En Estrasburgo, cuando se oyó por primera vez La Marsellesa

27 de abril de 1792

En medio del fervor revolucionario que se está viviendo en Francia desde el año 89, se hacía notoria una gran carencia: faltaba un himno, un canto de exaltación patriótica que sirviera como estímulo a los bravos soldados de las milicias populares.

El barón de Dietrich, alcalde de esta ciudad de Estrasburgo, había advertido esa necesidad tan importante –según su punto de vista– como los fusiles y los cañones para enfrentar la coalición conservadora de los otros estados europeos.

Un oscuro capitán de artillería de 32 años, Claude Rouget de Lisle –que siempre había tenido veleidades de poeta y de músico– recogió la inquietud del barón de Dietrich y, habiendo convocado a las musas, pasó toda la noche escribiendo letra y música de lo que ha llamado «Chant de Guerre pour l’Armée du Rihn» (Canto de Guerra para el Ejército del Rin).

Nuestro corresponsal tuvo el privilegio de conocer la letra de este canto marcial y augura que ha de convertirse en un himno universal que podrán entonar todos los pueblos que luchan por la libertad.

Empieza diciendo Adelante, hijos de la Patria, ha llegado el día de gloria. Pero más adelante, adquiere un innegable tono subversivo que hará poner los pelos de punta a la nobleza espantada ante la irresistible expansión de las consignas revolucionarias: ¡A las armas, ciudadanos! ¡Formen sus batallones!

Los primeros en adoptar el himno han sido los federados marselleses que se dirigen a París para defender la Asamblea Legislativa.

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