicería sin precedentes, la peor en la historia de Indonesia, serían jóvenes turistas australianos.

El gobierno australiano denunció este acto «de barbarie», puso sus hospitales en estado de alerta máxima y envió ayuda médica a Bali.

Además, preparó a su opinión para un balance de muertos muy alto, en un país donde Bali, llamada «la isla de los dioses», era hasta ahora sinónimo de vacaciones, tranquilidad y surf.

Al menos ocho australianos perecieron, al igual que tres ciudadanos de Singapur, dos británicos, un ecuatoriano, un francés, un holandés y un alemán, según un médico indonesio que identificó ya a 26 cuerpos.

El atentado, no reivindicado hasta el momento, se produce en un momento en que diplomáticos estadounidenses habían expresado sus temores sobre el riesgo de nuevos ataques terroristas en Indonesia, relacionados con la red Al Qaeda, dirigida por el fundamentalista islámico Osama bin Laden.

El mes pasado, la embajada de Estados Unidos en Yakarta estuvo cerrada durante seis días ante el riesgo de atentados. Este domingo, la Casa Blanca condenó el atentado y pidió que el mundo entero diga ‘no’ al terrorismo.

«La guerra contra el terrorismo debe continuar con un vigor sin tregua y una determinación total», declaró el primer ministro australiano, John Howard. En Australia, las responsabilidades apuntaban hacia el grupo Yemaá Islamiyá, relacionado con Al Qaeda.

Esta misteriosa organización, que opera en el sudeste asiático, planeó ya atentados espectaculares en Singapur, que fueron impedidos a tiempo.

Su presunto líder, Abu Bakar Baasyir, actúa con libertad en Indonesia, según autoridades de Malasia y Singapur. Yakarta afirma que no posee pruebas para detenerlo.

El atentado de Bali se produce días después de la explosión contra un petrolero francés, el «Limburg», en las costas de Yemen, que los investigadores calificaron de acto terrorista, y la muerte de un militar estadounidense a manos de kuwaitíes, identificados como simpatizantes o miembros de la organización de Bin Laden.

El atentado de Bali puede asestar un golpe terrible al turismo indonesio que hace llegar al país 5.000 millones de dólares al año, así como a las inversiones extranjeras.

«Nunca vi una cosa parecida», explicó a la AFP el fotógrafo francés, Cyril Terrien. «Me encontré con cuerpos calcinados, descuartizados. Había cadáveres de indonesios y extranjeros mezclados».

La explosión, ocurrida a las 23H00 locales (15HO0 GMT), cuando el barrio de Kuta, cercano a la playa, se encontraba en plena ebullición. El estallido redujo a cenizas el Sari Club y el restaurante de al lado, cercanos a Denpasar, la capital de la provincia.

A la potente deflagración siguió un gigantesco incendio, que destruyó los dos establecimientos, edificios vecinos, tiendas y que no pudo ser extinguido hasta el amanecer.

Los supervivientes describieron escenas de horror: cuerpos carbonizados, descuartizados en la calle, turistas que intentaban escapar del infierno del club nocturno. En el exterior, hombres y mujeres corrían, con sus ropas en llamas, o medio desnudos, cubiertos de sangre.

«Todo el mundo gritaba, había polvo por todas partes. La electricidad se cortó en todo el barrio. Alguien me preguntó: ‘¿Nos ha caído encima un avión?'», contaba un turista procedente de París, de 27 años, que se encontraba en un restaurante cercano.

Las evacuaciones de ciudadanos australianos heridos ya comenzaron y 21 personas fueron trasladadas a su país en un avión Hércules del ejército.

Momentos después de la primera explosión, otra bomba estalló cerca de un edificio consular estadounidense de Bali, sin que hubiera que lamentar víctimas.

Centenares de turistas asustados pasaron la noche del sábado al domingo en la playa, pero el atentado no desencadenó un éxodo masivo hacia el aeropuerto. Varias capitales europeas pidieron a sus ciudadanos que eviten Bali a partir de ahora.

«Los estadounidenses de visita a Indonesia tienen que pensar si continúan en Indonesia» indicó por su parte la embajada de Estados Unidos en un comunicado divulgado este domingo, poco después de que el presidente George W. Bush condenara tajantemente este salvaje atentado. *

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