La sombra de la guerra de Vietnam
Vietnam fue el conflicto más largo en el que se involucraron las fuerzas norteamericanas (1959-1975) y el primero que perdieron; sus consecuencias son notorias hasta hoy día, tanto en las relaciones entre los militares y el poder político, como en las estrategias bélicas adoptadas desde entonces por Washington.
Según Robert Beisner, historiador en la American University de Washington, los militares comprendieron después de la guerra que su «error más grande fue no gozar del total respaldo de la opinión pública y de la dirección política».
En el campo de la reflexión, la principal consecuencia de la guerra de Vietnam fue la elaboración de la «doctrina Colin Powell», que lleva el nombre de un ex jefe del Estado mayor conjunto, aplicada durante la Guerra del Golfo contra Irak en 1991, subraya Charles Kupchan, de la Universidad Georgetown.
Esta doctrina recomienda que Estados Unidos se limite a intervenir militarmente cuando estén en juego sus intereses nacionales fundamentales, por lo cual se debe tener siempre en claro los objetivos políticos.
Llegado el caso, las intervenciones deben ser masivas y rápidas, para evitar las escaladas, como ocurrió precisamente en la Guerra de Vietnam.
Los militares estadounidenses pensaban entonces que con el envío de tropas suplementarias el adversario «comprendería el mensaje y su comportamiento cambiaría», explica Beisner. En el terreno se produjo un efecto contrario al deseado, porque los vietnamitas se «adaptaron a los cambios».
Según el historiador, los militares aplican ahora la «doctrina clásica de las Fuerzas Armadas estadounidenses», que consiste en «golpear lo más rápido y lo más fuerte posible», al considerar que esta estrategia permite que haya menos víctimas y daños.
La experiencia de la guerra de Vietnam también incitó al Pentágono a disponer de tropas «de muy alta calidad, muy bien entrenadas» y constituidas por profesionales y no por conscriptos, subraya Michael O’Hanlon, de la Brooking Institution.
Los avances tecnológicos de estos últimos años, como los misiles de crucero que permiten atacar a un adversario a cientos de kilómetros del objetivo y sin riesgos de bajas propias, no son resultados directos de la Guerra de Vietnam, sino de la voluntad de Estados Unidos de limitar al máximo el número de víctimas estadounidenses, según los expertos.
Estos misiles entran en el marco de la «creciente sofisticación de la tecnología» militar, que quedó ilustrada el año pasado en los bombardeos contra Yugoslavia, explica Kupchan.
La guerra sin muertos en su propio bando se convirtió en un ideal que se debía alcanzar no sólo para reducir al máximo las pérdidas militares, sino también para evitar los cuestionamientos civiles a una intervención. Estados Unidos retiró, por ejemplo, precipitadamente sus tropas de Somalia en 1993, después de la muerte de unos veinte soldados en actos guerrilleros. «Teníamos 500 víctimas semanales cuando asumimos el poder. Estados Unidos no puede aceptar ahora más víctimas. Vietnam originó una actitud totalmente diferente» respecto a las pérdidas militares, resumió un día Henry Kissinger, entonces secretario de Estado del presidente Richard Nixon.
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