Analisis Internacional

Zimbabwe hoy y el pasado colonialista

Un determinado número de fincas ha sido ocupado, en algunos casos con violencia ante la resistencia de los colonos blancos. Otros optaron por abandonar el país rumbo a la metrópoli europea. Al respecto se ha entablado negociaciones entre los gobiernos de Harare y de Londres. También acaba de registrarse una minicumbre surafricana en las cataratas de Victoria, en el extremo noroccidental de Zimbabwe, entre el gobernante de ese país, Robert Mugabe, el de Namibia (el ex líder guerrillero y hoy presidente Sam Nujoma), el de Africa del Sur (Thabo Mbeki, continuador de Nelson Mandela, de destacada actuación en la reunión del Grupo de los 77 –hoy 133– efectuada a mediados de mes en La Habana) y el de Mozambique (el presidente Joaquim Chissano, sucesor de Samora Machel, fallecido en un sospechoso accidente de aviación en 1986 al regreso de un encuentro con sus homólogos de Zambia, Zaire y Angola para considerar las agresiones del régimen racista de Africa del Sur contra los países de la región).

Un mapa remodelado

Bastaba mirar el mapa del continente africano que aprendíamos en la escuela para advertir que había sido trazado a prepotencia por las potencias colonialistas europeas, que ocuparon esos territorios con sus ejércitos durante el siglo XIX y luego se los disputaron a dentelladas, mediante sucesivos conflictos armados para preservar o extender sus zonas de dominio en que frecuentemente eran los nativos los que ponían los muertos. Esta historia –al igual que la conquista y colonización de América– está escrita con trazos indelebles de sangre y destrucción.

El mapa africano se transformó radicalmente después de la II Guerra Mundial, cuando la victoria sobre el eje nazi-fascista creó las condiciones para la descolonización de continentes enteros: Asia (principalmente la India, después sobrevino la revolución china) y toda Africa. Un nuevo impulso cobró este proceso con la revolución de los claveles del 25 de abril de 1974 (hace exactamente 26 años) en Portugal, con la caída de la dictadura fascista, lo que facilitó la independencia de Angola, Mozambique y Guinea Bissau-Cabo Verde.

Debimos tirar los viejos globos terráqueos y aprender geografía de nuevo, por las remodelaciones sufridas en el mapa, tanto político como geográfico. En el caso de Zimbabwe, en el espacio ocupado por la antigua Rhodesia del Sur, riquísimo en oro y minerales que habían sido depredados siglos antes por los portugueses, situado entre los ríos Zambeze y el Limpopo celebrado por ese epígono del imperio británcio que fue Rudyard Kipling, quedó un nuevo territorio limítrofe con Mozambique al noreste, con Africa del Sur en la parte austral, con Bostwana al sureste y al noroeste con Zambia, la antigua Rhodesia del Norte donde Cecil Rhodes había pugnado por expandir su imperio para impedir que Portugal uniera sus colonias de Angola, sobre el Atlántico, con Mozambique, para asegurarse también una salida al Océano Indico.

El millonario británico Cecil Rhodes

De éste hay que partir, precisamente. Aventurero, millonario y comerciante, el inglés Cecil Rhodes llegó a esas tierras en 1889 y logró que el rey de los ndebeles, Lobenguela, le concediera a su compañía, la British South Africa Co. (BSA), el monopolio de la explotación de los minerales del país, a cambio de armas, una pensión vitalicia y un barco a vapor. El gobierno de Su Majestad Británica, otorgó a la BSA el control del comercio, la inmigración, las comunicaciones y las fuerzas policiales del país. Muy poco despúes, 200 colonos ingleses, protegidos por 700 policías, se instalaron en un territorio donde fundaron un campamento fortificado llamado Salisbury, actual emplazamiento de Harare, la capital. El rey debió huir a la selva y la BSA pasó a gobernar un país al que Rhodes bautizó con su propio nombre. Ahí empezó todo. Lo de hoy se explica por este pasado.

Los colonos ingleses acaparan las tierras

Los colonos ingleses se dedicaron a acaparar tierras, al punto que en 1960 poseían más del 70 % de las tierras cultivables, siendo apenas el 5 % de la población. Por esa época cobró auge el proceso descolonizador. Zambia y Malawi se independizaron en 1964 y al año siguiente se inició la lucha armada por la independencia de Zimbabwe liderada por el ZANU (Unión Nacional, de Robert Mugabe) y el ZAPU (Unión Popular, de Joshua Nkomo).

Estos tres países, conjuntamente con Mozambique, Angola y Bostwana constituyeron la «Línea del Frente» para luchar contra la injerencia del régimen racista sudafricano de Ian Smith, enemigo de la independencia.

La presión guerrillera se intensificó en los campos de batalla. El gobierno británico aceptó supervisar elecciones libres en febrero de 1980, que dieron un triunfo arrollador a Mugabe. Entonces se firmaron los acuerdos de Lancaster House, el 18 de abril de 1980, por el cual se transfería el poder a Mugabe pero manteniendo una serie de privilegios económicos y políticos para los blancos.

En particular se prohibía que sus haciendas fueran expropiadas.

El gobierno inglés se comprometió a participar en el proceso de indemnización de estos colonos, que según se estimó insumiría dos mil millones de dólares.

El conflicto actual

Aquí anida el antecedente más próximo de la conflictiva situación actual, porque de esas promesas Inglaterra no cumplió prácticamente nada. Fueron desembolsados apenas 70 millones. Ya en aquella época, en 1980, los campesinos negros empezaron a presionar, clamando por una profunda reforma agraria, consustancial con la independencia del país, y la eliminación de las restricciones impuestas en los acuerdos de Lancaster House.

Hoy como ayer, el canciller Robin Cook promete «un diálogo serio» y el suministro de recursos. Pero hasta ahora no parecen dispuestos a aflojar los cordones de la bolsa.

También en la cumbre entre la Unión Europea y Africa realizada en El Cairo el 3 y 4 de abril se habló de condonar la deuda africana y de restituir los bienes saqueados a lo largo de la sangrienta historia colonizadora. Pero fueron puras palabras que se llevó el viento. Pretenden seguir manteniendo a los africanos a cuentos, sin reconocer que la época de la dominación colonial ya pasó.

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