Escrito por: Philip Pullella - Ciudad del Vaticano, Reuters

Una multitud de más de 100.000 personas se congregó en la Plaza de San Pedro y en las calles aledanas, para asistir a la misa de Domingo de Resurrección que ofició el Papa, para culminar asà una agitada Semana Santa de actividades litúrgicas que pusieron a prueba su resistencia.
Varios millones de personas en 60 paÃses vieron por televisión en directo el mensaje del pontÃfice.
“Senor Jesús, nuestra paz, el verbo que se hizo carne hace 2000 anos, que al resucitar de entre los muertos ha derrotado el mal y el pecado, dale a la familia humana del tercer milenio una paz justa y duradera”, dijo el PontÃfice.
Juan Pablo II, quien cumplirá 80 anos en mayo, parecÃa cansado por momentos mientras encabezaba las plegarias de los 1.000 millones de católicos del mundo en la vigésima segunda Pascua de su Pontificado.
La voz le temblaba un poco y a veces parecÃa que le faltara el aire.
Jean-Marie Lustiger, el cardenal-arzobispo de ParÃs, dijo a una publicación francesa ayer que Juan Pablo II padecÃa de una parálisis progresiva que lo está convirtiendo en prisionero en su propio cuerpo.
“Se sabe que su enfermedad lo está llevando a una parálisis progresiva del cuerpo, pero sus facultades espirituales siguen intactas”, dijo Lustiger en citas publicadas por Le Journal du Dimanche.
Sin embargo, el clérigo descartó conjeturas recientes de que Juan Pablo II podrÃa ser el primer pontÃfice en abdicar voluntariamente en más de 700 anos.
El mensaje “Urbi et Orbi” de este ano fue significativo porque es el primero del nuevo milenio y el primero después del histórico viaje del Papa a Tierra Santa, donde oró en el lugar que la Biblia marca como el sitio donde Jesús resucitó. Juan Pablo II, con resplandecientes vestiduras doradas, habló desde un altar colocado sobre una plataforma y adornado con 50.000 mil flores, y dijo que la alegrÃa de la resurrección debe mostrar nuevos caminos de esperanza.En su mensaje, el PontÃfice oró por una “feliz solución” a las difÃciles conversaciones de paz para tratar de poner fin a los conflictos en América Latina, Oriente Medio, Asia y partes de Europa.
“Ayuda a las naciones a superar las nuevas y viejas rivalidades rechazando toda actitud de racismo y xenofobia”, pidió Juan Pablo II a Dios.
La multitud en la plaza, que estaba decorada con árboles de olivo como sÃmbolo de paz, fue mucho mayor este ano debido a la presencia de peregrinos de todo el mundo que viajaron a Roma para participar en las celebraciones del ano 2000, proclamado como Ano Santo por Juan Pablo II.
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