Del Partido Comunista a la Tercera Vía
El primer ex comunista en llegar al poder en Italia, Massimo D’Alema, 50 años, quien renunció este miércoles de manera irrevocable tras 18 meses de gobierno y dos dimisiones, deja su cargo después de una dura derrota electoral que lo afectó tanto política como personalmente.
D’Alema, nacido en Roma, pero elegido siempre en Pullas (sudeste de Italia), formó su primer gobierno a mediados de octubre de 1998, gracias al apoyo de un grupo de nueve partido disímiles, que incluía desde centristas y demócrata cristianos hasta comunistas.
En diciembre del año pasado D’Alema tiró la toalla y presentó su renuncia, cansado por los litigios en el seno de la coalición de gobierno, que lo acusaba por la derrota en las elecciones europeas de 1999, lo que puso en cuestión su liderazgo.
Massimo D’Alema había protagonizado a inicios de los años 90 la transformación definitiva del otroro poderoso Partido Comunista Italiano en una formación socialdemócrata, que rompía definitivamente con el marxismo.
Nacido el 20 de abril de 1949, hijo de un dirigente comunista, Giuseppe D’Alema, hizo una carrera brillante dentro del partido, empezando como «pionero» en 1962, hasta impulsar su disolución en 1991.
Como número dos del partido, fue fundador, junto con Achille Occhetto, del Partido Democrático de la Izquierda (PDS), que en febrero de 1998 se transformó en Democráticos de Izquierda (DS), una fuerza que agrupa no sólo a ex comunistas sino también a las corrientes de izquierda no comunistas, bajo los auspicios del inglés Tony Blair y el francés Jacques Delors.
Buen orador, D’Alema junto con Romano Prodi, su predecesor al gobierno, fueron los artífices del éxito de la izquierda en las elecciones legislativas de abril de 1996, gracias a alianzas amplias con sectores de centro aunque mateniendo siempre como eje clave a DS.
Convencido sostenedor de una Europa unida, se lanzó a nivel internacional, multiplicando sus viajes al exterior, no sólo a Europa y Estados Unidos, sino también a América Latina, en particular al Cono Sur.
Como primer ministro prometió siempre a los familiares de los desaparecidos argentinos de origen italiano, que el Estado italiano se comprometería como parte querellante en un eventual juicio contra militares argentinos, lo que mantuvo en el juicio que se inició en Roma en octubre pasado contra siete militares argentinos. En setiembre de 1998 apoyó al laborista Tony Blair, impulsador de la «Tercera Vía» (entre socialismo y liberalismo), en un proyecto de acercamiento entre el socialismo europeo y los democráticos estadounidenses del presidente Bill Clinton.
En noviembre pasado organizó en Florencia la cumbre de los «líderes progresistas» occidentales, a la que invitó al presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. Hombre de inteligencia aguda, D’Alema supo navegar con habilidad durante la guerra del Kosovo, apoyando a la OTAN a pesar de las críticas de su mayoría, y en el caso del líder independentista kurdo, Abdulá Ocalan, cuando se refugió en Italia a finales de 1998.
Formado en la prestigiosa Escuela Normal de Pisa, al norte de Italia, D’Alema logró transformar su imagen, presentándose como un líder de izquierda moderno, abierto inclusive al Vaticano y a los demócratas cristianos.
Un recorrido que no fue apreciado por su electorado, que lo desautorizó el domingo pasado, cuando la derecha conquistó 8 de las 15 regiones en que se votó.
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