En Bahía de Cochinos, Cuba, cuando las milicias populares derrotaron a los mercenarios invasores

El intento de derrocar al gobierno revolucionario cubano terminó en un estrepitoso fracaso a tres días de iniciado.

El presidente Kennedy, que asumió hace pocos meses, heredó de la administración Eisenhower el proyecto de derrocar el régimen de Fidel Castro –que parece inclinarse cada vez más hacia el bloque socialista– para lo cual contó con la decidida colaboración de ex funcionarios del gobierno de Batista exiliados en Estados Unidos.

El desembarco de elementos contrarrevolucionarios –reclutados y entrenados por la CIA en la Florida y en Guatemala–en Bahía de Cochinos no pudo lograr sus objetivos en razón de la rápida y eficaz respuesta del Ejército cubano.

Una excelente tarea de los servicios de inteligencia, que informaron hasta del lugar exacto donde se produciría el desembarco, permitió que el Estado Mayor dispusiera sus tropas, tanques y baterías de manera de contrarrestar el ataque. Así fue que los invasores se encontraron, al desembarcar, con un recibimiento que no esperaban: en lugar de la bienvenida del pueblo, se encontraron con un nutrido fuego que provocó una desbandada. Abandonando armas y pertrechos, algunos pudieron escapar y refugiarse en la sierra del Escambray. Muchos fueron hechos prisioneros y otros cayeron bajo las ráfagas disparadas por aviones que pasaban en vuelo rasante, piloteados –según se comenta aquí– por aviadores checos.

Kennedy pretende aparecer ahora como ignorando el hecho, pero los propios organizadores de la fracasada invasión se quejan de no haber recibido un apoyo más decidido del gobierno estadounidense. Según analistas, este episodio típico de la guerra fría traerá aparejada una enérgica respuesta del premier Jrusschev, quien ya estaría estudiando la posiblidad de instalar misiles defensivos en la isla.

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