Pesadilla en una isla de Malasia
La mitad de los secuestrados son extranjeros y la policía cree que los autores podrían ser rebeldes islámicos en busca de un Estado independiente o piratas como los que describió el italiano Emilio Salgari.
Según la policía, los enmascarados ordenaron a las personas del grupo que se echaran al agua y alcanzaran dos barcas atracadas en las inmediaciones.
Unas veinte personas obedecieron sin chistar, pero un norteamericano, Danny Chin, se negó a echarse al agua objetando que su mujer no sabía nadar. «Dispárennos, si quieren», dijo. Los secuestradores los dejaron en paz.
Las vacaciones de las veinte personas en las límpidas aguas de Borneo, entre colores llamativos, barreras de coral, tortugas gigantes y peces tropicales, tuvieron un imprevisto final que quizá se convierta en tragedia dijeron fuentes policiales.
Diez de los rehenes son extranjeros: tres alemanes, dos franceses, dos sudafricanos, dos finlandeses y un libanés. Entre los secuestrados figuran también nueve malasios y un filipino, empleados de la localidad turística donde tuvo lugar el suceso.
El canciller de Malasia Sayed Hamid Albar dijo que los secuestradores quizá formen parte del grupo de Abu Sayyaf, rebledes de la «Espada de Dios» que quieren instituir un Estado islámico en el Sur de las Filipinas.
De todos modos, las autoridades también consideran posible que los secuestradores sean como los «Piratas de Malasia» sobre quienes escribió el italiano Emilio Salgari (1863-1911), pues en estas costas la piratería todavía es una realidad.
El canciller Albar afirmó que los secuestrados están bien y que ya se sabe dónde están retenidos, pero no quiso facilitar mayores detalles.
Por otro lado, las Filipinas movilizaron a su Armada para interceptar a los secuestradores en caso de que entrasen en sus aguas territoriales.
Según el coronel Ernesto de Guzmán, comandante de la Región Militar Sur de las Filipinas, el secuestro de Sipadan podría estar relacionado con una operación de los guerrilleros de Abu Sayyaf. Desde hace casi un mes, este grupo tiene prisioneras a unas treinta personas en la isla filipina de Basilan y, para liberarlas, pide la excarcelación de tres activistas islámicos presos en los Estados Unidos.
Este secuestro asumió visos terribles en los últimos días. El sábado pasado, los secuestradores, para destrabar las negociaciones, anunciaron la decapitación de dos de los rehenes, casi todos muchachos filipinos.
Si bien no se hallaron los cuerpos y, por ello, el anuncio de los secuestradores podría ser un engaño, las fuerzas de seguridad lanzaron una violenta ofensiva contra una base de la guerrilla y hoy la bombardearon desde el aire.
Ernesto de Guzmán consideró posible que este grupo hubiera llevado a cabo el secuestro de Sipadan para mejorar sus posibilidades de negociación.
Las autoridades de Malasia temen que el secuestro de Sipadan tenga consecuencias negativas para el turismo, pues aquella zona es meta de unos 400.000 turistas por año, a pesar de que el precio medio diario de permanencia sea de unos 530 dólares.
Naturalmente, el secuestro también suscitó preocupación en los países cuyos ciudadanos suelen visitar la zona.
De momento, la Cancillería alemana instituyó una unidad de crisis para seguir el caso.
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