Turistas prisioneros en isla filipina

Los 21 rehenes, entre ellos 10 turistas extranjeros, plagiados el domingo en un lugar de vacaciones de Malasia fueron trasladados por sus secuestradores islámicos a Jolo, una isla de las Filipinas meridionales fuera de todo control de las autoridades de Manila.

Lo informó oficialmente el ministro de Defensa Orlando Mercado, quien precisó que los rehenes están prisioneros cerca de la pequeña ciudad de Talipao, en el archipiélago, a algo menos de mil kilómetros al sur de Manila.

«No parecen estar peor desde que fueron secuestrados» agregó citando a funcionarios locales según los cuales los rehenes «están bien».

Pero Mercado no pudo ver personalmente a ninguno de los 21 secuestrados.

La isla de Jolo es montañosa, sus costas son accidentadas y durante siglos constituyeron un refugio ideal y muy protegido para piratas y bandidos, a los que en las últimas décadas sucedieron los rebeldes islámicos que combaten para la creación de un estado musulmán en el sur de la católica Filipinas.

Desde la capital, en tanto, fuentes presidenciales hicieron saber que los secuestradores presentaron siete pedidos y uno de ellos se refiere al perecer a un rescate de 720 mil dólares por los rehenes.

El pedido habría sido hecho al director del centro turístico de la isla de Sipadan, en el Borneo malés, donde se cometió el secuestro.

Mercado repitió después que la operación, según parece, fue realizada por el grupo integrista islámico Abu Sayyaf (Espada de Dios) y por ex rebeldes, pero el gobierno filipino no tiene pruebas seguras al respecto.

Pero está seguro de que los mismos secuestradores, conocidos como grupo Comandante Robot, secuestraron en 1998, en Malasia, a dos habitantes de Hong Kong y a un malés, liberados después de casi cuatro meses gracias a un rescate de monto no precisado.

Ahora sigue siendo difícil el comienzo de una negociación.

Hoy hubo un ofrecimiento de mediación del Movimiento islámico independentista Frente Moro de Liberación Nacional (MNLF) que, después de 20 años de guerrilla, firmó en 1996 un tratado de paz con el gobierno aunque sigue reivindicando un estado islámico independiente en el sur del país.

Las autoridades filipinas tienden a reafirmar que no quieren un baño de sangre y que lo que importa «es la salvación de los rehenes».

«Debemos estar psicológicamente preparados para una crisis a largo plazo», dijo Mercado.

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