Cayó D´Alema luego de 18 meses en el gobierno
La derecha italiana, que venció el domingo en las elecciones regionales, conquistando ocho de las quince regiones donde se votó, provocó la caída del gobierno de D’Alema.
El lunes pasado, el jefe de gobierno había presentado su primera dimisión ante el presidente de la República, quien la rechazó, solicitándole que informara al Parlamento, lo cual fue hecho este miércoles.
Carlo Azeglio Ciampi, que aceptó su renuncia, abrirá el jueves un período de consultas con los grupos parlamentarios y los ex presidentes de la República con el fin de encontrar un sucesor, según lo determina el sistema parlamentario italiano.
En el caso de que Ciampi decida que la coalición de centro izquierda tiene mayoría suficiente, podría encargar la formación de un nuevo gobierno entre el jueves o viernes. Mientras tanto D’Alema se ocupará de los asuntos corrientes.
Las grandes reformas programadas por el líder ex comunista, como la modificación de la Ley Electoral y la modernización del sistema de protección social, quedaron ahora suspendidas tras su renuncia irrevocable de este miércoles.
Una de las reformas más importantes iniciadas por el gobierno de centro izquierda, la defiscalización del Mezzogiorno, la región más pobre de Italia, al sur de la península, se quedó en el tintero.
La ley proponía una serie de concesiones y créditos a los empresarios que invierten en esas zonas, lo que podría quedar empantanado en los corredores del Parlamento.
En marzo de 1999, el gobierno había adoptado una ley de corte federalista que otorgaba una fuerte autonomía a las regiones y a los presidentes de las regiones, convirtiéndolos en verdaderos «gobernadores» de «regiones-Estado», con fuertes poderes.
Una revisión del sistema educativo, desde los exámenes en la escuela secundaria hasta el sistema de evaluación del cuerpo de enseñanza, despertó tímidos entusiasmos y fuertes críticas.
Otra ley, que otorgaba fondos públicos a las escuelas privadas, en su mayoría católicas, suscitó malestar entre los laicos y no dejó a nadie contento.
La ley que prohíbe la publicidad política a través de las cadenas de televisión fue criticada por la oposición de derecha, sobre todo por el magnate de las comunicaciones y ex primer ministro Silvio Berlusconi, que lo acusó de censurar la libertad de expresión.
Desde el punto de vista económico, D’Alema siguió el camino trazado por su predecesor, Romano Prodi, quien impulsó las privatizaciones y preparó la entrada de Italia al grupo de países fundadores del «euro», a la par de las demás naciones industrializadas de Europa. El crecimiento de Italia en 1999 fue de 1,4% y se estima que seguirá aumentando en los próximos dos años. El crecimiento para 2000 fue calculado en un 3%.
El déficit público llegó a 1,9% con relación al Producto Interno Bruto (PIB), el mejor en los últimos 40 años. La tasa de desempleo sigue siendo alta, 11,1% en 1999, y aumentó de un 1% con respecto al año pasado.
D’Alema esperaba crear un millón de empleos antes de que concluyera la legislatura en abril de 2001. Se va ahora dejando un buen resultado: fueron creados 800.000 empleos.
El primer ministro saliente fracasó asimismo en su proyecto de disminuir los impuestos, caballo de batalla de la derecha empresarial.
En 1999, la presión fiscal aumentó de 43% a 43,3%, mientras la inflación acosa en forma preocupante.
Los precios subieron de 2,4% en los últimos doce meses, mientras el año anterior subieron de 1,7%. El promedio europeo es de 1,1%.
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